Publicado el miércoles 12 de marzo de 2008 a las 16:29 || Permalink

Rajoy tiene el control

Si Rajoy no se meó sobre la lápida del Zetaungido tras propinarle un barrido de hostias, sacudirlo por las solapas y reducirlo a un espantajo de huesos partidos durante los dos debates manipulados por Campo Vidal y la abyecta Olga Viza en el pasado periodo electoral, se debió a que Rajoy es un tipo elegante. Cualquier otro candidato menos pulcro que el hierático gallego habría dado el salto del tigre sobre la mesa de debates y le habría hundido la puntera de la bota en el vacuo cráneo presidencial a su flácido contrincante. Pero Rajoy es Rajoy, un tipo con clase.

Lo interesante de aquellos debates, y lo que más firmemente ha quedado impreso en mi memoria, fueron las fervientes reacciones favorables que experimentó el venerado Federico Jiménez Losantos, y que lo llevaron a cantar más de un par de alabanzas ateas al candidato popular a la presidencia. Recuerdo muy bien que una de las frases pronunciadas, más o menos literalmente, por Losantos, fue que Rajoy se había afianzado dentro de su partido y que podría domeñar las riendas del PP tanto si salía embozado en la corona de laureles tras las presidenciales, como si se la arrebataba el chimpancé leonés.

Sin embargo, en ocasiones Fede Losantos, por quien por lo demás siento una gran simpatía, se exhibe tan veleidoso como una adolescente ligera de cascos, y ese espectáculo raramente resulta agradable. Como no lo resultó la malsana discusión que tuvo lugar ayer por la mañana en los estudios estrella de la Cadena COPE, Tomás Cuesta, Pedro J. Ramirez y el propio Losantos contra el director de La Razón, estrechamente vinculado a Rajoy, Paco Maruhenda. De ciento ochenta grados, radical y total, fue el giro que mostró el Turolense de oro en su posición respecto a Rajoy: si pocos días antes sostenía que éste tenía todo el derecho (y casi la obligación) a mantenerse al mando del PP aun si perdía las elecciones, ahora a Losantos el asunto le hace pupa y solo le falta sacar a los perros rabiosos para que le muerdan la rabadilla a Mariano Rajoy. Un tema bastante feo.

A veces tengo la sensación de que determinados líderes mediáticos se han arrogado una inquebrantable autoridad moral que no les corresponde. En ocasiones, Federico Jiménez Losantos causa la impresión de un majarajá apoltronado en su imperial asiento moviendo los hilos desde las alturas y dirigiendo los destinos de sus súbditos con la convicción maternal de una abeja reina.

En fin, Mariano Rajoy debe seguir. Aunque estoy de acuerdo en que Esperanza Aguirre sería --será, en un futuro-- la candidata perfecta a la presidencia del Gobierno, la recámara política española conserva un cartucho favorable al enigmático gallego. Por otro lado, debo decir que el argumento de que Rajoy ha perdido dos elecciones no parece lo bastante consistente como para adoptar la decisión de quién ostentará la candidatura presidencial de un partido. A fin de cuentas, me he pasado los últimos cuatro años cuestionando la legitimidad de los comicios dinamitados y manipulados de 2004, de modo que, por lo que a mí respecta, Rajoy ha sido honrosamente derrotado tan sólo en una ocasión, y eso sin contar que las papeletas le eran poco propicias. Da igual lo feas que se hayan puesto las cosas en el panorama político español: la información y la inercia siguen jugando un papel relevante en la vida política nacional. La información, porque los medios de comunicación de masas son no únicamente favorables al Zetapetas, sino ostensiblemente hostiles a Rajoy. Por otro lado, España no se ha librado todavía de la inercia ideológica que confiere al PSOE todas aquellas cualidades cristianas de las que de hecho carece, y condena mientras tanto al PP a la fosa séptica de los herederos del franquismo. Factores que debería tener presente la jerarquía popular, desde luego, pero que asimismo habría de diseminarse de una vez por todas por entre el electorado conservador, que, a la vista de las reacciones suscitadas por la decisión marianesca de permanecer en el puesto que legítimamente le corresponde, también lo necesita.

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Publicado el viernes 2 de noviembre de 2007 a las 12:32 || Permalink

Flexionando los dedos

Creo que hoy es el día de los muertos vivientes o algo parecido, y eso muy bien podría explicar el temblor de mis piernas y el profundo horror instalado en mi estómago. A la espera de que los comunistas fallecidos durante las últimas décadas levanten sus lápidas y regresen de ultratumba para tomarse su propia venganza, al margen de la ley de la Memoria Histérica y todo lo demás, permitidme que le dedique unas pocas líneas sintéticas a los asuntos que habría tratado durante las dos últimas semanas de no haberme mantenido al margen de mi blog y, a decir verdad, de todos los blogs.

Lady Vorzheva me memeó encima con uno de esos ominosos virus psicológicos que consisten en responder alguna cuestión por lo demás completamente irrelevante. Me encuentro en el incómodo compromiso de explicar por qué asumo la temeridad de escribir un blog, pero la verdad es que no conozco ninguna razón que justifique semejante acto de arrogancia. Ni siquiera estoy seguro de que me guste escribir un blog, y tampoco es que considere leerlos el no va más del placer cotidiano. Quiero decir que prefiero los mejillones a los blogs, y las gambas a los mejillones, y unas vacaciones lejos de aquí a las gambas, y un coche deportivo a las vacaciones, y una primorosa casita de estilos colonial, tudor o modernista al automóvil. Así hasta el infinito. Si alguno de mis improbables lectores desea incorporarse a esta cadena bloguera monomaníaca, que lo haga por su propia voluntad.

