-¿Adónde crees tú que voy a llevar a un gilipollas indecente, a un fumeta izquierdoso como tú? Al calabozo. Y ahora entra en el coche.
Stephen King, Desesperación.
Lo siento, pero no pude resistirme.
Etiquetas: citas
-¿Adónde crees tú que voy a llevar a un gilipollas indecente, a un fumeta izquierdoso como tú? Al calabozo. Y ahora entra en el coche.
Stephen King, Desesperación.
Lo siento, pero no pude resistirme.
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J. K. Rowling Condones Euthanasia in Latest Book: "When Snape raises the question of possible damage to his own soul from killing Dumbledore, he replies; 'You alone know whether it will harm your soul to help an old man avoid pain and humiliation.... I ask this one great favor of you, Severus, because death is coming for me' with great inevitability (Deathly Hallows, p. 683, emphasis added). These, of course, are standard arguments for euthanasia. "
Sigue en The American Spectator.
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Editado: Correction: J. K. Rowling Advocates Physician-Assisted Suicide.
Etiquetas: literatura, outer-space
El dandy de las letras americanas, como suele llamársele, no es un hombre religioso, aunque afirma que se siente muy cómodo en compañía del tipo de gente religiosa que sus petulantes amigos de Nueva York se toman con una condescendencia suspicaz. Sea como fuere, Tom Wolfe escribió las siguientes interesantes líneas:
De repente tuve la visión de un edificio imponente derrumbándose y el hombre cayendo en picado al lodo primigenio. Lucha por mantenerse a flote, manotea, trata de respirar, se arrastra desesperadamente en el barro, hasta que advierte que algo enorme y sueva se acerca nadando a él y lo levanta, como un delfín todopoderoso. El hombre no alcanza a verlo, pero está impresionado. Lo llama Dios.
Tom Wolfe, «Lo lamento, pero su alma ha muerto», de El periodismo canalla y otros artículos.
La novela Clase nocturna de Tom Piccirilli me hizo pensar tres cosas mientras la aferraba entre las manos, las siguientes: que este escritor literalmente descomunal, robusto como un toro, posee nociones avanzadas sobre el tipo de escenas insólitas e insinuantes que hacen que se te hiele la sangre bajo la piel; que la prosa poética puede ser muy útil para reforzar la sensación de inquietud si uno es capaz de dominar las sutilezas del idioma; y que el lenguaje poético puede volverse lo bastante pesado para aplastar una trama como a una mosca de verano si no se emplea con moderación.
Sigue en CabezaBorradora.info.
Etiquetas: literatura, outer-space
Hace aproximadamente quince meses fui a parar por accidente a un post de un célebre blog español en el que el autor se preguntaba con toda solemnidad si la honestidad de los bloggers había llegado a su fin. A mí aquel título tan pomposo me llenó de una profunda emoción, pues de repente caía en la cuenta de que formaba parte de un club verdaderamente exclusivo: el de la gente digna. ¡Y para entrar tan sólo se requería escribir un blog, lo demás venía rodado! En fin, es de veras maravilloso cuando de la noche a la mañana te enteras de que no eres el demonio de la perversidad que hasta ese momento habías creído ser.
Sobra explicar que trataba de mostrarme sarcástico cuando escribí las líneas previas, pero con esto de los blogs nunca se sabe. Yo no creía ni remotamente en la existencia de una dignidad particular inherente a los blogs, aunque la autoindulgente teoría del bloguero me suscitó una reflexión que, de hecho, me ha servido para analizar y comprender un poco mejor porqué ciertas personas adoptan determinadas actitudes y convicciones ideológicas. Me refiero a que en no pocas ocasiones lo que presume ser una reflexión íntima, una opinión en sentido genuino, no es más que un santo y seña que le permite a uno formar parte de una comunidad en la que dicho lema es reconocido como un nexo de unión. Por ejemplo, el antiamericanismo que se materializó en forma del «no a la guerra» de Irak contó con su propio lema, una frase comercial confeccionada con el propósito no tanto de convencer ni de expresar una postura moral, como de reconocerse en público. «La guerra es ilegal, inmoral e injusta», solían exclamar quienes se oponían a Estados Unidos por la vía pacifista. Esa frasecilla redundante se convirtió en un mantra social y mediático --por aquel entonces ya no había ninguna diferencia-- que todo el mundo utilizaba para proclamar su compromiso moral. Y es que a todos nos gusta pensar que además de beber refrescos, comprar camisetas de moda y pagar entradas carísimas para entrar en las discotecas, tenemos una profunda veta ética en el fondo de nuestras vísceras. Algo parecido a lo que les sucede a las estrellas de Hollywood, cuyas viciosas vidas suelen ser reinterpretadas como un instrumento del cosmos para difundir la paz y el bien por el mundo. La Streisand, DiCaprio, Baldwin, Penn, esos conmovedores millonarios aparecen en televisión y lloriquean como magdalenas para quejarse ¡de las ventajas que ellos disfrutan inocentemente cada día: el dinero, la comodidad de las grandes mansiones rodeadas de exuberantes jardines y céspedes en mitad del desierto, la seguridad de no ser asaltado en plena calle por un psicópata homicida!
El problema reside en que cuando denuncias todo eso, los necios se confabulan contra ti (un céntimo para quien identifique la cita).
