Cuando Javier Reverte, célebre escritor y viajero español, respondió a la pregunta del periodista que lo único bueno de Mariano Rajoy era que mantendría a la derecha alejada del poder, la oronda señora entendió que oportunidades como aquélla se presentan sólo una vez en la vida, y se lanzó a una desenfrenada descripción apologética del presidente Zapatero. Le atribuía una gran «categoría humana», que es un modo bastante común de diferenciar a los verdaderos humanos, de los cuales Zapatero es el perfecto exponente, de los humanos–caimán, humanos–cebra, humanos–cabra, humanos–abejorro, es decir, de los humanos–animal. La ventaja de esta dicotomía semántica radica en que los segundos, dada su naturaleza primitiva, han de aspirar tan solo a una cantidad limitada de derechos, y si se exceden con su actitud y sus exigencias, pues nada, se les desangra y devora en la gran matanza anual del humano–cerdo.
Supongo que el autocomplaciente vídeo promocional que la prestigiosa agencia publicitaria Señora Rushmore elaboró para el PSOE tiene por objeto recuperar la atención y el aprecio político de señoras y señores como aquélla que se complacía con evidente lubricidad frente a Javier Retroceda la Derecha Reverte.
En fin, el vídeo es tonto, simpaticote de una manera aparentemente inofensiva. Pero resulta rastrero por las falsedades que contiene, por su mezquino propósito de proyectar una imagen de Zapatero que poco o nada tiene que ver con el Zapatero real. Incluso las tácticas políticas, usualmente exentas de límites morales, están sometidas a las fronteras de la ética: a partir de cierto punto, la mentira multiplica exponencialmente su mezquindad. Zapatero se ha multiplicado por infinito, y el resultado de la operación es un pozo sin fondo de deseo de retener el poder, de desprecio a una sociedad a la que miente con una impiedad bíblica, de impúdica hipocresía.
Durante las últimas elecciones, justo antes de que los brutales ataques terroristas del 11M impulsaran una infame campaña mediática para destronar al Partido Popular y entregar la Moncloa y sus prebendas al PSOE y a los cuervos que gravitan a su alrededor, se nos ofreció un candidato flácido y engañoso, un rostro verdaderamente singular apoyado sobre dos siglas: ZP. Zapatero comenzó siendo una estrategia de marketing que parecía más apropiada para promocionar unas zapatillas deportivas que para dar a conocer a un candidato a la presidencia del gobierno.
Por un euro: palabras que empiezan con "z".
Casi cuatro años después, a Zapatero le liman la «P» y lo reducen a una zeta jocosa e irritante. Z ya no es un político, sino una letra, una marca comercial resonante y juguetona. Distribuyen un vídeo en el que Zetanada se sonríe de sí mismo y parece abordar la vida con confianza y desenfado. Resulta muy curioso su empeño en hablar de una «España democrática», como si existiese otra. Me pregunto si no tratará de mantener fresco ese asunto que le impide conciliar el sueño por las noches, la Guerra Civil, la dictadura franquista, la reconciliación... y finalmente la vuelta a los orígenes. Pero no debe de irle tan mal, cuando sus secuaces y votantes han interiorizado el discurso y vuelven a insistir tontamente, una y otra vez, en las condenas al franquismo, en la Guerra Civil, en la Ley de la Memoria Histórica y en todas esas sandeces producidas por una ostensible perturbación mental.
El exhibicionismo del ego de Z en el vídeo de Z tiene las mismas cualidades que una película porno. Clasificado Z, el ñoño clip de Z exhibe la misma decadencia, la misma ausencia ética que una peli guarra. El problema, claro, es que Z ocupa la MonZloa.
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La obscena exposición en el museo Guggenheim de Bilbao, que los responsables de la institución defendieron en una rueda de prensa casi tan procaz como las propias fotografías y sus títulos, trajo a mi memoria aquel otro festival ofensivo para la dignidad humana que tuvo lugar en Ibiza bajo los auspicios de Sandra Conversaciones Privadas Mayans, el show del porno religioso. Sigo creyendo que la palabra «arte» se utiliza con excesiva prodigalidad.
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Hace una buena temporada me propuse escribir un par de entradas sobre celebridades conservadoras. Tras descubrir el magnífico blog Gente Contra Corriente gracias a un soplo del propio autor, creo que ya no existe necesidad de ofrecer mi versión de los hechos.
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