Por cierto que antes de ayer por la mañana Míster Proper leyó con voz temblorosa la sentencia del juicio por los crímenes del 11M. Todos seguimos manteniendo férreamente los posturas que sostuvimos durante la instrucción primero y el juicio después.

No recuerdo si fue ayer o esta misma mañana cuando tuve noticia del enojo de nuestros vecinos marrocoquíes a causa de la prevista próxima visita de Sus Majestades los Yeyés a Ceuta y Melilla. Será como sentarse desnudo a tomar el sol en el jardín trasero de nuestras casas mientras los perros de la calle ladran, babean y se mueren por hincarnos el diente. Con un poco de suerte, de mordernos ya se ocupan otros.

Por otro lado, no sería justo terminar esta entrada sin dedicar un caritativo recuerdo amoroso a María Antonia Iglesias, quien acusa a la Madre de Occidente de ostentar una obscena falta de misericordia al beatificar a la que ella considera una parte política de las persecuciones religiosas ocurridas en España cuando las peras crecían de los melocotoneros. No obstante, la Iglesias tuvo la bondad de informarnos de que rezará por los beatificados si es necesario, oferta que, además de poco seductora, carece de mucho sentido: más valdría orar por quienes, no habiendo muerto por Cristo, sino contra Cristo, no tienen reservado un asiento de lujo en las proximidades del Padre. Pero, ah, amigo mío, el truco de la Mari surtió efecto: ahora todos estamos al corriente de que es una mujer piadosa. (Que no lo es.)

(Interludio: tengo la puerta de al lado abierta y el aire helado me ha dejado insensibilizado el brazo izquierdo. ¡Mientras conserve sano el derecho, seguiré machacando comunistas!)

Hablando de televisión, me viene a la cabeza la publicidad nocturna de La Sexta, que tuve ocasión de contemplar (con cara de pasmo) mientras cenaba muy tarde hace varios días. Hemos cruzado el límite de la procacidad situado entre los antirreumatoides derivados de alguna hierba exótica y completamente inútil, a los alargadores de pene por tracción, que consiste en un armatoste sadomaso que te hace clic en el Poderoso y, uuuuuuAP!!!, empieza a tirar supongo que hasta que la cosa crece o se fractura, en cuyo caso ha llegado el momento de plantearse sumarse a las misiones o adoptar el rol homosexual más complaciente y pasivote.

En fin, la televisión sigue siendo lo que fue siempre: una auténtica bazofia. Lo mismo que este blog, pero en el extremo opuesto. Nos vemos.

Publicado el lunes 22 de octubre de 2007 a las 13:54 || Permalink

El Rey, Zetanada y Jiménez Losantos

No sería descabellado pensar que este fin de semana la poderosa cola de un terrible dragón ha derribado un tercio de las estrellas del cielo, y que profundas convulsiones subterráneas han sacudido la superficie terrestre. Ya se trate del Apocalipsis desencadenado por la decadencia de Occidente, ya se trate de los gruñidos estomacales del siempre hambriento de poder presidente Rodríguez Zetanada, resulta difícil resistir la tentación de dedicarle al menos un breve post al asunto que estos días le ha helado la sangre a más de uno. Supongo que a estas alturas todo el mundo está ya al corriente de la supuesta conversación que el Rey y Esperanza Aguirre habrían mantenido durante el almuerzo–celebración del día de la Hispanidad. Según publicó El País en su edición del domingo, la charla de las altas dignidades derivó en una áspera discusión sobre Federico Jiménez Losantos, quien hace pocas semanas sugirió al Rey la conveniencia de abdicar a favor de su hijo y cuestionó el compromiso del Monarca con la Unidad de España.

Yo me sentí muy estimulado por la posibilidad de que esa conversación hubiera tenido lugar realmente en el modo en que fue transcrita por El País --especializado últimamente en desvelar conversaciones privadas, Aznar y Bush lo atestiguan--, y la expectativa por la respuesta de Losantos estaba a punto de volverme loco. En fin, he escuchado lo que Losantos tenía que decir esta mañana en la COPE, y debo reconocer que ha reaccionado con enorme buen juicio. Las cosas se han puesto muy feas, incluso para él, y posiblemente ha llegado a la conclusión de que de momento conviene reducir la marcha. Losantos adoptó hace tiempo una actitud extremadamente dura --y en algunos sentidos temeraria e irresponsable-- con respecto a la Corona, pero aflojó la presión pocos días atrás cuando se retractó, quizá innecesariamente, de su petición de abdicación real. La postura de la Iglesia, propietaria de la COPE, había sido manifestada con rotundidad en favor del Monarca. Fue un movimiento oportuno de parte de la jerarquía eclesiástica, y Losantos comprendió tanto este mensaje como todos los demás mensajes que pasaban silbando junto a sus oídos.