Pensé en este asunto varios días atrás mientras navegaba por Internet y me enteraba de que Tom Wolfe había pronunciado una controvertidas palabras, controvertidas y ásperas palabras, sobre los blogs y la wikipedia. Pero vayamos por puntos.
Tom Wolfe concedió una entrevista en 2005 al diario El País en la que manifestaba unas pocas perlas de pensamiento políticamente incorrecto, por lo menos entre los progres, como por ejemplo que Noam Chomsky era una especie de impostor presuntuoso (afirmación que resulta muy difícil rebatir, por otra parte). He releído esa entrevista en varias ocasiones y nunca dejo de disfrutarla. Sin embargo, una de las afirmaciones que mejor he recordado durante todo este tiempo ha sido la que realizaba en relación con los blogs. Se trataba de lo siguiente:
¿Qué problemas tiene el periodismo en EE UU? Ha habido crisis graves, desde la CBS hasta ‘The New York Times’…
El problema que tiene es muy sencillo: la gente se informa sobre todo a través de la televisión, porque es rápido, es fácil, no hay que leer nada, y las imágenes son excelentes. ¿De dónde saca la televisión la información? Las televisiones no tienen reporteros, tienen unos bustos parlantes en Washington y poco más. La televisión saca su información de los periódicos. Y cuando la televisión trata de conseguir una exclusiva, como la de la CBS y Dan Rather sobre Bush, siempre lo hace mal, porque no están acostumbrados al reportaje. Rather no tuvo culpa de lo que pasó, porque él es un busto parlante. En cuanto a los periódicos, por desgracia, se han convertido en monopolios locales. Salvo casos excepcionales, hay un solo diario por ciudad. En esta situación, ¿para qué necesitas cinco o seis reporteros para cubrir un área, con lo caro que es? Por tanto, hay una persona que cubre educación, una que cubre sucesos… Cuando yo trabajaba aquí había reporteros de sucesos en cada barrio, ahora hay uno solo para el departamento central de la policía. Eso significa que dependes de la policía para tu información. Nunca se habían cubierto tan pocas noticias en EE UU. Parece que son muchas, por el efecto de las cadenas de televisión, pero la información en televisión es una risa.
¿Qué medios le interesan?
Creo que hay unas cuantas publicaciones semanales buenas, y habría que crear más, porque atienden mejor la información que los grandes diarios no cubren. Y los blogs son, probablemente, algo bueno: toda esa gente que hace circular información. Seguramente es lo mejor que le ha ocurrido al periodismo. La mayoría de los blogs es una basura; pero, si se busca, siempre se puede encontrar algo interesante. Los blogs pueden reproducir rumores que la prensa no publica, pueden hacer muchas cosas. Son fuentes posibles que nos dan una información que no teníamos antes. Y hace falta más información.
Permitidme repetirlo, porque me será de mucha ayuda a partir de ahora:
Y los blogs son, probablemente, algo bueno: toda esa gente que hace circular información. Seguramente es lo mejor que le ha ocurrido al periodismo. La mayoría de los blogs es una basura; pero, si se busca, siempre se puede encontrar algo interesante. Los blogs pueden reproducir rumores que la prensa no publica, pueden hacer muchas cosas. Son fuentes posibles que nos dan una información que no teníamos antes. Y hace falta más información.
Como se ve, Wolfe asume una actitud favorable con respecto a los blogs, aunque toma la precaución de introducir alguna distancia, como por ejemplo cuando afirma que probablemente [pero no seguro] las bitácoras son algo bueno.
El pasado julio The Wall Street Journal publicó un artículo en el que varias personalidades relevantes en diferentes ámbitos de la sociedad --escritores, actores, expertos en tecnología, analistas políticos, etc.-- ofrecían su opinión sobre la explosión del fenómeno blog. La postura de Wolfe resultó bastante dura, y a no pocos blogueros les dolió en lo más profundo. El autor de La hoguera de las vanidades escribía lo siguiente:
One by one, Marshall McLuhan’s wackiest-seeming predictions come true. Forty years ago, he said that modern communications technology would turn the young into tribal primitives who pay attention not to objective "news" reports but only to what the drums say, i.e., rumors.
And there you have blogs. The universe of blogs is a universe of rumors, and the tribe likes it that way.
Blogs are an advance guard to the rear. For example, only a primitive would believe a word of Wikipedia (which, though not strictly a blog, shares the characteristics of the genre). The entry under my name says that in 2003 "major news media" broadcast reports of my death and that I telephoned Larry King and said, "I ain't dead yet, give me a little more time and no doubt it will become true."
Oddly, this news supposedly broadcast never reached my ears in any form whatsoever prior to the Wikipedia entry, and I wouldn't have a clue as to how to telephone Larry King. I wouldn't have called him, in any case. I would have called my internist. I don't so much mind Wikipedia's recording of news that nobody ever disseminated in the first place as I do the lame comment attributed to me. I wouldn't say "I ain't" even if I were singing a country music song. In fact, I have posted a $5,000 reward for anyone who can write a song containing the verb forms "am not," "doesn't," or "isn't" that makes the Billboard Top Twenty.
Heavy, ¿verdad? Incluso podría pensarse que Wolfe ha cambiado radicalmente de opinión durante los dos últimos años, aunque, como mencioné varias líneas arriba, el hombre de blanco había tomado algunas precauciones en la entrevista publicada por El País.
