Publicado el sábado 1 de septiembre de 2007 a las 9:36 || Permalink

La soledad de la Madre Teresa de Calcuta

They say people in hell suffer eternal pain because of the loss of God. ... In my soul I feel just this terrible pain of loss, of God not wanting me, of God not being God, of God not really existing. Jesus please forgive the blasphemy.

Las cartas que la Madre Teresa de Calcuta envió a lo largo de su vida a sus consejeros espirituales, y sobre las cuales impuso la condición de que fueran destruidas, han sido recopiladas y publicadas recientemente [en breve] en un polémico libro que en opinión de algunos ofrece una nueva perspectiva, maravillosa y sorprendente a un tiempo, de la intimidad más profunda de la Madre Teresa; según otros, como por ejemplo el marchante del mercado ateo Christopher Hitchens, quien imprimió su postura en las páginas de la progre Newsweek (basta leer la siguiente propaganda: «Making socialism work» sobre un favorecedor retrato de Zapatero, ¡en portada!), se preguntan cómo interpretar esto, aunque ninguna de las posibilidades que sugiere Hitchens suena demasiado benéfica: por un lado sostiene que la Iglesia ha querido sacar partido de la anciana transformándola en un objeto de consumo de masas; y por otro se inquiere si los romanos no estarán cometiendo el error de luchar contra la evidencia atea de la propia Madre Teresa de Calcuta. Bien, sería injusto omitir que Hitchens es, como mencioné líneas atrás, un beneficiario del creciente centro comercial en el que se ha convertido el ateísmo internacional, con Dawkins, Harris y demás ralea haciendo caja y carcajeándose insolentemente de la religión, a la que detestan en el mejor de los casos, y a la que consideran una bruja malévola en el peor. (Irónicamente, el hermano menor de CH, Peter, es un hombre religioso y socialconservador. Juguemos a identificar a la oveja negra de la familia.)

Las excentricidades de Ateo Hitchens han sido rebatidas elocuentemente en diversos ámbitos, aunque quizá una de las réplicas más persuasivas sea la que el teólogo Dr. Anthony Lilles ha publicado a través del blog del conservador Hugh Hewitt. Digamos que Lilles somete a Christopher Religion Sucks! Hitchens a un barrido de sopapos más bien psicológicos y sociológicos, y teológicos llegado el momento propicio. Utiliza Lilles uno de los argumentos que yo suelo emplear cuando me enfrento a los sin–Dios, y se trata de la incapacidad y la autoindulgente ofuscación manifestada por estos para comprender la fe en toda su magnitud. Por supuesto no puedo exigir a nadie que la experimente, pero sí que realice un esfuerzo para entender las dimensiones y hondura de mis motivos.

Sin embargo, no estoy seguro de que Hitchens posea la altura moral necesaria para percibir los pliegues ni las sutilezas de la fe, ni para comprender que la duda forma parte de la pasión religiosa del mismo modo que la inquietud se compromete con la búsqueda del conocimiento.

En realidad todo este asunto es irrelevante desde el punto de vista del conflicto convicción – ateísmo, y de hecho no es nada nuevo. A la Madre Teresa de Calcuta intentaron ya mancillarla con todo tipo de argucias hace tiempo: y es que su convencimiento de que el aborto es una aberración de proporciones cósmicas no es plato de buen gusto en nuestros días. Hace unos meses, tal vez un año, Baltasar Magro entrevistó a un famoso escritor que había conocido a la Madre Teresa, y se esforzó sin éxito en desatar una polémica con su invitado afirmando que, después de todo, la buena mujer cometió en su momento gravísimos errores que probablemente costaron infinidad de vidas. Afirmaba Magro que la Madre Teresa debió de aprovechar las ventajas que ofrecen los medios de comunicación de masas para hacer notar el hambre en la India. Claro que a Juan Pablo II lo tachaban de arrogante por utilizar los mass media para difundir la buena nueva de la Iglesia. Aclaraos de una vez, maldita sea.

Craig se larga.