La estrella de la COPE ha realizado algunas objeciones sobre supuesta exclusiva de El País, poniendo en duda que la conversación se hubiera producido tal y como la entrecomilló el lánguido Ernesto Ekaizer, y ha desviado ostensiblemente la atención de la Zarzuela para situar el foco sobre el palacio presidencial. La tesis del turolense con más carácter que han conocido los tiempos consiste en que todo este asunto no es más que un intento del círculo del presidente de desviar la atención de lo que realmente importa, la amenaza de disgregación nacional, y en cierto sentido lleva razón, en la medida en que Losantos es parte interesada en el negocio de España.

Al parecer la presidenta de la comunidad de Madrid expresó a Su Majestad el deseo de que las cosas se recondujeran en la dirección más adecuada para todos, y añadió que el arrebatar el micrófono a un periodista sería lo peor que podía suceder. Se trata de una idea bastante convencional, así que no la discutiré desde el punto de vista moral. Lo que me interesa es que Federico Jiménez Losantos no es periodista: ni estudio la carrera, cosa irrelevante, ni la ejerce.

El filólogo y escritor no se limita a transmitir noticias, y tampoco interpreta el papel de vocero de las convicciones políticas de parte de la sociedad española: él se ha convertido en un auténtico pivote, una referencia que crea opinión, empuja las conciencias y alienta movimientos sociales tan sorprendentes e inesperados como las profusas manifestaciones conservadoras que han tenido lugar durante la presente legislatura.

Creo de veras que acallar a Jiménez Losantos constituye una prioridad estratégica para los izquierdistas españoles, aunque en términos objetivos Losantos no constituye un obstáculo insalvable, como demuestra la evidencia. Sin embargo, no es menos cierto que él ha organizado parte del movimiento de derechas y ha animado un nuevo y hasta el momento desconocido orgullo por los valores tradicionales: unidad nacional, libertades individuales, comercio libre y un cierto conservadurismo católico.

Pero discutir todas estas cuestiones no tiene demasiado sentido en este momento, no mientras no sepamos si la escena del almuerzo sucedió tal y como fue descrita por El País. Por otro lado, resulta sumamente interesante la cuestión de quién filtró la conversación: había suficientes comensales sentados a la mesa como para que podamos divertirnos especulando. Su Majestad el Rey haría bien en sacar conclusiones de este desagradable episodio y de otros episodios acontecidos durantes los tiempos pasados, y sería magnífico si comprendiera de una vez que el compromiso de la derecha con la Monarquía no es tan inquebrantable como muchos sostienen. Incluso para los que estamos persuadidos de que si la Corona cae, cae España, entraña una enorme dificultad practicar juegos malabares para compatibilizar la lealtad a la Monarquía con la lealtad a la Nación. La trampa reside en que no habría de existir ninguna diferencia entre esos dos elementos, y si en este momento hemos de enfrentarnos a ella, se debe a que Alguien no ha hecho Sus deberes. Por una vez, las mayúsculas no están reservadas a Dios.

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Parafraseando: que la Iglesia rece menos por mí y se encargue de Losantos. Un argumento bastante sobado últimamente en boca de los periodistas progres, pero desafortunado en labios del Rey. Irónicamente, la Iglesia conforma otra de las tradiciones estructurales de España; Su Majestad tendría que esforzarse en conservar una buena relación con ella. Tienen mucho en común, pero a diferencia de la Madre de Occidente, el monarca no cuenta con un Aliado capaz de destruir ciudades y crear universos.

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Publicado el viernes 19 de octubre de 2007 a las 11:31 || Permalink

PornoZeta

Cuando Javier Reverte, célebre escritor y viajero español, respondió a la pregunta del periodista que lo único bueno de Mariano Rajoy era que mantendría a la derecha alejada del poder, la oronda señora entendió que oportunidades como aquélla se presentan sólo una vez en la vida, y se lanzó a una desenfrenada descripción apologética del presidente Zapatero. Le atribuía una gran «categoría humana», que es un modo bastante común de diferenciar a los verdaderos humanos, de los cuales Zapatero es el perfecto exponente, de los humanos–caimán, humanos–cebra, humanos–cabra, humanos–abejorro, es decir, de los humanos–animal. La ventaja de esta dicotomía semántica radica en que los segundos, dada su naturaleza primitiva, han de aspirar tan solo a una cantidad limitada de derechos, y si se exceden con su actitud y sus exigencias, pues nada, se les desangra y devora en la gran matanza anual del humano–cerdo.

Supongo que el autocomplaciente vídeo promocional que la prestigiosa agencia publicitaria Señora Rushmore elaboró para el PSOE tiene por objeto recuperar la atención y el aprecio político de señoras y señores como aquélla que se complacía con evidente lubricidad frente a Javier Retroceda la Derecha Reverte.

En fin, el vídeo es tonto, simpaticote de una manera aparentemente inofensiva. Pero resulta rastrero por las falsedades que contiene, por su mezquino propósito de proyectar una imagen de Zapatero que poco o nada tiene que ver con el Zapatero real. Incluso las tácticas políticas, usualmente exentas de límites morales, están sometidas a las fronteras de la ética: a partir de cierto punto, la mentira multiplica exponencialmente su mezquindad. Zapatero se ha multiplicado por infinito, y el resultado de la operación es un pozo sin fondo de deseo de retener el poder, de desprecio a una sociedad a la que miente con una impiedad bíblica, de impúdica hipocresía.

