Publicado el lunes 22 de octubre de 2007 a las 13:54

El Rey, Zetanada y Jiménez Losantos

No sería descabellado pensar que este fin de semana la poderosa cola de un terrible dragón ha derribado un tercio de las estrellas del cielo, y que profundas convulsiones subterráneas han sacudido la superficie terrestre. Ya se trate del Apocalipsis desencadenado por la decadencia de Occidente, ya se trate de los gruñidos estomacales del siempre hambriento de poder presidente Rodríguez Zetanada, resulta difícil resistir la tentación de dedicarle al menos un breve post al asunto que estos días le ha helado la sangre a más de uno. Supongo que a estas alturas todo el mundo está ya al corriente de la supuesta conversación que el Rey y Esperanza Aguirre habrían mantenido durante el almuerzo–celebración del día de la Hispanidad. Según publicó El País en su edición del domingo, la charla de las altas dignidades derivó en una áspera discusión sobre Federico Jiménez Losantos, quien hace pocas semanas sugirió al Rey la conveniencia de abdicar a favor de su hijo y cuestionó el compromiso del Monarca con la Unidad de España.

Yo me sentí muy estimulado por la posibilidad de que esa conversación hubiera tenido lugar realmente en el modo en que fue transcrita por El País --especializado últimamente en desvelar conversaciones privadas, Aznar y Bush lo atestiguan--, y la expectativa por la respuesta de Losantos estaba a punto de volverme loco. En fin, he escuchado lo que Losantos tenía que decir esta mañana en la COPE, y debo reconocer que ha reaccionado con enorme buen juicio. Las cosas se han puesto muy feas, incluso para él, y posiblemente ha llegado a la conclusión de que de momento conviene reducir la marcha. Losantos adoptó hace tiempo una actitud extremadamente dura --y en algunos sentidos temeraria e irresponsable-- con respecto a la Corona, pero aflojó la presión pocos días atrás cuando se retractó, quizá innecesariamente, de su petición de abdicación real. La postura de la Iglesia, propietaria de la COPE, había sido manifestada con rotundidad en favor del Monarca. Fue un movimiento oportuno de parte de la jerarquía eclesiástica, y Losantos comprendió tanto este mensaje como todos los demás mensajes que pasaban silbando junto a sus oídos.

La estrella de la COPE ha realizado algunas objeciones sobre supuesta exclusiva de El País, poniendo en duda que la conversación se hubiera producido tal y como la entrecomilló el lánguido Ernesto Ekaizer, y ha desviado ostensiblemente la atención de la Zarzuela para situar el foco sobre el palacio presidencial. La tesis del turolense con más carácter que han conocido los tiempos consiste en que todo este asunto no es más que un intento del círculo del presidente de desviar la atención de lo que realmente importa, la amenaza de disgregación nacional, y en cierto sentido lleva razón, en la medida en que Losantos es parte interesada en el negocio de España.

Al parecer la presidenta de la comunidad de Madrid expresó a Su Majestad el deseo de que las cosas se recondujeran en la dirección más adecuada para todos, y añadió que el arrebatar el micrófono a un periodista sería lo peor que podía suceder. Se trata de una idea bastante convencional, así que no la discutiré desde el punto de vista moral. Lo que me interesa es que Federico Jiménez Losantos no es periodista: ni estudio la carrera, cosa irrelevante, ni la ejerce.

El filólogo y escritor no se limita a transmitir noticias, y tampoco interpreta el papel de vocero de las convicciones políticas de parte de la sociedad española: él se ha convertido en un auténtico pivote, una referencia que crea opinión, empuja las conciencias y alienta movimientos sociales tan sorprendentes e inesperados como las profusas manifestaciones conservadoras que han tenido lugar durante la presente legislatura.

Creo de veras que acallar a Jiménez Losantos constituye una prioridad estratégica para los izquierdistas españoles, aunque en términos objetivos Losantos no constituye un obstáculo insalvable, como demuestra la evidencia. Sin embargo, no es menos cierto que él ha organizado parte del movimiento de derechas y ha animado un nuevo y hasta el momento desconocido orgullo por los valores tradicionales: unidad nacional, libertades individuales, comercio libre y un cierto conservadurismo católico.

Pero discutir todas estas cuestiones no tiene demasiado sentido en este momento, no mientras no sepamos si la escena del almuerzo sucedió tal y como fue descrita por El País. Por otro lado, resulta sumamente interesante la cuestión de quién filtró la conversación: había suficientes comensales sentados a la mesa como para que podamos divertirnos especulando. Su Majestad el Rey haría bien en sacar conclusiones de este desagradable episodio y de otros episodios acontecidos durantes los tiempos pasados, y sería magnífico si comprendiera de una vez que el compromiso de la derecha con la Monarquía no es tan inquebrantable como muchos sostienen. Incluso para los que estamos persuadidos de que si la Corona cae, cae España, entraña una enorme dificultad practicar juegos malabares para compatibilizar la lealtad a la Monarquía con la lealtad a la Nación. La trampa reside en que no habría de existir ninguna diferencia entre esos dos elementos, y si en este momento hemos de enfrentarnos a ella, se debe a que Alguien no ha hecho Sus deberes. Por una vez, las mayúsculas no están reservadas a Dios.