Pese a lo que pudiera parecer, a Wolfe no puede acusársele de despreciar los blogs en favor de los medios de comunicación convencionales, pues de estos alberga una opinión sumamente desfavorable. Sencillamente ha expuesto a las claras un fenómeno global que tarde o temprano nos veremos forzados a abordar de frente, y se trata de hasta qué punto podemos depositar nuestra fe en los blogs. No hablo de aquellos diarios personales en los que uno se limita a regalar su opinión a un mundo que no le escucha, o a aquellos otros que disfrutar impúdicamente compartiendo su intimidad, sino a los blogs que se han convertido en referentes informativos. No es un problema nuevo, desde luego: el cine constituye otra dudosa fuente de conocimientos: tras ver JFK, todo el mundo se mostró convencido de que una conspiración al más alto nivel se había puesto en marcha para liquidar a ese simpático católico llamado John Fitzgerald Kennedy. Leyendo primero y viendo después El código Da Vinci, medio planeta llegó a la conclusión de que verdaderamente cabía la posibilidad de que Jesucristo hubiese tenido hijos. Y así hasta el infinito. Y es que, después de todo, puede que los blogs no vayan a obligarnos a ser... bueno, ya me entendéis... un poco más honestos...
Cuando el cardenal protodiácono Jorge Arturo Medina Estévez salió al balcón abierto a la Plaza de San Pedro y pronunció el último «Habemus Papam» oído hasta hoy por el orbe católico, en referencia al nuevo Sucesor de Pedro, Benedicto XVI, yo permanecía sentado eufórico en el borde del sofá del salón de mi casa, sonriendo felizmente y con los ojos clavados en la pantalla del televisor. No solo el Navío católico contaba con un nuevo timonel, sino que los progres de todo el mundo habían tomado dos tazas de té bien caliente.
Fue una época extraña para mí, y ciertamente interesante para todo el mundo, que parecía haberse detenido y puesto la mirada en el Vaticano: el pequeño estado gobernado por el Papa se había convertido en el único punto de atención verdaderamente relevante en todo el planeta.
Los días transcurrieron lentamente, y todos conocíamos el primero de los inevitables desenlaces. La muerte de Juan Pablo II fue recibida con tristeza por la gente de bien, y con una miserable alegría por los ímprobos. Tras su marcha de regreso a la Casa del Padre, el segundo final había de ser resuelto: se precisaba un líder para los cientos de millones de católicos del mundo.
Se hicieron tantas apuestas que uno cayó enseguida en la cuenta de que la mayoría de ellas no tenía demasiado sentido: todas las propuestas se planteaban desde un punto de vista político, y pocas de ellas entraban en consideraciones religiosas: ¿cuál es la Voluntad de Dios? Sólo Él la conoce. Sin embargo, eso no fue obstáculo para que las bocas de los orgullosos e improvisados expertos en ciencias vaticanas, por decirlo de algún modo, realizasen sus cábalas y manifestasen una variedad inagotable de argumentos y posibilidades.
El recuerdo más intenso y divertido que conservo de aquellos días de tristeza y felicidad simultáneas es la buena disposición de los progres a ofrecer sus consejos socio–teológicos a una Iglesia a la que por aquel entonces despreciaban casi tanto como la desprecian hoy.
Los amables ateos solían actuar en base a una premisa fundamental: que la Iglesia carece de fondo moral absoluto --concepto éste que se niegan obcecadamente a asimilar y a tomar en consideración--, de modo que da lo mismo ocho que ochenta: urgía un cambio de rumbo radical, incluso aunque eso supusiera alejarse de los principios que la Madre romana había sostenidos durante los últimos dos milenios.
En lugar de servir a Dios y de someterse a una estructura de pensamiento que bastante a menudo, por no decir siempre, resulta impopular y políticamente incorrecta, la Iglesia había de aproximarse a lo que los progres consideran los usos de la modernidad, fundamentalmente la promoción de métodos anticonceptivos y el aborto. Afirmaban, pues, que para que la Iglesia recobrase un papel destacado en la vida cotidiana de los occidentales, debía adaptarse a los tiempos de hoy. Y eso se conseguía, decían, aceptando lo que la sociedad había aceptado primero. ¡Maravilloso! ¿Quién necesita las enseñanzas expresadas en la Biblia cuando se puede ser cool tirando por la borda dos mil años de existencia, y haciendo suyo el aborto, la militancia homosexual y todo eso? Claro está que los progres se habían descrito: habían vuelto sus cartas y dejado claro aquello que subyace bajo toda esa vacía palabrería a la que son tan aficionados: los principios son arbitrarios, intercambiables, como piezas de un juego de Lego, el único factor a tener en cuenta es el éxito social, o, por decirlo de otro modo, la aproximación al Poder. Típico.
Una vez que todos teníamos claro el nuevo rumbo... un rumbo verdaderamente rompedor, desde luego... que debía asumir la Iglesia, era el momento de plantearlo de manera práctica. Por tanto, los cardenales reunidos en cónclave habían de aprovechar la oportunidad de elegir al Papa más izquierdista posible. Un teólogo de la liberación, a ser posible, un tipo moderno, tal vez homosexual, que se preocupara por los pobres niños hambrientos del Tercer Mundo --a diferencia del malvado Juan Pablo II, famoso por su absoluta falta de caridad cristiana--. Lo cual es fantástico, claro: todos sabemos que los hispanoamericanos y los africanos son personas sumamente respetuosas con la homosexualidad, los derechos de las mujeres y, por qué no, con el consumo de drogas. Los africanos son, digámoslo así, ciudadanos particularmente progres: cada mañana, mientras se toman el café, pasan las páginas de El País y dedican tiernos poemas a las madres solteras. Un Papa rodeado de los Village People los seduciría al instante, y todos felices. Lo mismo que simpáticos progres fumados de maría.