Durante las últimas elecciones, justo antes de que los brutales ataques terroristas del 11M impulsaran una infame campaña mediática para destronar al Partido Popular y entregar la Moncloa y sus prebendas al PSOE y a los cuervos que gravitan a su alrededor, se nos ofreció un candidato flácido y engañoso, un rostro verdaderamente singular apoyado sobre dos siglas: ZP. Zapatero comenzó siendo una estrategia de marketing que parecía más apropiada para promocionar unas zapatillas deportivas que para dar a conocer a un candidato a la presidencia del gobierno.

Por un euro: palabras que empiezan con "z".

Casi cuatro años después, a Zapatero le liman la «P» y lo reducen a una zeta jocosa e irritante. Z ya no es un político, sino una letra, una marca comercial resonante y juguetona. Distribuyen un vídeo en el que Zetanada se sonríe de sí mismo y parece abordar la vida con confianza y desenfado. Resulta muy curioso su empeño en hablar de una «España democrática», como si existiese otra. Me pregunto si no tratará de mantener fresco ese asunto que le impide conciliar el sueño por las noches, la Guerra Civil, la dictadura franquista, la reconciliación... y finalmente la vuelta a los orígenes. Pero no debe de irle tan mal, cuando sus secuaces y votantes han interiorizado el discurso y vuelven a insistir tontamente, una y otra vez, en las condenas al franquismo, en la Guerra Civil, en la Ley de la Memoria Histórica y en todas esas sandeces producidas por una ostensible perturbación mental.

El exhibicionismo del ego de Z en el vídeo de Z tiene las mismas cualidades que una película porno. Clasificado Z, el ñoño clip de Z exhibe la misma decadencia, la misma ausencia ética que una peli guarra. El problema, claro, es que Z ocupa la MonZloa.

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La obscena exposición en el museo Guggenheim de Bilbao, que los responsables de la institución defendieron en una rueda de prensa casi tan procaz como las propias fotografías y sus títulos, trajo a mi memoria aquel otro festival ofensivo para la dignidad humana que tuvo lugar en Ibiza bajo los auspicios de Sandra Conversaciones Privadas Mayans, el show del porno religioso. Sigo creyendo que la palabra «arte» se utiliza con excesiva prodigalidad.

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Hace una buena temporada me propuse escribir un par de entradas sobre celebridades conservadoras. Tras descubrir el magnífico blog Gente Contra Corriente gracias a un soplo del propio autor, creo que ya no existe necesidad de ofrecer mi versión de los hechos.

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Publicado el jueves 18 de octubre de 2007 a las 9:09 || Permalink

Opresión estatalista y los tres terrores

Alguien me dijo en cierta ocasión que el riesgo de educar a un niño residía en el hecho de que estos son como adultos pequeñitos, lo cual constituye una contradicción en los términos. Los niños son eso, niños, y no deberíamos esperar de ellos más de lo que nos dicta el sentido común; si optamos por pasarnos por el forro la evidencia y empezamos a tratarlos según nuestras teorías psicológicas, es probable que obtengamos resultados muy poco alentadores. Recuerdo cierta escena sucedida en la puerta de un conocido bar del ambiente sevillano. Ocupábamos una de las mesas desplegadas sobre la acera una pareja de lesbianas con las que yo tenía una relación más o menos correcta, una amiga suya, madre de un crío de unos siete años, y yo. En cierto momento nos quedamos solos la madre y este servidor, y ella, a quien la embriaguez le había soltado la lengua, empezó a explicarme el método que empleaba para educar a su hijo, un niño rubito y delgaducho que no dejaba de alborotar y correr de un lado para otro. La mujer me habló en tono monocorde de la escuela de Summerhill, cuya doctrina consiste más o menos en educar a los muchachos con suma liberalidad, y de cómo ella trataba de que su hijo exteriorizara lo que llevaba dentro, en cierto modo que se educara a sí mismo. Sin reparar en la pobre imagen que proyectaba, pedante, borracha y aburrida, la mujer cayó en los mismos comprensibles errores que cometen todas las madres: que si su hijo era especial, que sí, que esto lo decimos todas, pero que en mi caso es verdad, etc. Yo hice de tripas corazón y me limité a escuchar su perorata mientras me esforzaba en no bostezar y en no consultar la hora más de lo que el buen gusto aconsejaba. Entretanto la señora, de aspecto bastante triste, como una de esas deprimentes profesoras de sociología que de vez en cuando entran en nuestra vida y que siempre se lamentan de lo mal que va el mundo, me retenía, su hijo corría hacia aquí y hacia allá hasta que él y el coche que estuvo a punto de atropellarlo se detuvieron en seco y todos los presentes, con excepción de su madre, dimos un respingo con el corazón desbocado.

Debe de ser bastante sencillo convertir a un niño pequeño en un desgraciado y en el tipo de adulto disfuncional con el que nadie querría compartir la oficina y menos aún la vida. He pensado en este asunto hace un rato mientras leía la noticia de que, en la opresiva Noruega, algunos profesionales desean que los pequeños puedan manifestar abiertamente su sexualidad, masturbarse en el jardín de infancia y demás. Es el tipo de falaz teoría liberal con la que los profesionales más necios se sienten revolucionarios y que los políticos apoyan con la idea de hacer mella en la historia. ¿Quién sabe? Puede que lo próximo sea que los adultos ayuden a los menores a conocer y disfrutar de su cuerpo. Eso lo explicaría todo.