A guisa de posdata: leo en Fox News online, vía PajamasMedia.com, y en elmundo.es que Larry Craig, el senador republicano por el Estado de Idaho al que multaron por conducta indecente en un aeropuerto de Minnesota, ha decidido darse el piro, como le exigían tanto sus compañeros de partido como sus votantes. No es oficial, pero supongo que a estas alturas su caída es inevitable. Sin embargo, hoy me he preguntado: ¿es posible que un caso de semejante magnitud pudiera ser fruto de una gran mentira a la que habríamos sucumbido incluso los conservadores? No lo afirmo, es sólo una inquietud absolutamente abstracta.

No hace mucho tiempo, Larry Craig sonreía.

Por cierto que tenía intención de escribir una entrada sobre los conservadores en la industria del cine --he pasado un rato recopilando información--, pero tal vez lo deje para mañana. Estoy un poco cansado para meter mano a un post de envergadura, y el peliagudo asunto de la Madre Teresa de Calcula se interpuso desde Christinity Today. ¡Feliz fin de semana!

Nota: ¿Norman Hsu? Generoso contribuyente de la campaña de la señora Clinton... con oscuro pasado. Mañana.

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Publicado el viernes 31 de agosto de 2007 a las 12:19 || Permalink

En mitad del trance

Terrance Aeriel, Dashon Harvey y Iofemi Hightower, 18, 20, 20, acuden a las proximidades de un centro académico para conversar y hacer unas risas. Unos desconocidos se les acercan, los capturan, los obligan a arrodillarse, los acribillan a balazos, los tres mueren. A Natasha Aeriel le descerrajan un tiro, la acuchillan, sobrevive, identifica a al menos uno de los asaltantes. Ocurrió a principios de agosto en Nueva Jersey, paraíso de los inmigrantes. El estado del bienestar.

Los verdugos eran inmigrantes ilegales. El estado del bienestar.

Cuando leí la columna de Steven Malanga en City Journal pensé que el crimen me resultaba familiar, aunque no estoy seguro de dónde procedía la primera noticia que me llegó. Quizá se tratara de una mención de Michelle Malkin en unos de sus artículos publicados por Libertad Digital. Sea como fuere, este caso verdaderamente dramático me trae a la mente, por enésima vez, la santurronería fanfarrona y básicamente disfuncional que medio Occidente ha adoptado para garantizar que sus nietos no cuenten con una democracia en la que caerse muertos, que es lo que desearán cuando se den cuenta de que la antigua gloria se ha esfumado tan rápido que todavía puede verse, como un espejismo. En los tiempos antiguos los padres sentían afecto por sus hijos; hoy les pagan el porno y pudren la sociedad en la que estos deberán desenvolverse durante las décadas venideras. Todo encaja.

Las puertas abiertas y las dádivas gratuitas con que la generosidad progre agasaja a los inmigrantes ilegales no es un fenómeno único. Uff, ojalá. En realidad responde a ese comportamiento impostado, supongo, pues duele pensar que la naturaleza sea lo bastante cruel como para hacerlos nacer así, ese comportamiento impostado, decía, que es una suerte de imitación estilística pero sin principios del Cristianismo. Se trata del paganismo espiritual volcado en caliente sobre las estructuras políticas, mediáticas y sociales, como demuestran las depravadas referencias morales de María Antonia Iglesias cuando, interrumpiendo con insolencia a algún derechista pusilánime, nos ofrece una visión maravillosa de los efectos salutíferos que la presencia de subsaharianos nos va a proporcionar. En ese momento el público rompe el mutismo y se echa a reír, pues es cosa sana. El paganismo, que en buena medida ha sustituido a la religión por la vía de la new age... la adoración de la madre tierra con banda sonora de sintetizadores tocados por algún fumeta colocado hasta las trancas... no nos ofrece nada nuevo, ni siquiera una vuelta a los orígenes; en tal caso nos quedaría el consuelo de una oportunidad renovada. Los paganos tienen su gracia, claro, pero sólo cuando residen en casas compartidas en las colinas de San Francisco. Entretanto llega el momento de que un terremoto los devore, a ellos, a sus camisas de flores y a sus gafas tintadas, trabajan como programadores informáticos, asisten a las manifestaciones anti Bush y nos responden con una sonrisa cuando enviamos un email al departamento de soporte de Google. La verdad es que me dan incluso un poco de envidia. El clima apacible, niebla, dinero a espuertas y la obscenidad transformada en lema: Paz, hermano; haz el amor y no la guerra, ya me entendéis. Sin embargo, una vez cruzan las fronteras de la ciudad se vuelven un auténtico coñazo.