Así estaban las cosas cuando los príncipes de la Iglesia se recluyeron en el Vaticano y alrededores para realizar la delicada tarea de identificar al Papa más adecuado para estos difíciles tiempos que nos ha tocado vivir. Alguien brillante y tenaz, claro, un hombre virtuoso y célebre por su refinamiento intelectual. Ni que decir tiene que Joseph Ratzinger era el candidato ideal. Se ajustaba perfectamente al perfil dibujado por los progres... en sus visiones del Anticristo. Y así salieron las cosas. El mundo obtuvo una mente capaz de hacer frente a los envites del mundo moderno: el relativismo moral, la deriva de la fe, la incapacidad política de medio Occidente, la cobardía y el auto–desprecio europeo. Y los progres obtuvieron el enemigo perfecto para seguir expresando enfáticamente su odio... entre calada y calada. Supongo que, en el fondo, todos quedamos contentos: los virtuosos, porque un hombre excepcional había sido designado para asumir el mando de una tarea espiritual de terrible magnitud, y los réprobos, porque tenían un buen motivo para continuar quejándose en las columnas publicadas por el diario El País.
Etiquetas: Iglesia, progreparanoia, progres, religión
Varios meses atrás me habitué a perder el tiempo echándole un vistazo a la tertulia La mirada crítica de Telecinco, el programa de análisis político y entrevistas presentado por Vicente Vallés. (Curiosamente, este tipo de enormes ojos azules y cara de niño bueno cae bien a casi todo el mundo, aunque de hecho se trata de un mandamás de los medios desinformativos de «la cadena amiga», que es también la cadena del despiporre y el despelote y la zafiedad y todo lo demás.) Lo interesante de la edición que tengo en mente es que algún pirado había solicitado que la catedral de Córdoba fuera utilizada ecuménicamente (¡ecuménicamente!) para celebrar cultos islamistas, asunto éste que había suscitado una cierta polémica. Bien, Vallés preguntó a los tertulianos qué opinión tenían respecto a esta cuestión, y uno a uno los tres tristes tigres la fueron manifestando con esa explosiva alegría de vivir que parecen compartir todos los analistas políticos televisivos, que son algo así como el equivalente moderno y pseudo–racional de los hechiceros y los echadores de runas de nuestros ancestros. Hasta donde recuerdo, uno de los felices gnomos del Tío Vinnie sostuvo que la petición de los musulmanes tenía sentido, y que a la Iglesia católica se le presentaba una oportunidad magnífica de contribuir al entendimiento de las civilizaciones, lo cual, traducido al lenguaje honesto de los blogs --por lo menos, de este blog-- significaba lo siguiente: la Iglesia ha tocado los co****s durante los últimos dos mil años, quizá le haya llegado el momento de dejar de comportarse como una vieja beata melindrosa y de besarnos el culo a nos los progres, que somos muy guapos y nos vaporizamos el pelo de laca con muchísima gracia.
La segunda tertuliana se mostró cansada de que tengamos que ser siempre los occidentales quienes damos el brazo a torcer, y que había sobrevenido la hora de exigirles a las naciones islamistas que permitan celebrar cultos cristianos en sus tierras abundantes en petróleo y dátiles.
Por último, un tipo elegante, engominado y con tupido bigote negro explicó que era posible llegar a un acuerdo en relación con esa oferta de fraternidad religiosa, y que ceder un rincón de la catedral de Córdoba para uso musulmán tal vez derivaría en, bueno, un paso más hacia la amistad.
Resulta obvio que mi opinión se aproxima, al menos si me veo forzado a elegir, a la posición de la tertuliana, pero en ese caso tendría que renunciar al contenido de esta entrada. Y es que esas tres lumbreras habían pasado por alto un elemento fundamental de la discusión: el factor espiritual.
El problema que discuto afecta a prácticamente todos los ateos y agnósticos e incluso a buena parte de quienes profesan alguna fe. Y es que pasan por alto que la religión es, por así definirla, el modo en que se organiza y experimenta en comunidad una serie de creencias sobrenaturales. Es decir, no se trata de un club social en el que se reúnen ciudadanos con determinados intereses comunes, sino un reflejo materializado de una vivencia extremadamente íntima y de naturaleza trascendente. O dicho con toda sencillez y reduciéndolo al contexto católico: la Iglesia no es un templo de piedra ni un concurso de normas arbitrarias que pueden adaptarse a las circunstancias; la Iglesia es el reflejo de la Voluntad de Dios. No se pone al servicio de los intereses de los hombres, sino que sirve humildemente a una Verdad universal y absoluta que jamás cambia, que fue antes de los tiempos y que permanecerá perfecta e infalible cuando todo este universo se haya ido al infierno.