A propósito, he pasado un buen rato buscando cierto artículo sobre la vida cotidiana en Noruega que leí hace varios meses. El autor enumeraba muy juiciosamente los motivos por los que a Noruega puede considerársele cualquier cosa menos un estado de ciudadanos libres, pues apenas si existe parcela de la vida en la que Madre Burocracia no meta las narices. Sin embargo, me temo que no he dado con el texto.

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Mientras realizaba el último esfuerzo de encontrar el mencionado artículo fui a parar al sitio web de un periódico alemán que publica sus noticias en múltiples idiomas. He leído algunas cosas curiosas sobre las que ya tenía noticia, claro, pero está bien refrescarse la memoria. Por ejemplo, me divirtió echarle el ojo a una especie de ranking desorganizado de los monarcas europeos con mayores fortunas --a Don Juan Carlos se le atribuyen mil setecientos millones de euros--, y también fue interesante votar en una encuesta sobre la utilidad de la monarquía española, que en conjunto sale bastante bien parada.

Con todo, mi texto favorito fue el siguiente: La caída de la muy rubia y obstinada Eva Herman, una locutora que quiso salvar los “valores morales”, en el que el autor, en un tono situado entre la arrogancia y el sarcasmo, describe la caída en desgracia de una célebre periodista alemana que ha cometido el error de mencionar que incluso los nazis hicieron cosas buenas. Estaría bien conocer todos los detalles antes de sacar conclusiones que luego podrían revelarse equivocadas, pero la cosa es que en Alemania la infamia de Hitler sigue pesando lo suyo. No me malinterpretéis, se trata de una reacción histórica comprensible. Hace días pasé un rato leyendo entradas de la Wikipedia sobre diferentes autoridades del nazismo, y muchas de las historias me hicieron pensar que el Demonio asistió en persona a los campos de concentración, a los quirófanos donde se practicaban los terribles experimentos y a todo demás. Me heló la sangre. Dicho sea de paso, la autora norteamericana Donna Leon hizo alusión a este asunto, el de la «memoria histórica» alemana ,en su libro Muerte en la Fenice, novela que lamentablemente aprovechó para desarrollar la tesis de que el conservadurismo y la hipocresía son dos caras de una misma moneda.

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También los españoles tenemos nuestros propios conflictos con la historia, aunque al menos en Alemania han identificado al enemigo, lo cual es una verdadera suerte y ciertamente les evita muchísimos problemas. Me temo que aquí las cosas no están tan claras, pese a lo que los perdedores de la Guerra Civil, maestros de la propaganda, nos hicieron creer durante décadas. Pero no es de eso sobre lo que quería escribir para terminar este post, sino del programa de Televisión Española Tengo una pregunta para usted. Las únicas imágenes del mismo que he visto han sido los clips que pasaron ayer a mediodía en el debate de Concha Socialista Campoy en la CUATRO, y en las que se observaba a un José Luis Carod–Rovira terriblemente enfurruñado porque dos ciudadanos se habían dirigido a él por su nombre en español, José Luis, en lugar de por su versión catalana, Josep–Lluís. Carod enfatizó que su nombre era el mismo aquí y en la China popular (República Popular China, se entiende). Pero claro, China no es España, a diferencia de Cataluña, que sí lo es.

José Luis Carod Rovira.

Yo no tendría inconveniente en satisfacer sus preferencias y llamarlo Josep–Lluís si no fuera porque no tiene ningún derecho a exigírmelo. Él no respeta el español en la región catalana. Él no respeta a España. Él no respeta nuestras instituciones, no respeta que eso de tomarse cafés con terroristas es un gesto terriblemente sucio. Así que, justamente él, José Luis Carod Rovira, no tiene legitimidad para impartir lecciones ni de respeto ni de historia --300 años de imposición del español, decía teatralmente--. Así que vamos a dejarlo así, José Luis.

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Publicado el miércoles 17 de octubre de 2007 a las 13:34 || Permalink

Las fronteras

Que no soy un tipo guay, cool, enrollado ni moderno lo demuestra el hecho de que me chiflan las fronteras, creo que existen naciones diferenciadas, civilizaciones superiores y culturas tan retrasadas que apenas hay modo de diferenciarlas de una familia de cocodrilos sumergidos en un pantano. También me molan las banderas, por lo menos algunas de ellas: la española me emociona y la americana me causa una profunda nostalgia. Dicho sea de paso, la bandera europea, con sus estrellitas dibujando un círculo sobre fondo azul, sería bastante útil como mantelillo en una fiesta de cumpleaños repleta de ese tipo de niños malcriados incapaces de meterse una cucharada de tarta en la boca sin arrojar la mitad sobre la mesa. Una bandera europea sucia es una bandera europea verosímil. La verdad es que de adolescente me consideraba un europeísta fervoroso, supongo que porque no sabía que ese compromiso comportaba una especie de adhesión a la masonería, al anticristianismo y al desprecio a las propias tradiciones, como todos sabemos a estas alturas. Por aquella época yo solía pensar que la Europa actual era la misma Europa de la Cruz, los caballeros, los cruzados y la avanzadilla cultural mundial de los siglos pasados, pero resulta obvio que estaba cometiendo un grave error. En el mejor de los casos, Europa no es nada; en el peor, se trata de una ciénaga de corrupción y decadencia.