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Parafraseando: que la Iglesia rece menos por mí y se encargue de Losantos. Un argumento bastante sobado últimamente en boca de los periodistas progres, pero desafortunado en labios del Rey. Irónicamente, la Iglesia conforma otra de las tradiciones estructurales de España; Su Majestad tendría que esforzarse en conservar una buena relación con ella. Tienen mucho en común, pero a diferencia de la Madre de Occidente, el monarca no cuenta con un Aliado capaz de destruir ciudades y crear universos.

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8 Comentarios:

Por Blogger Matritensis, el 23 de octubre de 2007 9:37 

No soy monárquico y estas cosas me hacen ser antimonárquico.
Una vez más bravo por Espe

Por Blogger Javi, el 24 de octubre de 2007 1:16 

Es que (y no es coña), los borbones son progres.

Y si tengo que tener un Jefe de Estado Progre, que al menos, tenga la posibilidad de echarlo cada cierto tiempo para poder poner a uno liberal.

Saludos

Javi

Por Blogger John Doe, el 24 de octubre de 2007 10:41 

M: Si en la misma medida los desmanes de un presidente del gobierno te vuelven antidemocrático, tiene sentido.

J: No tengo ningún interés especial en ver a un Rey liberal; me basta con que sea conservador y patriota. Y eso de votar al Rey es volver por enésima vez a la vieja cuestión: ya la hemos tratado antes y no hemos alcanzado ningún acuerdo, o sea que mejor ni entrar.

Por Anonymous Flipo, el 24 de octubre de 2007 19:55 

Un administrador del blog ha eliminado esta entrada.

Por Anonymous Matritensis, el 24 de octubre de 2007 22:15 

John, eso que dices no tiene sentido, tener un mal presidente del gobierno no me hace antidemocrático, por una sencilla razón, se le puede echar votando a otro candidato, no pasa lo mismo con el Rey, que son lentejas.

El comentario de Flipo es para flipar, atención a lo que dice:

"más vale que tengáis cuidado vosotros los fascistas, que pronto acabarán vuestros tiempos"

¿Qué clase de yogures alucinónegos come este? anda chaval!!

Por Blogger John Doe, el 2 de noviembre de 2007 12:42 

No siento disentir, Matritensis: mi comentario es perfectamente razonable, no así la doble vara de medir que aplicas a la Monarquía y a la Democracia (formas de Gobierno cómodamente compatibles, como todo el mundo sabe y unos pocos niegan con obcecación poco racional). En este caso no se trata de votar ni de la posibilidad de cambiar la cabeza que ostenta determinada institución, pues de uno y otro modo, ya sea mediante el voto, ya sea mediante la Ley Natural, todos los poderosos son derribados tarde o temprano. Se trata en realidad de identificar a una persona con una institución, y mientras que el presidente del Gobierno no es la Democracia, el Rey no es la Corona: ambos se limitan a representar transitoriamente el papel efectivo y simbólico que les corresponde. A menos que sostengas que la democracia es infalible, y todos sabemos que eso dista mucho de ser cierto, no puedes exigirle perfección a la Monarquía. La Corona forma parte intrínseca de la Nación española: ha sido así a lo largo de los siglos, y no puede pretenderse que un cambio revolucionario de ese calibre no tendría efectos, efectos nocivos con toda probabilidad, sobre España. Obviamente todo organismo puede seguir existiendo tras la extirpación de uno de sus miembros, y lo mismo le ocurriría a este país, pero ¿en qué condiciones?

En cuanto al comentario de Flipo, lo he borrado.

Por Blogger Alex Guerrero, el 3 de diciembre de 2007 8:50 

Curioso el subtitulo de este blog. También se puede ser ateo, de centroizquierdas, amar américa (¡y vivir aquí!) e incluso pensar que los Palestinos no tienen razón la mayor parte del tiempo. I parlar català. Y pensar que el insulto permanente es algo que perjudica a la tolerancia y polariza, y nadie que se identifique con el "centro-"algo debería aceptar, sea derecha o izquierda.

Un saludo desde el Banco Mundial,
Alex

Por Blogger John Doe, el 3 de diciembre de 2007 9:48 

Hola, Alex,

No me parece curioso el subtítulo, y cobra especial sentido cuando se lo sitúa en el contexto de España.

En cuanto a tus demás consideraciones, me siento inclinado a darte la razón, aunque debo decir que hasta el momento presente nadie había cuestionado que se puede ser de izquierdas y amar a los Estados Unidos y todo lo demás. La alusión al catalán sí resultó tanto más desconcertante... toda vez que nunca he discutido la diversidad lingüística nacional. Me pregunto a quién querías corregir, si a mí, a algún comentarista del blog o a tus propios prejuicios. Para ser honesto, me importa un bledo el idioma que emplee la gente en su vida cotidiana, salvo cuando se trata de un rasgo de esnobismo o, peor aún, cuando tratan de imponerlo a los demás.

Tus credenciales mundial-bancarias me han hecho temblar. Suena a club de masones gobernando el planeta, si no te importa la broma.

Suerte en América,

Doe.

Posdata: tengo la impresión de que mi respuesta puede sonar un poco áspera. Olvida el tono, realmente me siento muy agradecido de tu comentario.

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