Los tres tertulianos consideraban la catedral de Córdoba un instrumento al servicio de necesidades puramente humanas, negándoles la trascendencia y la faceta espiritual. Ni puedo exigir ni exijo que crean el contenido específico de la doctrina católica, faltaría más, pero sí puedo conminarles a que nos tomen en consideración a nosotros, las personas de fe. Y la idea es que si se presta un recinto consagrado católico a cualquier religión diferente de la apostólica romana, entonces se profana dicho recinto. Esos ateos, y también los falsos creyentes que combinan accesoriamente la Resurrección de Jesucristo con, pongamos por caso, la reencarnación budista, afirmarán probablemente que Dios desearía sin duda que se prestasen los templos a Él consagrados en beneficio de la Paz. ¡Acabáramos!, los ateos siempre están dispuestos a interpretar el pensamiento de un Dios en el que no creen y cuya Gloria rechazan, y de Quien sospechan que, de existir, sería una especie de Súper Zapatero Intergaláctico de quien todo el mundo se ríe a sus espaldas.
Ocurre tan a menudo que a estas alturas nadie se esfuerza en resolver el entuerto: los descreídos consideran la fe como una excentricidad política, una convicción casual e irrelevante que contribuye a hacer más llevadera la vida cotidiana. Raramente tienen en cuenta, por supuesto, que quienes albergamos creencias religiosas observamos lo que ocurre en este mundo, nuestra propia vida y la de nuestros congéneres, desde dos puntos de vista: el estrictamente terrenal, cuyo sentido práctico cobra importancia en el día a día; y el espiritual, que además de influir con mayor o menor intensidad en los actos de nuestra vida diaria, nos hace conscientes de una existencia que se desplaza sobre nuestras cabezas, a través del tiempo. Y esas dos estructuras de nuestra existencia están tan imbricadas que tratar de separarlas tan sólo conduce a la frustración o, lo que es peor, a un desastre moral.
Lo cual me lleva a pensar en la influencia que esa tosca manera de observar la religión tiene sobre la relación del mundo occidental, y en especial de los progres, con la Iglesia católica, aunque de eso escribiré mañana.
Etiquetas: Cristianismo, Iglesia, islamismo, progres, religión, telecinco
Supongo que los motivos que le hacen a uno disfrutar de una novela son tan diversos como la propia variedad humana, y, aunque ciertamente esta premisa es utilizada a menudo para justificar la existencia incluso de los libros más inmundos, no tengo intención de transitar en este momento por ese camino. Hay novelas buenas y novelas malas, novelas buenas aburridas y novelas malas absorbentes. No siempre es fácil optar por la primera opción, pues, ¿no debe ser gozo, incluso en sus manifestaciones más melancólicas y tristes, lo que debe proporcionar un autor de ficción a su lector? Sin duda que ésa es precisamente mi opinión, y ha resultado oportuno que, a lo largo de mi vida como devorador de libros, los escritores que más profundamente han cavado en mi carácter hayan compartido esta teoría: lo primero, el entretenimiento.
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El forzudo y todopoderoso propietario de la WWE se dejó ver en los minutos previos al primer combate Pressing Catch de ayer, así como cuando éste tocaba a su fin: con todos ustedes, ¡Mr. McMahon!
La cosa es que McMahon y Donald Trump, el multimillonario neoyorquino, se han apostado raparse el pelo a un combate que habrá de reunir al samoano Umaga, representando a McMahon, y a Bobby Lashley, quien tendrá el (des)honor de defender los intereses de Trump. Pues bien, McMahon hizo ayer de las suyas y enfrentó a un solitario Lashley con la pareja formada por Randy Orton y Mr. Kennedy, quienes no hicieron buenas migas en un primer momento; sin embargo, la presión ejercida por el jefazo y una cierta astucia de parte de Orton los hicieron entrar en razón.
A pesar del enérgico comienzo de Lashley, el tag Orton–Kennedy puso todo su empeño en complacer a McMahon, y dieron cuenta del gigante negro con el mismo apetito devorador de un tigre zampándose un [aquí tu animal favorito]. Sin embargo, Lashley no fue sometido a la humillación final que sus oponentes se proponían aplicarle, y de hecho fueron ellos quienes se comieron con patatas las dos mesas que previamente habían sacado de debajo del cuadrilátero para machacarle los huesos a Lashley. Por cierto, McMahon hizo acto de presencia por segunda vez para contemplar los minutos finales del encuentro, pero mucho me temo que el espectáculo que se vio obligado a tragarse debió de causarle una severa indigestión. Mas ¿a quién le importa? Todo el mundo sabe que Mr. McMahon es maaalvaaadooooo...
Algo menos vibrante fue la lucha de los Vitamínicos, que salieron vencedores haciendo uso de una profusión de patadas voladoras, contra los MNM. Nada memorable, ni siquiera las peleas de gatas que sus divas acompañantes se empeñan en disputar cada vez que se encuentran. Si debo ser honesto, esas disputas no me interesan en absoluto, aunque, por otro lado, no me cuesta admitir que las nenas realizan un buen trabajo cuando se lo proponen.
El día culminó apoteósicamente con un previsible por un lado, y excéntrico por otro, combate de parejas: Batista/ Undertaker versus Finley/ Rey Booker. No está mal, ¿eh? Obviamente se trataba de una compensación por la tramposa lucha de hace unos días, cuando Finley se inmiscuyó ilegítimamente en el Undertaker/ Booker que describí aquí.
