Publicado el miércoles 5 de septiembre de 2007 a las 10:45

Hollywood Conservador (que no se enteren), I

Hace años que me lo pregunto, como si los signos de interrogación y las letras que hay en medio estuviesen impresos en el interior de mi cráneo y un poco de luz los sacase a relucir de vez en cuando: ¿por qué los cineastas españoles odian a España, por qué son tan perversos, cínicos e hipócritas, por qué no utilizan su arte, en las contadas ocasiones en que lo tienen, para sublimar y liberarse de sus rencores? En suma, ¿por qué los cineastas españoles sucumben tan a menudo a sus tendencias rastreras? Trato de comportarme como un hombre caritativo, y en consecuencia puedo perdonarles el esnobismo de nuevo rico, sus adicciones a los estupefacientes y a los muchachitos de quince años e incluso su incapacidad de rodar una película o una serie de televisión en la que todas las mujeres no sean unas zorras, todos los hombres unos chulos y la escena central sea siempre una relación sexual. Sin embargo, cuando apartamos a un lado todos estos asuntos y ponemos sobre la mesa los valores espirituales y cívicos, me viene a la cabeza la eterna pregunta: ¿por qué son tan bastardos?

Dudo sinceramente que ningún aspirante a actor tenga la menor posibilidad de conseguir un papel en la industria cinematográfica española sin avenirse primero a fornicar con el productor y a memorizar las proclamas «anti–imperialistas», antiamericanas, anticonservadoras y demás que han hecho célebres a los enanos mentales de la kultura nacional; quiero decir que si no eres lo bastante hijo de perra, en la caverna del cine español te dan las instrucciones y la oportunidad de degradarte hasta que causes verdadero asco a cualquier ciudadano más o menos decente.

Debe de haber alguna excepción, por supuesto, como Garci, pero la minoría derechista, de existir, mantiene la boca bien cerrada, no sea que los arrojen del tren del dinero, pues bastante esfuerzo les costó subir.

La verdad es que no debería preocuparme demasiado por la miseria ética enquistada en los corazones y en los cerebros de mermelada amarga de todos esos esnobs intelectualoides, dado que el cine patrio --nunca patriota-- es lo bastante burdo como para que jamás experimente la menor tentación de echarle un vistazo, pero... bueno, entonces descubres que los cineastas de Hollywood son casi igual de bobos, y tu gozo en un pozo. Y no es que se trate de algo nuevo, pues esos infatigables consumidores de cocaína --¿qué sería de la economía boliviana sin las narices abrasadas de estos eternos aspirantes?-- han sido siempre un poco rojos, y a lo largo del siglo XX, cuando el mundo libre ponía todo su empeño en sobrevivir a la terca amenaza comunista, los guionistas y directores de cine de Hollywood se mostraban de lo más serviciales con los soviéticos. Así, entre orgía y orgía y esnifada y esnifada, cantaban sus alabanzas al glorioso imperio rojo. Sin embargo, la URSS se fue al infierno, hecho éste que nunca dejará de causarme violentas explosiones de júbilo, y los dulces marranos de la industria del cine se empeñaron en localizar a un nuevo aliado que los ayudase a autodestruirse --y con ellos, a destruir la civilización más avanzada, en los sentidos material y espiritual, que han conocido los Tiempos: Occidente--. En esa sórdida segunda película de ficciones esquizofrénicas el papel del Enemigo seguía siendo magníficamente interpretado por Estados Unidos; el aliado, por ese sofocante magma en el que flota el terrorismo islamista.

Recuerdo muy bien una significativa escena en la que la actriz Jessica Lange afirmaba, frente a una nutrida audiencia de periodistas, que se avergonzaba de ser americana debido al Gobierno de su país. Los periodistas rompieron en una salva de aplausos y silbidos, la mayor parte de ellos presumiblemente porque estaban de acuerdo con la chica en que la administración Bush era «deficiente», y supongo que la minoría confiando, como confiamos todos los machos tontos, en que un gesto tan pueril les serviría para estar un poco más cerca de la actriz. Según se dice, las chicas de la industria del entretenimiento son bastante ligeras de cascos, así que quién sabe. En todo caso lo interesante de ese episodio no era su evidente valor antropológico, sino la actitud de la cincuentona. Me avergüenzo de. Parecido a Pilar Bardem, pero sin el punto escatológico que la Bardemanifestante le imprime a todo.

El caso es que Jessica Comprometida Políticamente Lange no es ni siquiera el mejor ejemplo de estrella de Hollywood rojeras, pero me ha servido para ilustrar la camaradería de los periodistas y para mostrar la verdadera jeta de estos.