Recuerdo cierta noche de hace varios años que pasé navegando por Internet. No sé muy bien de qué forma terminé con una página fascista mejicana cargada en mi navegador. La página en cuestión tenía uno de esos insufribles diseños oscuros tan difíciles de leer, con símbolos que parecían deformaciones fetales de la esvástica y mensajes pseudo–solemnes que causaban simultáneamente repulsión, vergüenza ajena y un intenso desprecio. El autor lanzaba una incendiaria y estúpida monserga sobre la superioridad de la civilización mejicana, teoría que en su momento me sonó tan risible como me lo suena ahora. No querría ofender a esa nación, desde luego, pero ¿superior? ¿Se refieren al Méjico de hoy, el país que depende de Estados Unidos para subsistir, o al territorio precolombino, antes de que los españoles nos apropiáramos de todo lo que encontramos a nuestro paso, a cambio de lo cual les legamos un idioma extraordinariamente hermoso y, lo que es más importante, el Evangelio de Cristo?

Sé muy bien que no conviene tomarse demasiado en serio a estos nazis de medio pelo, pero hace unos minutos me asaltó el recuerdo de aquella majadera página web mientras consultaba el archivo de columnas de Pat Buchanan en Human Events; el buen hombre siempre tiene cosas interesantes que decir, pero un texto en particular atrajo poderosamente mi atención. Se titula Buenas noches, América (en español en el original), y analiza la actitud arrogante de los mejicanos y la flácida autoindulgencia de algunos líderes estadounidenses respecto de los incendiarios mensajes de los primeros, quienes sostienen que la nación mejicana excede sus fronteras legales y se extiende allí donde hay mejicanos, cuya primera parada suele ser, como es evidente, Estados Unidos. Últimamente es fácil leer artículos que relatan cómo los mejicanos residentes legal o ilegalmente en tierras yanquis enarbolan las banderas de su país de origen en lugar de las useñas. Yo suelo reaccionar con indignación, como es lógico. Es de suponer que los mejicanos deben de seguir lamentándose del mordisco territorial que los USA le propinaron antes de la invención del árbol melocotonero, pretensión nacionalista que exalta mis propias pretensiones patriotas: tal vez nosotros deberíamos reconsiderar la independencia de todas las naciones que unos vez pertenecieron a la Corona española. A continuación los italianos reclamarán España, por supuesto, y a finales de siglo todos residiremos en una especie de flagelante magma multicultural muy del gusto de los progres. Ellos se sentirán satisfechos, desde luego, pero para ese momento ya no quedarán leyes que cumplir, ni códigos morales que respetar: el cerebro reptiliano se habrá impuesto sobre la personalidad humana, y todo serán guerras, fuegos y violaciones. Lo cual encaja a la perfección con el constructivo proyecto de los izquierdistas.

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Publicado el martes 16 de octubre de 2007 a las 10:42 || Permalink

Triángulos equiláteros y otros asuntos

No puede negarse que los humoristas gráficos de El Mundo tienen talento. Nadie duda a estas alturas que para llevar a cabo el trabajo que realizan, es decir, reflejar la vida política con instrumentos casi estrictamente visuales y que además resulte divertido, se requiere un gran ingenio. Por si eso no fuera suficiente, los ilustradores de El Mundo han conseguido el más difícil todavía: publicar día tras día, semana tras semana y año tras año unos engañosos dibujos izquierdistas en un diario de línea editorial derechista.

No pasa día sin que me entretenga medio minuto echándole un vistazo a los chistes gráficos de El Mundo, aunque con frecuencia, junto con la carcajada, emito un resoplido de furia, pues Guillermo, Ricardo y el resto de miembros de la plantilla cómica son tan obstinada y demagógicamente complacientes con el PSOE e injustos con el PP que nunca resisto la tentación de preguntarme por qué diablos El Mundo no les expide el finiquito y a otro cosa. Pero todos sabemos ya que a Pedro J. Ramírez le va ese rollo, columnistas de izquierdas, como por ejemplo el procaz Eduardo Mendicutti, que confieren prestigio y sensación de diversidad a su–su–su periódico.

Pensándolo bien, puede que haya causado una impresión equivocada. En realidad me importa un bledo cuáles son las ideas políticas de cada periodista, aunque confío en que se comporten con un poco de honestidad, cosa harto difícil e infrecuente, cuando ofrecen sus puntos de vista y gestionan las noticias.

Suena Imagine de John Lennon. Los cuatro políticos exclaman: "¡Gran canción!", pero piensan: "Qué iba a decir el John ese, si no nació en España...", "Qué iba a decir el John ese, si no nació en Catalunya...", "Qué iba a decir el John ese, si no nació en Euskadi...", "Qué iba a decir el John ese, si no nació en Galicia...".

El chiste de Guillermo de la edición de ayer mostraba, como se ve, a cuatro líderes políticos españoles manifestando una cosa y pensando otra: todas las afirmaciones son idénticas, así como las reflexiones, en las que tan sólo cambia una palabra: el nombre del territorio que cada uno considera su nación. La trampa reside en la falsa simetría de las cuatro figuras, sugiriéndose de ese modo que son comparables, que la gravedad de la estupidez es la misma y que todos esos politicastros cometen los mismos errores y son igualmente motivos de chanza. Por supuesto, Guillermo no entrada en detalles demasiado sutiles, uno no sabe muy bien si debido a que no hay espacio para tanto, o si debido a que no le importan tales menudencias. En ese caso podría suponerse que manipula con doble desfachatez.