Algunos paganos han sido elevados a la presidencia del gobierno por una desafortunada conjunción del caos, la constelación del triángulo invertido y, permitidme abandonar la chanza, ataques terroristas. Estoy pensando en Zapatero, en su papeles para todos.

Al empezar a escribir el post me asaltó la imagen de uno de esos simpáticos pedófilos que toquetean a nuestros hijos, a nuestros diminutos hermanos, a nuestros primitos y minúsculos sobrinos. También existen los violadores, que ofrecen satisfacción sexual a mujeres que difícilmente habrían empezado el día con esa perspectiva en mente. Los etarras son otro ejemplo magnífico de cómo las almas caritativas son demonizadas por la rigidez cívica. Fin de sarcasmo, al grano: en España, debido a la malsana beatería inoculada en nuestros corazones, la dignidad de las víctimas nos es tan grave como los mocos que los párvulos pegan en las patas de las sillas.

Falta de justicia. Entre otras cosas, eso es lo que diferencia a los falsos beatos de un cristiano con un sentido íntegro de la fe: la salvación después del arrepentimiento. Si no existe conciencia de culpa, si no existe conciencia de moral ni de las determinantes abstracciones del Bien y del Mal, ¿a qué demonios se supone que podemos aspirar? Empezaron colgándose pins del símbolo del Ying y del Yang, y aunque nadie lo preguntó, ellos respondieron que se trataba de, ya sabes, hombre, hay algo benéfico en lo malvado, y algo malvado en lo benéfico. Pero esa moda duró tan sólo un fin de semana. Llegados al lunes, ya ni siquiera eran capaces de distinguir el blanco del negro, no había matices, de hecho no había nada en absoluto. La vacuidad se los había tragado y había defecado lo que tenemos hoy: una patulea de desgraciados dispuestos a llevar a pique el maldito trasatlántico de Occidente. No sólo ocupan la mitad de los camarotes, sino que además acaparan el cincuenta por ciento de la tripulación. De momento el capitán parece un hombre capaz, pero quizá mañana hayamos perdido la primacía. Es la impresión que da. La impresión que tengo.

En fin, lo dejo aquí. Acabo de escribir la misma entrada por segunda vez esta semana.

SmackDown!

CUATRO tuvo ayer a mediodía la gentileza de emitir en abierto algunos combates espectaculares que habían sido retransmitidos previamente por Digital Plus. Guay.

Espectacular combate celebrado por los pesos pesados Batista y Undertaker.

Undertaker y El Animal Batista se enfrentaron en un duelo inusualmente largo que dejó a ambos hechos unos zorros. Venció Undertaker, pero lo pagó caro. El Enterrador desplegó la elegancia que lo ha convertido en un clásico, y Batista, cada día mejor, explotó su enorme carisma sobre el cuadrilátero. El salto final de Under fue glorioso, y los tributos a la violencia y el exceso sobre las mesas de los comentaristas, un ejemplo de lo mejor de las luchas WWE.

El combate final corrió a cargo de John Cena, vencedor, y el Gran Khali, demoledor. Cena se cobró la victoria por la penuria sufrida, y se vio forzado a arrojar al gigante hindú desde el lomo de una grúa para apoderarse de la gloria. Los escarceos fuera del ring, en los pasillos del estadio, fueron de lo más impactante que he visto en mucho tiempo.

A propósito, es posible que a Batista le expidan la baja debido a sus presuntos escarceos con los esteroides. Formaría parte de un club de 10. Ya veremos.

Atención, ¿qué dos luchadores WWE votan republicano? The Rock (el actor de cine) y Ric Flair (una especie de dandi decadente). Otro ex, Jesse Ventura, fue gobernador de Minnesota.