Sin embargo, los acontecimientos de la jornada no se desarrollaron según lo previsto, y los nunca–confiables Booker y Finley aplicaron una terrible paliza a Batista en los pasillos del centro de celebración antes del fiestorro, de modo que el Animal Batista no se presentó, dejando a solas, aunque no desamparado, a un Enterrador pleno de energía que inició el combate incluso antes de que sonara la campana. Pero aquello fue demasiado aun para Under, y a pesar de su resistencia y de su capacidad para embestir en las condiciones más adversas, el rey y el irlandés lo derribaron una y otra vez. Hasta que, sorpresivamente, Batista se dejó ver. Conquistó el ring corriendo como una mala bestia, y tanto él como Undertaker dieron de sopapos a sus contrincantes hasta que no les quedó resuello. Durante los minutos finales, con los dos gigantes trabajando a plena potencia, Undertaker alzó a Finley a fin de ejecutarle un severo quebranta cuellos, pero Batista arrojó a Booker contra la enorme torre formada por Undertaker y Finley con catastrófico resultado. Excepción hecha por Dave, todos mordieron el polvo. Batista se marchó tras tomarse la revancha y Undertaker lo retó con una mirada ultraterrena. A propósito, el Enterrador venció por descalificación de Finley, quien había sacado su makelele para equilibrar fuerzas, por así decir, justo antes de la irrupción de Batista.
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Dos de mis compañeros de clase y yo íbamos caminando por una de las anchas avenidas sevillanas próximas a la facultad donde estudiábamos. Ambos muchachos eran verdaderamente bondadosos y, aunque hace años que no los veo y más o menos catorce meses que no cruzo unos mensajes electrónicos con ellos, todavía los recuerdo con una cierta calidez. Bien, allí estábamos, con nuestras carpetas, nuestros apuntes, todo eso, echando unas risas y compartiendo una conversación. En algún momento debí de preguntarles qué opinión tenían de Estados Unidos, a lo que uno de ellos respondió que ese país había cometido demasiadas «maldades». Yo no respondí, quizá porque no me apetecía enfrascarme en una conversación que, tal y como yo lo veía, estaba condenada al fracaso, por cuanto el antiamericanismo raramente cede terreno ante argumentos racionales. «Las cosas son así, y así están bien», suelen pensar reaccionariamente aquellos fieles de la secta USA es Gran Ramera Babilónica.
En rigor, mi compañero de clase llevaba razón. Estados Unidos ha cometido algunos errores, y en algún caso seguramente alguna inmoralidad. (Trato de conciliar los conceptos de «error» y «maldad», que fue la palabra empleada por el señor X.) No sólo EE.UU. no es infalible, sino que ni siquiera tenemos derecho a exigírselo: el error es connatural a la especie humana. Así lo afirmaba el Santo Padre Benedicto XVI cuando mantenía que exigir perfección a un gobernante es un acto poco caritativo, injusto, cruel, pues se le carga con un peso que ninguna espalda humana puede soportar.
Lo interesante es que, para ser respetuosos con lo verdad, no hay ningún país merecedor de mención que no albergue bajo la alfombra del salón de su casa alguna tropelía. Los europeos en particular tenemos un par de feos asuntos alojados como tumores en las páginas de nuestra historia, si bien nunca le echamos un vistazo, ya sea por chovinismo infantil o necedad, ya sea porque los europeos somos cualquier cosa menos europeos: constituimos una suerte de ingente Masa Cómoda sin carácter ni personalidad. Lo que trato de decir es que no consultamos las líneas de la Historia del Viejo Continente porque, sencillamente, no la consideramos nuestra. Sólo así se explica nuestra pasividad frente a la rápida, agresiva y manifiesta presión de los islamistas. (He caído en la trampa y he reproducido un eufemismo vergonzoso al llamar «presión» a la incontrovertible invasión. Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa.)
Tampoco el misterioso Japón es santo en un mundo de réprobos, y ciertamente China no se escapa de esta esfera de malevolencias y villanías. Las tribus africanas tenían muy malas pulgas cuando los colonizadores afianzamos nuestras botas en sus territorios, y desde luego que los países que han germinado desde aquellos polvos no son un ejemplo de inocencia y bondad cristiana.
Así que aquí lo tenemos, un planeta repleto de países que han cometido, por citar literalmente a mi ex compañero de clase, «muchas maldades», verdaderas atrocidades, para ser exactos, pero raramente desplazamos el foco de atención demasiado lejos de los USA.
Es un hecho fuera de discusión que esa manera maniquea de ver el mundo y de juzgar a los Estados Unidos pasa por alto numerosas consideraciones (las más importantes). Por ejemplo, que Estados Unidos es una democracia cabal y consistente, y que cualquier infamia es noblemente despreciada y castigada por un pueblo envidiablemente dotado de un fuerte sentido de la justicia. Lo cual es lo mismo que decir que los errores cometidos por Estados Unidos son sometidos a análisis por sus propios ciudadanos con una apretada minuciosidad; lamentablemente, no podemos afirmar lo mismo de todas las naciones. Y me refiero tan sólo a aquellas en la que hay implantado un sistema político democrático, pues en las demás la crítica es siempre interpretada como una traición, y los felones son a menudo encerrados en cárceles infernales o sumariamente ejecutados. Sin embargo, esos países permanecen sumidos en la sombra de la inopia occidental: mientras tanto, los ojos siguen fijos en el poderoso lomo de lo que ellos denominan peyorativamente el Imperio. (¡Oh, si el ardiente brillo de este faro alcanzase aún más lejos, hasta el último rincón del planeta, con la fuerza del Sol!)