Lo interesante es que la defensa de la nación española en manos de Rajoy tiene un carácter mucho más constructivo que la defensa de los demás de sus diferentes parcelas : el vasco amenaza con celebrar un referéndum ilegal, por no entrar en la cuestión de cómo el PNV ha palmeado infames espaldas a lo largo de los años; el catalán se reunió con ETA para convenir que los terroristas no ejecutasen atentados en su región; y la última del gallego ha sido imponer una especie de tribalismo fascistoide en las escuelas de su comunidad autónoma, donde los niños serán forzados a emplear un idioma que, de forma natural, no usarían ni para disimular las palabras malsonantes. El discurso nacional de Rajoy, además de ajustarse pulcramente a la historia y al sentido común, es comparado en esa mafiosa ilustración con los nacionalismos artificiales de los tres líderes regionales. Luego hablan de crispar.

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Cambiando de tercio. Hace un rato leí una interesante noticia sobre el plan de prohibir determinadas palabras en el sistema educativo californiano, «mamá» y «papá» entre ellas. Al parecer se trata de una exigencia de algunos gays, quienes quizá ahora empiecen a presionar para que se instalen cuartos oscuros en los colegios, por eso de la diversidad y del conocimiento de las inclinaciones sexuales ajenas. Algo me dice que los homosexuales menos inconoclastas pagaremos algún día las disfunciones morales de los lobistas rosas. Dicho sea de paso, en este sentido nosotros le llevamos una cierta ventaja a California. ¿Acaso hace falta recordar a los progenitores A y B?

In Gore we trust.

Ni que decir tiene que los españoles hemos desarrollado el más excéntrico de los modelos educacionales. Tras enseñar a los alumnos diferentes técnicas de masturbación en sus variantes solitaria y comunitaria, ahora alienaremos un poco más sus pobres cerebros mediante los horrores milenaristas de Al Gore. El Gobierno invierte 580.000 euros en llevar la película de Al Gore a las escuelas. No importa que ese presunto documental no sea más que una especie de fantasía del III Reich en plan new age, ni que esté plagado de mentiras pulcramente enumeradas por un juez británico, y tampoco importa que su promotor, Al Gore, sea una especie de profeta fanatizado por sus ilusiones catastrofistas y por los contaminantes millones de dólares en los que vive sumergido. Nada de eso importa. A nosotros nos sobra el dinero necesario para invertir en ciencia ficción, y nos falta el decoro exigido para educar a nuestros menores como Dios manda. El enemigo, en casa.

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Posdata: Carlos Boyero, siempre bronco y siempre coñazo, líder espiritual de los más esnobs entre los esnobs españoles, abandona El Mundo y ficha por PRISA. Era un movimiento natural que desearía compartir y celebrar con vosotros.

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Palabra de Norman Mailer, ex ateo

Palabra de Norman Mailer, ex ateo- Diario El Día, La Plata: "El estadounidense Norman Mailer ('Los desnudos y los muertos') fue conocido durante mucho tiempo como marxista y ateo. A los 84 años y con problemas de salud, el enfant terrible de la literatura yanqui se encontró, sin embargo, con la fe.'Mi relación con la religión es interna y personal', dijo Mailer durante una entrevista en su residencia de Cape Cod.'Creo que Dios existe, no tengo dudas. En mi época de ateo me parecía muy difícil encontrar una explicación filosófica para el hecho de que el ser humano haya surgido de la nada. Pero hoy tiene sentido creer en un creador'. Este mes aparecerá un nuevo libro de Mailer en Estados Unidos bajo el título 'Sobre Dios', que abarca 'conversaciones extraordinarias', según el subtítulo, entre el escritor y su biógrafo Michael Lennon.


[...] El ganador de dos premios Pulitzer, sin embargo, no sólo se encontró con Dios a los 84, sino también con el diablo. "Sí, creo que existe el diablo. Como ex marxista, estoy convencido".

De hecho la fe de Mailer en Dios no es algo nuevo. Sin ir más lejos, yo mismo publiqué una entrada a este respecto (y sobre las relaciones de Mailer con la homosexualidad) en el blog Enfoque Gay. De todas formas, las conversiones religiosas de personas notables siguen causándome interés; lo que no sé es si Mailer ha recobrado la fe judía, o si por el contrario se ha encaramado al navío cristiano.

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Publicado el domingo 14 de octubre de 2007 a las 10:59 || Permalink

Robo de votos

El alumbramiento del nuevo partido nacional impulsado por la ex dama del PSOE Rosa Díez, por Fernando Me la Suda Savater Me la Sopla y por otros representantes de la izquierda guay ha suscitado durante las últimas semanas algunas discusiones un tanto onerosas sobre la posibilidad de que los partidos políticos puedan robarse votos sin recurrir a métodos tan procaces como la falsificación, el hurto de papeletas y demás.

No creo que haya mucho que discutir en este sentido. Cada voto corresponde a una persona, no a un partido, y es ésta la que determina si se abstiene, si lo emite y, en caso de emitirlo, en qué sentido lo hace. El PSOE ha albergado durante décadas la convicción de que todos los votos legítimos le pertenecen a él, convencimiento que explica la actitud indulgente respecto de sí mismo y despectiva respecto de todos lo demás --léase PP-- que despliegan. El señorito Pepis, secretario de organización de los socialistas españoles, afirmó en cierta ocasión, cuando se reveló que los residentes en el distrito de la Moraleja se habían decantado por la derecha, que, como todo el mundo sabía, la Moraleja era un barrio de clase trabajadora. Lo planteó como una broma irónica, pero la anécdota descubrió hasta qué punto los rojeras se sienten competentes para determinar la validez de un voto en virtud de quién lo emite y, obviamente, de a quién va destinado. Eso, por no entrar en la cuestión de que sin duda alguna buena parte de los habitantes de ese exclusivo suburbio madrileño votaron a los socialistas, como buenos ricos decididos a seguir siendo ricos. Y es que nadie garantiza tan lealmente los privilegios como un buen socialista esforzado en mantener el trasero sumergido en las cálidas ciénagas del poder.

