Al senador por el Estado de Idaho Larry Craig le han pillado con los pantalones bajados, o subidos, o a la altura de las rodillas, uno no puede saberlo con certeza, claro, no estaba allí, pero... amigo mío, al republicano le han condenado a pagar unos cuantos dólares por conducta indecente. Al parecer el tipo acudió a los aseos de un aeropuerto con la intención de practicar sexo casual con un desconocido, que es una expresión utilizada con frecuencia para enmascarar la promiscuidad. Bien, Craig siguió al pie de la letra el ritual de los «fornicadores causales», por así llamarlos, pero las cosas no salieron como él esperaba. Tal vez le diesen por la mismísima cueva del paraíso, si me permitís la zafiedad, pero no fue un plato de buen gusto. De eso no cabe la menoooor duda.
Cuando leí la noticia, que ha sentado a las mil maravillas a los cientos de miles de fariseos de izquierdas que pueblan la blogosfera estadounidense, me vinieron a la memoria las reuniones militantes gays a las que yo solía asistir cuando residía en la capital andaluza. Qué cosas, allí estaban todos aquellos gays balbuceando la palabra «hipocresía» en todas sus variantes cada dos o tres minutos. Lo hacían tan a menudo que llegué a preguntarme si se trataba de una apuesta secreta, o si sencillamente necesitaban pronunciar constantemente aquel sustantivo para mantener el corazón en movimiento. También es posible que trataran de convencernos a los demás de que tal institución o cual partido eran el enemigo, o puede que ellos mismos precisaran repetir sus proclamas una y otra vez para avivar la llama de su fe. Y es que hay algo de religioso en la profundidad con que algunas personas experimentan determinadas ideologías.
El objeto preferente de los salivazos de mis líderes homosexuales fue siempre la Iglesia de Roma, que solía suscitar no sólo reacciones verdaderamente histéricas, sino también algún disparate imaginativo. Como aquel treintañero que afirmaba que el Vaticano posee un pequeño ejército de clérigos armados dedicado a liquidar a los sacerdotes disidentes (teólogos de la liberación, reformistas mórbidos, cosas así). Aquel chiste me hizo pensar en la tediosa película Stigmata, en la que todo resultaba también bastante paranoico. Pero él era la excepción. Los demás se limitaban a gesticular, impostar la voz y clamar sobre el satanismo y la hipocresía de la Iglesia. El hecho es que raramente entraban en razonamientos; ¿para qué, debían preguntarse, si aquí todos pensamos igual? Pero no, no todo pensábamos igual. Aquella era la enésima manifestación de lo que algunos llaman fascismo queer, y que yo denomino homofascismo.
No es fácil ser conservador; y no sólo porque este modo de ver la vida lo compromete a uno en muchos sentidos, sino también porque los tontos, que son siempre mayoritarios, parecen haber establecido una aberrante equivalencia entre el conservadurismo y la infalibilidad. Ey, tío, no soy perfecto, pero el cielo sabe que me esfuerzo en identificar el mal y evitarlo y combatirlo. Claro que a veces me equivoco: ése es mi derecho. Sin embargo, ya es demasiado tarde. Cuando un conservador se sale del círculo que él mismo ha trazado, incluso si se excede una sola vez, da igual lo honrado que haya sido su comportamiento durante años, es arrojado al instante al infierno de los hipócritas. (Donde encontrará la compañía de los mismos que lo han acusado, ¿no es irónico?)
Hace algún tiempo se desató una fuerte polémica en determinados ambientes --el progre, el homoprogre, el conservador-- cuando el líder evangelista Ted Haggard, que había saboteado repetidamente los derechos de los homosexuales, fue acusado de mantener relaciones sexuales con otro hombre durante años. Con un chapero. Y era cierto: Haggard había pagado por sexo --sodomía y prostitución, además de consumo de estupefacientes, por emplear sus términos-- hasta que la historia le explotó en pleno rostro. De lo cual me alegro, pues aquel hombre deshonesto había pervertido durante demasiado tiempo el mensaje de Dios. Había llegado la hora de que ese enemigo del cristianismo, un falso mesías en el que cientos de miles de buenas personas habían depositado su confianza, fuera desenmascarado y apartado de sus correligionarios.
Los cuervos tienen dos alas, y una vez hubimos conocido la infame traición del pastor a nuestro Señor, asistimos al movimiento espástico del segundo miembro: a no pocos homosexuales les hizo muy felices la oportunidad que se les presentaba de tergiversarlo todo. A partir del caso del vicioso líder evangelista, impusieron al resto de los conservadores el sambenito de la hipocresía. No importa que en su vida cotidiana la mayoría de esos ciudadanos seguramente fueran honestos, que vivieran saludable y honradamente su fe en Jesucristo, todos fueron condenados vicariamente por la mezquindad del tipo en quien habían confiado. Y es que la justicia carece de importancia cuando se trata de enviar un mensaje efectivo.