Todos los países cuentan en su diario de viaje con alguna zona roja de la que avergonzarse, pero pocos son los que han proporcionado tanto bien al mundo como los Estados Unidos: una profunda convicción en la democracia, un valor envidiable, la disposición para luchar en favor de los más altos ideales, ¡iluminados por un cristianismo más profundo que la cálida sangre!
Y, no obstante, los ojos de los ociosos siguen contemplando las vastas tierras de esa joya de Occidente con un resentimiento tan intenso que les hace temblar las piernas y convulsionarse sus corazones. Frente a las razones de la inteligencia, que tan favorablemente observan las cualidades de USA, ellos elevan los lemas y las ponzoñas morales del antiamericanismo no sólo para protagonizar una existencia cómoda en una vida de frases hechas, sino también para moverse libremente en una sociedad suciamente prejuiciosa. Es más fácil hacerse respetar afirmando que la Tierra es plana que manifestando admiración por los Estados Unidos de América. Encapsulado en las vísceras, el antiamericanismo hace sentirse comprometidos a los necios...
Etiquetas: antiamericanismo, personal, USA
SmackDown ofrece al paladar todos los sabores exóticos que uno está dispuesto a degustar, y la celebración emitida ayer es la prueba de que lo afirmo es cierto. ¿Acaso os mentiría yo, un inocente neoconservador? Y si no es así, ¿cómo describir a los Travoltas, dos tipos más chulos que un ocho, engominado el cabello y engalanados con brillantes chupas de cuero negro, que viajan en Cadillac descapotable rojo acompañados de Sherry, una chica... bueno, un poco ligera de cascos? Sin embargo, ayer tan sólo combatió Deuce, vacilón entre vacilones, a quien no le sentó nada bien que Dave Batista coquetear impúdicamente con su nena. A continuación ocurrió lo que tenía que ocurrir, claro, pues la hembra es cosa sagrada. (Las alarmas feministas de Internet deben de estar echando humo en este momento.)
Deuce agredió primero y sacó provecho de su ventaja para reducir a un Batista decepcionantemente llorica, que tras un barrido de golpes y empellones contra los postes terminó revolcándose en la lona. Una escena bastante triste, si debo ser franco, sobre todo después de la entrada triunfal de Batista en el auditorio: este tipo es cada día más elegante. Por otro lado, resultaba inevitable que alguien diese la vuelta a la tortilla, y después de un breve aunque amable rifirrafe, Dave dio fin al asunto aplicando una severísima Bomba Batista a Deuce. Deuce perdió el conocimiento, derribado cuan largo era, y la lucha se la llevaron Batista y su BOM-BOM–BOMBA.
Acto seguido asistimos a un desafío 100% grotesco: Jamie Noble ansiaba con todas sus fuerzas recuperar el trofeo que el duendecillo verde, el enano propiedad de Finley, le había arrebatado de manera harto extraña en un combate previo. El espectáculo tuvo más de circo y de barraca que feria que de lucha libre, pero me siento en la obligación de reconocer que la cosa tuvo su gracia. Jugaron un poco al escondite, a inspirar compasión, a buscarse debajo del cuadrilátero y a perseguirse alrededor del ring hasta que el final cayó como una losa sobre Noble: descalificado. Y es que había permanecido demasiado tiempo fuera del ring: el enano había ganado la superficie en el último segundo. Noble fue un verdadero pardillo, y el enano sigue provocándome un poco de miedo: quizá deba consultar a un psiquiatra.
Contemplamos a continuación un dos contra dos: a mi dereechaaaa, Matt Hardy y el MÍTICO Ric Flair, pelo rubio oxigenado y divertidamente pomposo; Flair iba ataviado con un exuberante traje que en tiempos debió de pertenecer a Elvis Presley. Por el otro lado, el cobarde MVP y un tal Chris Masters (aunque podría haber sido cualquier otro). Hardy y Flair subieron al cuadrilátero realizando bailes muy modernos --o sea, más retro que los pantalones de campana-- y Flair dejó escapar algún WOOOOH híper atiplado. Vencieron Hardy y Flair tras un enfrentamiento que no dejó huella. Eso sí, tras la lucha MVP se alejó de la caja y recordó a Hardy que a quien había vencido era a Masters, pero no a él, que MVP le podía, y Hardy, aplicando las mandíbulas, lo desafió a un cuerpo a cuerpo: ni que decir tiene que MVP puso el culo.
Por último, guateque punjabi en el cuadrilátero para festejar que el Gran Khali había vencido a Batista y a 40 y que se había llevado de calle el trofeo. Khali, que además de feo es verdaderamente enorme, echó un bailecillo de vergüenza ajena mientras las presuntas indias (una de ellas, ¡rubia!) vestidas de vivos colores gritaban de gozo a su alrededor. Pues muy bien.
Batista se dejó ver el pelo de nuevo para retar a Khali a un nuevo combate, pero, ¿para qué voy a sudar si yo ya tengo lo que quiero, mi cinturón talla ballenato?, debió de pensar GK. Y ahí quedó la cosa. Batista, estamos contigo, tío.