En efecto, cada voto comporta una voluntad, y desde este punto de vista es difícil sostener que un partido político puede arrogarse la legitimidad de exigirlos; a lo sumo, está en condiciones de ofrecer lo mejor de sí mismo a cambio de esa parcela de confianza individual. Ahora bien, dado el estado de inconsistencia política en el que los españoles nos hemos instalado, es posible que la dispersión de votos constituya más una amenaza para el fundamento de la democracia que una evolución de la misma. Unión, Progreso y Democracia y Aborto, el partido neonato --al menos a ellos le dieron la oportunidad--, ha visto la luz con el objeto de ofrecer una alternativa pretendidamente nacional al voto difuso del centro y de la izquierda; ahora bien, si una cantidad suficiente de votantes depositan su fe en estos recién llegados, y si esos votantes lo fueron antes del PP, y si como consecuencia de esta circunstancia el PSOE retiene el poder durante otra legislatura, entonces habrán fracasado desde el punto de vista práctico. Están en su derecho, por supuesto, pero la vida política española de estos días no se parece gran cosa a una casa de muñeca, salvo quizá por la puerilidad de Zapatero y el infantilismo de otros grandes próceres, y en consecuencia todos deberíamos practicar un juego basado en la astucia, la convicción y la fuerza, y no en abstracciones como que a más partidos, más democracia, y cosas parecidas.

Por otro lado, resulta evidente que los demounión–progresistas han situado la mirada en su enemigo electo, el PP, y han empezado a lanzar dardos envenenados. La mezquina acusación de que el Popular es un partido clerical describe muy bien a quien la emite. Y es que el pizpireto Savater ha sido siempre un hombre rico en prejuicios absurdos y rencores inmaduros. Como puede verse, el cerebro perfecto para un nuevo partido político.

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Publicado el sábado 13 de octubre de 2007 a las 12:56 || Permalink

Chaparrón anti-Zapatero

Recuerdo la noche de Marzo de 2004 en que se hicieron públicos los resultados de las elecciones presidenciales. Zapatero salió victorioso tras una jornada tan crispada que no podía encenderse el televisor o la radio ni conectarse a internet sin que las esquirlas de cristal de la realidad le hicieran a uno trizas el rostro. Los atentados terroristas que entregaron en bandeja el triunfo a Zapatero, las salvajes trampas mediáticas que se tendieron con sinvergonzonería típicamente izquierdista, las miserables maquinaciones de quien hoy ocupa el ministerio del interior, Rubalcaba: «los españoles se merecen un gobierno que no les mienta», los delirios de Almodóvar, las mentiras de la Cadena SER, las inmundicias propaladas por los periodistas del flanco progre, el victimismo del Gran Wyoming y la bazofia del Hay motivo, todo aquello mezclado en el cóctel más perverso que recuerda este país permanecen vívidamente grabados en mi memoria.

Lo que mal empieza, mal acaba, y aquel inicio de legislatura debió servirnos de premonición de lo que iba a ocurrir durante los años siguientes. Dicho con la máxima franqueza, nunca imaginé la magnitud de la villanía de Zapatero. Durante su mediocre legislatura, de la mano de lo peor de cada casa, se ha esforzado concienzudamente en dinamitar las tradiciones y la identidad española, y su confesión de que la nación es un concepto discutido y discutible explica hasta qué punto carece de moral.

Dicho también con franqueza, no tengo la menor idea de quién se va a llevar el gato al agua durante las próximas elecciones generales. Aunque deseo fervientemente que Rajoy asuma el mando y trate de corregir, para empezar, los mil y un desaguisados causados por Zapatero, no estoy seguro de que al gallego se le presente esa oportunidad. España se siente perfectamente cómoda con un presidente del gobierno de cartón piedra envuelto siempre en la niebla de los medios de comunicación afines, y ese presidente cuenta con los apoyos mediáticos mayoritarios debido tanto a un compromiso político de estos completamente ridículo, como a las ventajas económicas que dicha relación les proporciona. El dinero es el dinero, sobre todo para el PSOE.

Sin embargo, en ocasiones uno se lleva una grata sorpresa, como sucedió ayer durante el desfile de las Fuerzas Armadas en la capital del reino. Pese a sus cobardes esfuerzos por ocultarse, Zapatero se vio acribillado finalmente por una tormenta de gritos, pitidos y abucheos que descendió como una sombra sobre su cabeza. Tratándose de alguien acostumbrado a que lo traten como a un majarajá, aquello debió de lacerarle el alma. El grave sonido de los reproches de los ciudadanos reunidos allí sonaba como una auténtica tormenta. Eso no resuelve nada, claro, pero le ayuda a uno a sobrellevar los días que restan hasta la feliz jornada en la que podamos expresar lo que verdaderamente pensamos...

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