El rostro del activismo esnob en la industria del cine sita en California sigue correspondiendo a Sean Penn, y el verdadero símbolo del espíritu comprometido de semejante casta de santos impíos, aquella grotesca estampa de Penn en las calles inundadas de Nueva Orleáns con una lancha que no sabía manejar. Cuidado con la perilla, muchacho, que el agua moja; ¿y qué será entonces de la laca? Estos pollos resultarían divertidos si no constituyesen una amenaza grave y objetiva para la supervivencia del mundo occidental, pues si bien es cierto que por ellos mismos son insignificantes --¿quién se tomaría en serio a todos esos millonarios viciosos?--, en conjunto con los periodistas que les confieren un tono solemne, y gracias al acceso a nuestras casas mediante el cine y la televisión, se encuentran en posición de ejercer cierta influencia. No es el momento de entrar a discutir cómo todos esos corruptos se esfuerzan en transmitir una imagen decadente de los valores tradicionales, con la familia en cabeza, pero querría abordar el asunto en el futuro.

La cosa es que Penn y la Jessi no son los únicos progres de Hollywood, y es que las malas hierbas brotan siempre en familias de mil miembros. ¿Cómo olvidar a Tim Robbins, el gracioso gigantón con un sentido de la dignidad y del buen juicio inversamente proporcional a su tamaño? La última vez que anduvo por España se lamentó de que Gallardón aprovechara la ocasión para sacarse unas fotos con él, argumentando que el político «de derechas» había rechazado acudir a la manifestación a favor de la negociación con ETA que las cañerías del PSOE habían organizado por aquellas fechas. Lo interesante de todo este asunto es que Tim, marido de la beatísima Susan Sarandon, realizó una interpretación obscena de la política española. Gallardón no quería estar con las víctimas, a favor de la paz, afirmó Tim Robbins. Y justamente ahí radica el problema: en que todos esos místicos de purpurina se limitan a moverse por el mundo como altas autoridades morales, pero raramente se detienen a investigar en profundidad aquellos asuntos sobre los que pontifican siempre que se les presenta la ocasión. ¿Fue Kid Rock quien advirtió que ellos, las estrellas, jamás abren un periódico? Claro que si lo hacen existe un ciento por ciento de posibilidades de que se trate del New York Times, lo que en realidad empeora el problema.

Luego están todos casi todos los demás, como el elitista George Antipetrolífero Clooney, Ben Affleck y su indomable íntimo amigo, como quiera que se llame, Charlize Theron y su leyenda urbana de la falta de libertad de expresión en Estados Unidos, y la pizpireta Gwyneth Los americanos son bárbaros Paltrow, Barbra No me toques el césped Streisand, Jane Apoya al enemigo vietnamita Fonda, Whoopi Goldberg, etc.

Sobra decir que en el etcétera previo va incluida la ex familia Baldwin Bassinger, quienes afirmaron en su momento que abandonarían Estados Unidos si Bush volvía a ganar las elecciones. Y de hecho no venció, sino que se impuso tan claramente en número de votos que la mañana en que tuve conocimiento de los datos me eché a bailar frente al televisor como un auténtico chiflado. No obstante, la disquisición más reciente del especialista en moral y política internacional Alec Baldwin ha sido el apoyo prestado a Larry Craig a través de una breve columna publicada por el panfleto Huffington Post. No voy a detenerme en este asunto, bastante cansado me siento, pero permitidme añadir un par de enlaces en los que dos autores distintos responden a Baldwin, Robert Stacy McCain [recomendado] desde The American Spectator y Roger Simon desde su blog [sintético].

En fin, por hoy es todo. Mañana publicaré la segunda parte de este post, en la que discurriré un poco sobre «el otro» Hollywood. Pasad un buen día.

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En julio pasado dediqué una entrada a cierto talento del cine español. Quizá os interese: A Flahn lo ponen verde.

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3 Comentarios:

Por Anonymous sonia, el 7 de septiembre de 2007 23:37 

Sinceramente, no sé que decir o si se me ocurriera podrían pasar dos cosas que no acabaramos nunca, o que terminaramos en tablas, tu con tus ideas y yo con las mias.
Considero este post como una opinion tuya y como tal la respeto.

Por Blogger Gente contra Corriente, el 18 de octubre de 2007 13:28 

Creo que hablando de política en Hollywood le interesará echar un vistazo a mi blog:

[url]http://gentecontracorriente.blogspot.com[/url]

Está dedicado a mostrar diversos personajes del mundo de las artes y el deporte que han mostrado opiniones de centro-derecha, o contrarias a la izquierda.

Por Blogger John Doe, el 19 de octubre de 2007 11:45 

Verdaderamente un blog magnífico, Gente Contra Corriente. Enhorabuena :)

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