Cuando el marine Matt Sánchez acudió a la Conservative Political Action Conference para denunciar la discriminación a la que lo sometían sus compañeros de Universidad debido a su condición de militar, un aficionado al cine adulto lo identificó como ex estrella del porno gay. Y era cierto, Sánchez había protagonizado un par de películas X bajo el pseudónimo de Rod Majors. De porn star, Sánchez había dado el salto al estrellato conservador, lo cual demuestra que los cons somos sexualmente capaces. De acuerdo, es broma. De hecho, ni siquiera es exacto que Sánchez pasara del porno a la escena conservadora, pues entre una cosa y otra no solo transcurrieron diez años, sino que además Sánchez accedió a las carreras militar y académica. Su participación en el CPAC fue incidental. En cualquier caso, el cambio de rumbo ideológico de Sánchez se debió a que había experimentado en propia carne la vacuidad de aquel salvaje estilo de vida. Es fantástico contar con tipos como él, y es genial que tuviera los redaños suficientes para hacer frente a sus cobardes compañeros de facultad
Sin embargo, esta absurda anécdota fue utilizada una vez más para desacreditar a los conservadores: el espectáculo convertido en justificación moral. Y es que en manos de un izquierdista, la propaganda es siempre la primera herramienta.
[Seguiré con este asunto en otro momento. Feliz día.]
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Etiquetas: conservadurismo, hipocresía, progres, USA
8 Comentarios:
A esto me referia con mi vision hipócrita de los Estados Unidos. Si lo ha hecho y le han pillado y lo reconoce, ¿porque se retracta?.
Otra cuestion ¿si se hace en una cabina donde nadie les ve y con consentimiento mutuo? que mal hay en ello.
Yo es que en esto pienso un poco distinto.
Veamos; por un lado supongo que los progreguays denuncian (con un poco de razón, creo, pero sin llegar a la estigmatización que hacen) que no puedes estar a Dios rogando y con el mazo dando (criticar comportamientos que tú mismo practicas).
Por lo demás, aquí es adonde voy yo ¿Qué pasa, que los de derechas no nos lo podemos pasar de puta amdre en el sexo o que? Es que el ser sexualmente "activo", liberal, o llevandolo a una perspectiva peyorativa "promiscuo", es algo de una ideología y no de otra?
Yo he sido discriminado (y bastante) por el mundo gay, porque no me salia de las narices comulgar con según que cosas, vestir de segun que forma, o pensar o bailar de segun que forma.
Por lo mismo, tampoco admito que se me pongan "corsés morales distintos al mío", si yo no se los pongo a nadie.
Es que esta es una de las grandes dudas que tengo, y es una duda real.
¿Ser conservador implica también serlo, por ejemplo sexualmente también?
Porque para mí, ser liberal, implica que cada uno haga con su su miembro lo que le de la real gana, y si alguien quiere usarlo a través del celibato, o en un matrimonio clásico, o ser un pendón impresionante, pues ole él.
Lo que no sé es cuáles son los límites de un liberal-conservador en eso, y cual es la diferencia entre un liberal-conservador, y un conservador a secas.
Saludos.
Javi
Sonia, lo siento pero no sé muy bien a cuál de ellos te refieres. Si se trata de Craig, probablemente el senador lo lamente por el efecto que su “desliz” tendrá sobre su imagen pública. Sus compañeros de partido le exigen que se largue. Y es lo que debería hacer, por mentiroso y por hipócrita; sin embargo, la premisa de mi post era que no podemos imponer los pecados de un político a sus votantes ni de un reverendo a su congregación. No voy a repetirme.
Si hablas de Haggard, bien, ese tipo es un vicioso y debería evitar mencionar el nombre de Dios en lo que le queda de vida: yo entiendo la comisión de los pecados, y el cielo sabe muy bien que tengo mis propios asuntos cargados a mis espaldas, somos imperfectos, pero ese tipo había asumido responsabilidades añadidas: dedicó falsamente su vida a Dios, interpretaba Su mensaje en público, pero no parece que se esforzara en llevarlo a la práctica: pagó servicios de prostitución y se drogó durante años. No creo que se haya arrepentido, aunque eso es algo que juzgará el Pez Gordo en su debido momento.
Y en lo concerniente al ex actor porno, pues bien, llevó un tipo de vida disoluta pero renunció a ella hace una década por su propia voluntad, lo cual me hace pensar que es un hombre sincero. Se enroló en el ejército e inició una carrera universitaria cumplida la treintena, indicios de que sus motivaciones son dignas. Me parece un hombre honorable, aunque habrá que estar atento para ver lo que hace a partir de ahora. Su defensa de la libertad a través del ejército es absolutamente noble, y lo admiro por ello.
Por último, no entiendo muy bien tu pregunta de qué ocurre si practican sexo en una cabina fuera del ojo público. Yo tengo objeciones morales, pero ésas me pertenecen a mí. Ahora bien, invitar a un desconocido a fornicar con la esperanza de que se trate de otro cazador de “sexo esporádico”, pero sin la certeza de que así sea, es una agresión ética en toda regla. ¿Qué tal si un tipo te detiene en mitad de la calle y te ofrece ir a su casa para que te abras de piernas? ¿En serio no te importaría? ¿De veras ningún amigo tuyo te ha contado ninguna anécdota de este tipo? ¿De verse obligados a soportar a un cerdo que se les aproxima en los urinarios públicos y se pone a observarles el pene?