Nota

Antinoo me concede una generosidad que no merezco. Gracias :)

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Publicado a las 12:18 || Permalink

Un interludio fanático

Uff, me siento tan irritado que ni siquiera sé cómo diablos comenzar una frase, ¡tan sólo una, ten piedad de este pobre hombre!, aunque por lo visto acabo de resolver más o menos satisfactoriamente el problema. E incluso mis dedos se desplazan con ligereza sobre el teclado del ordenador, a pesar de que una pequeña tormenta eléctrica ha embestido contra las paredes interiores de mi tórax. ¿Ven, caballeros? Siendo lo que soy, un cristiano profundamente imperfecto, siempre aspiro a dedicar sentimientos caritativos a mis prójimos, pero demasiado a menudo reaccionar de manera constructiva es tan difícil que, bueno, eso, como muchas otras cosas, se encuentra fuera de mi alcance. De modo que mientras consultaba la superpoblada blogosfera en busca de nuevas bitácoras interesantes di con un diario de tercera categoría... no voy a mencionar su nombre, no voy a enlazarlo, no entraré en detalles que le faciliten a uno identificarlo... y es que escribo este post con la intención de calmarme un poco, nada más. Creo que necesito tranquilizarme, apaciguar las mareas mentales, antes de ponerme a disertar como un loro en frac sobre el tema que tenía intención de abordar hoy.

En fin, ahí estaba este pobre servidor vuestro, moviéndose con muy poco garbo... y antes de reparar en la gravedad del error que acababa de cometer, una corriente nerviosa se abrió camino desde mis mandíbulas hacia la superficie y las interioridades del cráneo, y hacia abajo, en dirección al tórax, donde el frenesí rompió contra las costillas, los pulmones, el esternón, todas esas humedades que le proporcionan a uno la oportunidad de vivir.

Sé muy bien que no debería reaccionar así. Ni siquiera estoy seguro de que se trate de una actitud democrática, porque bueno... ya me entendéis, los insultos brotaron atropelladamente sobre la cubierta cerebral lo mismo que esas flores silvestres que crecen en las cunetas.

El bloguero era homosexual, lo cual no es ni bueno ni malo, ni motivo de orgullo ni causa de infamia. No debería, al menos. Es sólo que la certeza se clavó como una tachuela en mis ojos cuando eché un vistazo a la fotografía que ilustraba la entrada. Había cantidad de personas celebrando una fiesta, y yo pensé: ¡guay! ¡A mí me gustan las fiestas! Puede que me las pase bebiendo y al día siguiente no recuerde nada de lo sucedido la víspera, pero tío, ¡a mí ese rollo me va! O me iba, antes de que me varara igual que el tiburón–cretino que encalló en la playa Miracle de Tarragona. Qué cosas. La cuestión es que al cabo de medio segundo, me dije: cielos, ¿dónde están las mujeres? Podéis creerme, en las fiestas gays siempre hay mujeres; chicas con problemas hormonales y adictas a los trajes de color pastel en sus mil variantes: rosados, celestes, dulces amarillos y demás. Sin embargo, en la fotografía no había ninguna, todo hombres. Constitucionalmente, al menos.

Bien, ya me siento un poco más relajado. Lo del blog no tiene ninguna importancia. Que si la Iglesia y los conservadores es, son, somos el enemigo de los gays y la historia de siempre. Un homosexual aficionado a las correrías por los cuartos oscuros impartiendo lecciones de dignidad. Ay, cómo duele. (Posdata: en serio, no me apetece discutir otra vez... porque se vuelve tan cansino... discutir otra vez el uso de cuartos oscuros. Mi postura está clara. Me he encargado de que así fuera.)

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Publicado el jueves 30 de agosto de 2007 a las 9:17 || Permalink

¿Truco o trato? ¡Pastel de moras!

El malévolo Dick Turpin me ha endilgado uno de esos memes satánicos que Lucifer confecciona en las fraguas del infierno para volvernos a todos un poco más ociosos. Sin embargo, ni siquiera ha tenido la consideración de precisar en qué consiste el meme, de modo que a uno le asaltan todo tipo de ideas obscenas y martirizantes, el magnicidio entre ellas. En fin, creo que la cosa va más bien por las siete maravillas del mundo moderno. Aquí van:

  1. Todos los artefactos de cocina electrónicos, pues evitan que incluso los solteros menos hábiles recurran al salvajismo de nuestro ancestros: ya no hay excusas para no comer caliente.
  2. Los ordenadores, pues además de las facilidades y ludopatías cotidianas, nos proporcionan un instrumento extraordinariamente poderoso para desarrollar la creatividad. En caso de que se posea, claro, porque los dibujos pixelados del Paint de Windows no son arte, no importa cuánto insistas.
  3. La energía nuclear, pues gracias a ella todos seremos más felices y energéticos, salvo los verdes y Zapatero, que serán aún más tristes, deprimentes y exaltados.
  4. Todos los avances médicos, por motivos obvios.
  5. Los teléfonos móviles, porque contribuyen a transformar el planeta en un insoslayable Gran Hermano, y yo tengo ese puntito fascistilla tan molón.
  6. Los masajeadores de pies, pues uno siempre sabe lo que regalarle a su madre: de un año a otro lo han olvidado y puedes repetir.

Bien, debo reconocer que no me lo he tomado demasiado en serio. No se me ocurre nada que me haga temblar de emoción, aunque basta con que se me prive de ello para hacerme perder el juicio. En cuanto a esparcir este meme, que lo siga cualquiera lo bastante extravagante como para disfrutar de una cosa así.

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Publicado el miércoles 29 de agosto de 2007 a las 11:00 || Permalink

¡Cierra el pico, hipócrita!

Al senador por el Estado de Idaho Larry Craig le han pillado con los pantalones bajados, o subidos, o a la altura de las rodillas, uno no puede saberlo con certeza, claro, no estaba allí, pero... amigo mío, al republicano le han condenado a pagar unos cuantos dólares por conducta indecente. Al parecer el tipo acudió a los aseos de un aeropuerto con la intención de practicar sexo casual con un desconocido, que es una expresión utilizada con frecuencia para enmascarar la promiscuidad. Bien, Craig siguió al pie de la letra el ritual de los «fornicadores causales», por así llamarlos, pero las cosas no salieron como él esperaba. Tal vez le diesen por la mismísima cueva del paraíso, si me permitís la zafiedad, pero no fue un plato de buen gusto. De eso no cabe la menoooor duda.

Cuando leí la noticia, que ha sentado a las mil maravillas a los cientos de miles de fariseos de izquierdas que pueblan la blogosfera estadounidense, me vinieron a la memoria las reuniones militantes gays a las que yo solía asistir cuando residía en la capital andaluza. Qué cosas, allí estaban todos aquellos gays balbuceando la palabra «hipocresía» en todas sus variantes cada dos o tres minutos. Lo hacían tan a menudo que llegué a preguntarme si se trataba de una apuesta secreta, o si sencillamente necesitaban pronunciar constantemente aquel sustantivo para mantener el corazón en movimiento. También es posible que trataran de convencernos a los demás de que tal institución o cual partido eran el enemigo, o puede que ellos mismos precisaran repetir sus proclamas una y otra vez para avivar la llama de su fe. Y es que hay algo de religioso en la profundidad con que algunas personas experimentan determinadas ideologías.

El objeto preferente de los salivazos de mis líderes homosexuales fue siempre la Iglesia de Roma, que solía suscitar no sólo reacciones verdaderamente histéricas, sino también algún disparate imaginativo. Como aquel treintañero que afirmaba que el Vaticano posee un pequeño ejército de clérigos armados dedicado a liquidar a los sacerdotes disidentes (teólogos de la liberación, reformistas mórbidos, cosas así). Aquel chiste me hizo pensar en la tediosa película Stigmata, en la que todo resultaba también bastante paranoico. Pero él era la excepción. Los demás se limitaban a gesticular, impostar la voz y clamar sobre el satanismo y la hipocresía de la Iglesia. El hecho es que raramente entraban en razonamientos; ¿para qué, debían preguntarse, si aquí todos pensamos igual? Pero no, no todo pensábamos igual. Aquella era la enésima manifestación de lo que algunos llaman fascismo queer, y que yo denomino homofascismo.