Etiquetas: batista, enano, gran khali, jamie noble, matt hardy, ric flair, Travoltas
Las cosas funcionan del siguiente modo: durante toda tu adolescencia idolatras a un escritor --sí, yo fui ese tipo de muchacho-- y cuando creces, maduras y experimentas las primeras pulsiones suicidas, descubres que otros novelistas se han adueñado del lugar de tu corazón que hasta ese momento había ocupado... bueno, digamos que Stephen King. Si a eso le sumas que a estas alturas la antigua estrella tan sólo escribe basura, entonces la decepción abre una profunda fisura en tu estómago y tú miras para otro lado.
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Etiquetas: Stephen King
Aunque suelo referirme genéricamente a los espectáculos de Pressing Catch como SmackDawn, el hecho es que la WWE tiene dos franquicias diferentes --a menos que me equivoque, lo cual resulta bastante probable; no he visto una organización y una estructura de campeonatos tan confusas en toda mi vida--. Una de tales franquicias es SmackDown, de la que forman parte algunos de mis luchadores predilectos: brinda siempre al menos un combate que le hace a uno saltar del asiento como propulsado por un resorte. La lucha Booker versus Undertaker de hace un par de días es el ejemplo perfecto de lo que SmackDown tiene que ofrecer: a medida que pasaban los segundos de sobrecogedor enfrentamiento, mi corazón cobraba velocidad y yo terminé haciendo aspavientos frente al televisor y rogando para que el Enterrador se recuperase y diese su merecido tanto a su oponente legítimo, Rey Booker, como al intruso, Finley. Y luego está RAW, de la que poco sé. Insisto en que Vince McMahon, el mandamás de la Word Wrestling Entertainment, lo ha montado todo de forma tan enrevesada que es casi imposible trazarse un paisaje mental.
El caso es que la celebración emitida ayer desde Sacramento, capital de California --región occidental de los Estados Unidos, juas--, fue tan tediosa y decepcionante que sentí ganas de arrojar la mesa contra el televisor. Incluso los comentaristas, Fernando Fernandito Costilla y Héctor del Mar, parecían aburridos. Tuvo, sin embargo, algunos buenos momentos, y me alegró que se me presentara la oportunidad de ver por primera vez combatir a algunos tipos duros que sólo conocía de referencias. (Si alguien cree que exagero con eso de «tipos duros», debería consultar sus biografías: la mitad de esos tíos ha pasado por la cárcel, y uno de ellos, Benoit, asesinó presuntamentea su hijo, a su mujer y acto seguido se suicidó pocos meses atrás.)
En fin, un histérico Carlito Manzanita, con sus ceñidos pantaloncillos verdes y su enternecedora melenilla afro, luchó un dos contra dos tan soso que daban deseos de echarse a llorar. Sin embargo, cuando la sesión llegó a su fin a favor de Carlito y su pareja, los dos luchadores se encaminaron al backstage, donde Carlito mordió un pero, se dio cuenta de que tenía mal sabor y, dándose la vuelta, escupió la masa masticada contra el suelo. O eso esperaba él, porque el material impactó contra la rígida cabeza de Bobby Lashley --un luchador de primera--, y Carlitos se vio forzado a huir como alma que lleva el diablo. Conquistó el ring y, ejecutando verdaderos malabarismos con su lengua --habla rápido como el rayo--, se disculpó una y mil veces ante Lashley, un negrazo todo músculos, pero éste no se dio por satisfecho y arrancó así una lucha vista y no vista: en cuestión de segundos, Carlito había mordido lona. Una pena.
Sin embargo, estuvo mejor el combate Randy Orton contra Cody Rhodes. Los dos parecen poca cosa si se les compara con sus mayores, pero de todos modos poseen cuerpos equipados con sólidas musculaturas. No para vencer a los gigantes, pero no están mal. Eso sí, Cody tendrá que curtirse un poco: recibió una paliza de mil demonios. Apenas opuso resistencia. Y perdió, claro, aunque ofreció un buen espectáculo: fuerte y resistente como una rama de olivo, pero al final cedió. De modo que Randy tendrá que vérselas con John Cena en un futuro cercano. Lo curioso de la escena es que el padre de Cody, un tipo obeso con muy malas pulgas, subió al escenario para socorrer a su cachorro, y aplicó una serie de izquierdazos consecutivos, tipo ametralladora, y un codazo final a Randy, quien sucumbió y fue a parar fuera del cuadrilátero.
La lucha final tuvo como protagonistas a John Cena y su compañera, una diva pelín cobarde --normal, los adversarios eran auténticos trolls--, y al samoano Umaga con sus colegas. Combate algo tedioso, si bien la sorpresiva entrada de Jeff Hardy, hermano de Matt Hardy, inoculó un poco de energía a la escena: los sillazos a Umaga fueron casi tan impactantes como el modo en que, cuando el samoano trató de alzarlo en vilo, Hardy recobró el control mediante un movimiento de lo más ingenioso. Mientras tanto, Cena conquistó la lucha. Combate para él.
Por cierto que Hardy había peleado previamente contra Mr. Kennedy, venciendo por tecnicismos de la lucha libre tras una lidia protagonizada por abundantes torsiones de brazo.
Y por último, aunque no en este orden, el Rey Booker vaciló al respetable y a uno de los comentaristas --Jerry el Rey Lawler, ex luchador--, quien tras enfadarse y arrojar al monarca fuera del ring, le lanzó una bandeja de fruta sobre la cabeza. ¡¡¡Genial!!!
Etiquetas: Carlitos, Cody Rhodes, Jeff Hardy, John Cena, Randy Orton, rey booker, SmackDown, Umaga
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