En efecto no estamos de acuerdo, Javier, aunque incluso a este respecto convergemos en más puntos de los que tú imaginas. Ahora veremos por qué.
Yo no creo que los homoprogres denuncien específicamente a los conservadores que manifiestan determinadas ideas morales en público mientras que en privado practican las mismas costumbres que antes habían condenado. Los homoprogres denuncian a todos los conservadores bajo la tramposa premisa de que los cons somos fariseos por definición. Déjame plantear los dos elementos más graves de este asunto: primero, que los progres carecen de la sutileza necesaria para realizar juicios aislados, uno para cada uno, y se limitan a desacreditarnos a todos los cons y a negarnos nuestra individualidad; segundo, que proyectan sobre los conservadores sus propias deficiencias morales. Como dice el refrán, cree el ladrón que todos son de su condición. Es sencillo llevar una vida disoluta cuando a tu alrededor no hay ningún tipo digno que te recuerda lo poco que vales. Y si de hecho hay algún alma cristiana, bueno, siempre podemos desacreditarla y convencernos de que todos somos igual de primitivos, de que lo que hacemos está bien más allá de toda objeción ética. Pero eso no es más que una falacia acomodaticia, una facilidad teórica del vicio.
Por otro lado, no me parece que en este blog nadie haya dicho, al menos hasta el momento presente, que determinadas actitudes morales vayan inflexiblemente ligadas a ideologías específicas. La experiencia demuestra que no es así. Muchos izquierdistas son católicos practicantes, de hecho probablemente se muestren de acuerdo conmigo en lo referente a las cuestiones puramente morales (sexualidad, derecho a la vida, cosas así).
Tampoco ha dicho nadie --yo no, desde luego-- que no se pueda uno divertir con el sexo siendo de derechas. De hecho, puedes gozarlo hasta estallar siendo un perfecto conservador moral; sin embargo, un conservador renunciará a según que prácticas porque las considera indignas, y si es religioso, pecaminosas. Dirá no a la promiscuidad, por ejemplo, pero con su pareja formal, a la que ama, cuya intimidad está dispuesto a compartir... bueno, ahí todo el campo es orégano.
Javier, ser conservador implica lo que uno haya aceptado que implique, ni una cosa más ni una cosa menos. Si uno desea practicar la promiscuidad, allá él. Yo lo respeto, y en este sentido soy un liberal; ahora bien, como conservador creo que se trata objetivamente de una conducta decadente; de lo contrario, ¿cómo afirmar que soy cristiano? ¡Si incluso está escrito en la cabecera de este blog! Yo no te exijo que lleves una vida compensada, por así decir, no lo he hecho antes y no lo voy a hacer ahora; no tengo ni el derecho ni el interés. Pero sí me reservo la facultad de realizar un juicio moral cristiano, y créeme que a eso no voy a renunciar. No a juzgarte específicamente a ti, claro, que cada uno tiene su lastre, tú el tuyo y yo el mío, sino en términos abstractos: la aplicación es responsabilidad de cada cual. Ya he mencionado antes en esta bitácora que yo ni siquiera prohibiría los cuartos oscuros, faltaría más. Que acudan a ellos todos los que quieran. Pero seguiré pensando que son un auténtico asco, y eso no va a cambiar.
¡Saludos! D.
En el Senado hay cada elemento... recuerdo un caso sonado, m�s extravagante que este. En 1988 el entocnes candidato george Bush estaba decidido a seleccionar al Senador Malcolm Wallop, de Wyoming, como su candidato a Vicepresidente. Hasta que justo al l�mite le advirtieron de que el honorable Senador ten�a por costumbre acudir por las noches a fiestas de travestidos vestido de mujer. Aunque eran fiestas exclusivas.
Lo que no entiendo de Craig es que con todos los medios de los que dispone, dinero, espacio, contactos, propiedades... tenga que ir a unos urinarios p�blicos a follarse a uno que se encuentre por all� cuando podr�a elegir a su gusto entre una mcuho m�s amplia avriedad de candidatos yt ener el encuentros exual en cualquier lugar seguro.
En fin, que lso republicanos tendr�n que buscar otro candidato para su esca�o en 2008.
Antxon, aunque absurdo no creo que deba extrañarle a nadie. Es una práctica más o menos habitual entre muchísimos gays que podrían practicar sexo de manera más discreta; pero cazar al vuelo tiene su encanto. Piensa en George Michael: rico, celebridad internacional... y acude a los parques públicos londinenses para fornicar con feos desempleados de 60 años, tal y como publicaron, fotografías incluidas, en el News of the world. La cosa va así.
Hace mucho que las mujeres estamos mas o menos acostumbradas a que nos digan burradas por la calle que algunos consideran piropos y nadie va a la cárcel por ello.
Yo no me referia al acoso ni a la mala educacion, sólo al hecho de dos personas de mutuo acuerdo.
De momento nadie ha pedido penas de cárcel, pero sí respeto.
En cuanto a las dos personas, ya te respondí: yo tengo objeciones morales, pero no es mi negocio lo que hagan otros.
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