No es fácil ser conservador; y no sólo porque este modo de ver la vida lo compromete a uno en muchos sentidos, sino también porque los tontos, que son siempre mayoritarios, parecen haber establecido una aberrante equivalencia entre el conservadurismo y la infalibilidad. Ey, tío, no soy perfecto, pero el cielo sabe que me esfuerzo en identificar el mal y evitarlo y combatirlo. Claro que a veces me equivoco: ése es mi derecho. Sin embargo, ya es demasiado tarde. Cuando un conservador se sale del círculo que él mismo ha trazado, incluso si se excede una sola vez, da igual lo honrado que haya sido su comportamiento durante años, es arrojado al instante al infierno de los hipócritas. (Donde encontrará la compañía de los mismos que lo han acusado, ¿no es irónico?)

Hace algún tiempo se desató una fuerte polémica en determinados ambientes --el progre, el homoprogre, el conservador-- cuando el líder evangelista Ted Haggard, que había saboteado repetidamente los derechos de los homosexuales, fue acusado de mantener relaciones sexuales con otro hombre durante años. Con un chapero. Y era cierto: Haggard había pagado por sexo --sodomía y prostitución, además de consumo de estupefacientes, por emplear sus términos-- hasta que la historia le explotó en pleno rostro. De lo cual me alegro, pues aquel hombre deshonesto había pervertido durante demasiado tiempo el mensaje de Dios. Había llegado la hora de que ese enemigo del cristianismo, un falso mesías en el que cientos de miles de buenas personas habían depositado su confianza, fuera desenmascarado y apartado de sus correligionarios.

Los cuervos tienen dos alas, y una vez hubimos conocido la infame traición del pastor a nuestro Señor, asistimos al movimiento espástico del segundo miembro: a no pocos homosexuales les hizo muy felices la oportunidad que se les presentaba de tergiversarlo todo. A partir del caso del vicioso líder evangelista, impusieron al resto de los conservadores el sambenito de la hipocresía. No importa que en su vida cotidiana la mayoría de esos ciudadanos seguramente fueran honestos, que vivieran saludable y honradamente su fe en Jesucristo, todos fueron condenados vicariamente por la mezquindad del tipo en quien habían confiado. Y es que la justicia carece de importancia cuando se trata de enviar un mensaje efectivo.

Cuando el marine Matt Sánchez acudió a la Conservative Political Action Conference para denunciar la discriminación a la que lo sometían sus compañeros de Universidad debido a su condición de militar, un aficionado al cine adulto lo identificó como ex estrella del porno gay. Y era cierto, Sánchez había protagonizado un par de películas X bajo el pseudónimo de Rod Majors. De porn star, Sánchez había dado el salto al estrellato conservador, lo cual demuestra que los cons somos sexualmente capaces. De acuerdo, es broma. De hecho, ni siquiera es exacto que Sánchez pasara del porno a la escena conservadora, pues entre una cosa y otra no solo transcurrieron diez años, sino que además Sánchez accedió a las carreras militar y académica. Su participación en el CPAC fue incidental. En cualquier caso, el cambio de rumbo ideológico de Sánchez se debió a que había experimentado en propia carne la vacuidad de aquel salvaje estilo de vida. Es fantástico contar con tipos como él, y es genial que tuviera los redaños suficientes para hacer frente a sus cobardes compañeros de facultad

Sin embargo, esta absurda anécdota fue utilizada una vez más para desacreditar a los conservadores: el espectáculo convertido en justificación moral. Y es que en manos de un izquierdista, la propaganda es siempre la primera herramienta.

[Seguiré con este asunto en otro momento. Feliz día.]

Posdata: esta mañana he desinstalado la versión beta de Internet Explorer 7 para instalar la definitiva, y durante el ínterin he aprovechado para consultar este blog con IE 6. ¡Qué horror! Si algún posible lector no ha actualizado todavía a Explorer 7 o a Firefox, ¡ahora es el momento perfecto para hacerlo!

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Publicado el martes 28 de agosto de 2007 a las 9:48 || Permalink

La bondad de la izquierda y todo lo demás, II

Mientras ayer por la mañana escribía un post dedicado a lo maravillosamente hipócritas que los izquierdistas se vuelven no bien se les presenta la oportunidad de pontificar frente a un público, pues de alguna forma en ellos convergen la beatería más infumable y un sectarismo de manual soviético, me asaltó la memoria la carta que una oyente del programa de radio de Iñaki Gabilondo en la Cadena SER UN BUEN PROGRE había enviado al suplemento dominical de El País. El problema reside en que el director, el editor o quien quiera que tome estas decisiones en la prensa, tuvo la estúpida ocurrencia de publicar la misiva en la sección de cartas al manipulador. Yo creo en la democracia y en las libertades que ésta comporta, como la de conciencia y expresión, faltaría más, y siempre me acojo a mi derecho a formarme mi propia opinión, a realizar juicios honestos. para contribuir a mejorar la sociedad. Así que no me irrita que el gnomo de la granja de Polanco insertara el contenido de la carta, sino la viscosa textura de su contenido. Aquella redactora de último minuto había adoptado un tono sentimental tan pringoso que el polvo se adhería a las páginas de la revista. Bastante desagradable. Que si sus padres despertaban cada día con la voz de Gabito brotando de la radio... así como el agua brota de la cisterna, por emplear una comparación respetuosa... que si ahora ella había heredado la costumbre de sus progenitores, que si el crepúsculo era más dorado y esperanzador cuando la voz del locutor reciclado la acompañaba... en fin, me pregunté: ¿por qué estos pánfilos izquierdistas lo reducen todo a una cuestión romántica, casi lacrimosa? Basta con echar un vistazo a las expresiones que les afloran cuando ven por televisión a uno de esos héroes que han introducido en sus vidas para disimular la sensación de vacío: Al Gore, Michael Moore, Noam Chomsky. Estos tres naipes les proporcionan la oportunidad de: a) satisfacer sus necesidades espirituales mediante el compromiso ecológico, aunque eso resulte tan hipócrita que las letras se niegan a combinarse en el ordenador; b) satisfacer sus prejuicios contra el poderoso, si bien las zafias mentiras de Michael Moore con respecto a Estados Unidos han estallado en pedazos cada vez que se las ha sometido a examen; y c) satisfacer sus necesidades intelectuales, aunque se trate tan solo de ese salvaje juego de manos al que Chomsky se aficionó hace ya tiempo, y que tantos beneficios ha reportado tanto a su Ego Sin Fronteras como a su cuenta corriente.

Hace unas semanas escuché a una familiar quejarse de que un caso verdaderamente patético de violencia policial hubiese ocurrido bajo el gobierno de un Ayuntamiento de izquierdas. Aquello hizo que una carcajada resonara como un aldabonzazo en mi cabeza. Encanto, de hecho eso es lo único que suena lógico: que la autoridad, envuelta en la mezquina premisa de la superioridad moral de la izquierda, tienda a corromperse y darle mamporros a un pijo disfrazado de hippie. (O a un hippie puesto hasta las trancas de marihuana, estos tipos no respetan nada, ni siquiera la decadencia de sus compañeros de correrías.)

Lo interesante de los izquierdistas vestidos de monjes tibetanos es que, después de apoderarse de la primacía de la bondad humana, nos señalan con el dedo, ponen cara de bestias hambrientas y nos acusan de malvados, de movernos tan sólo por el dinero y, en fin, de haber sido paridos por el demonio capitalista. Pero oye, todos tenemos derecho a un padre y una madre, ¿no?

Posdata

No sabía que a Al Gore III lo habían detenido conduciendo por encima del límite de velocidad en un coche híbrido y en posesión de maría. Todo muy verde, claro: como le gusta a su padre. Sólo faltaba un ejemplar de Playboy.

A propósito, ¿qué demonios le está pasando a la pobre Nueva York? Desde que el descarado Bloomberg abandonara el Partido Republicano, la ciudad se ha desmadrado bajo su mando: se les mueren santa Brooke Astor, multimillonaria y filántropa reconocida, y la beata Leona reina del Mal Hemsley, bañada en oro al igual que Astor pero menos inclinada a compartir sus privilegios. En cierta ocasión despidió a un trabajador debido a su orientación homosexual, y luego se vio obligada a recompensarlo con casi un millón de dólares. Si hago la broma tonta de rigor (¡que me vejen, que me vejen!), alguna susceptibilidad se caerá hecha pedazos.

Por último, leo en IBLNews, periódico digital que solía emplear el lema «las noticias desde una óptica cristiana» hasta que comprendieron que eso era ir demasiado lejos, que abre sus puertas en Nueva York la primera escuela pública bilingüe árabe. Mi opinión a este respecto quedó clara en una entrada previa, de modo que no tiene sentido repetirla. Pero, ay, caballeros. Ay.

Rosa Regás se carcajea. Nosotros la acompañamos. (Imagen cortesía de LDTV.)

¡Umm, lo olvidaba! La Regás ha visto la luz y se da el piro de la Biblioteca Nacional, esa fuente inagotable de dinero tanto para sus caprichos como para mantener satisfechas a sus amistades de izquierdas, aficionadas como son al buen comer.

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Publicado el lunes 27 de agosto de 2007 a las 10:21 || Permalink

La bondad de la izquierda y todo lo demás, I

A menudo hago referencia al compañero de instituto con el que solía discutir de política durante las largas horas de clase, bisbiseando, escribiendo anotaciones obscenas en nuestras libretas y tratando de perforar el cráneo del adversario: con un poco de suerte, su cerebro reaccionaría favorablemente al contacto con el exterior --pues obviamente en la cavidad craneal todo debía de estar bastante húmedo y viscoso--. Nuestras controversias terminaban generalmente cuando el profesor daba por concluida la sesión, y cada uno de nosotros se marchaba en busca de su propio grupo. En cierta ocasión me invitó a que lo acompañara, pero yo albergaba recelos sobre la posibilidad de que mi cadáver no fuera encontrado jamás.

El caso es que en cierta ocasión tres o cuatro gays y lesbianas militantes visitaron la sala de conferencias, por llamar de algún modo a aquella estancia fría y sin sustancia, para persuadirnos de que la homosexualidad no es siempre la entrada a una de esas saunas concurridas por depredadores hambrientos. Algunos compañeros de clase y yo habíamos salido del edificio por no recuerdo qué motivo, y a nuestro regreso el coloquio había comenzado ya. Parte de mis colegas no se cortaron y entraron en la sala, pero yo, siendo homosexual, temí que al abrir la puerta todas las miradas se clavasen en mí y descubrieran por inspiración satánica que yo era gay. Pues bien, la pequeña conferencia sentó bastante bien a la mayoría de mis compañeros, que más bien daban la impresión de haber celebrado la fiesta anual de la golosina. No exagero si digo que estaban eufóricos, y a menos que me equivoque, aproveché la ocasión para mencionar... así, de pasada... a una coleguita que a este pavo le iban los tíos. Todo fue perfecto. Sin embargo, durante aquella deliciosa jornada sucedieron un par de cosas que me llamaron la atención. La primera fue que X., un chico alto, desgarbado, de ojos azules y relativamente apuesto, por lo menos si a uno le va el rollo hippie alternativo me he fumado un peta, me confesó que los gays le habían causado una mala impresión. Aquella revelación me dejó pasmado, de modo que le pregunté a qué se debía su reacción. Él me respondió que ahora sabía cómo se lo montaban los homosexuales, y que la idea le disgustaba. (Cosa curiosa, pues según una célebre e inverosímil leyenda urbana local él formaba parte de un grupo de alumnos y profesores que se reunían para practicar orgías.) En cualquier caso, lo que más atrajo mi atención fue... ¿qué diablos pensaba él que hacían los gays para demostrarse el profundo amor que comparten? El chico me ofreció una contestación de lo más circunspecta --ni siquiera la entendí--, y ahí quedó la cosa. Ridícula anécdota ésta que me trae a la memoria la confesión que le hice a una especie de presunto amigo, un modernillo, de que yo era gay: no le sentó nada bien. ¡Y eso que representaba la élite del socialismo en el instituto! Claro que luego estaban los radicales, ex fervientes católicos, pero ésa es otra historia.

La segunda sorpresa que la jornada me deparó fue que mi compañero comunista, quien combinaba en su personalidad un fuerte aunque disimilado sentimentalismo con una previsible inclinación a la violencia teórica, me confió que yo había estado a punto de convencerle de la existencia de Dios en alguna ocasión. Supongo que lo mencionó en un descuido, a la vez que otra comunista afirmaba que nuestro Señor Jesucristo había sido homosexual, y que por eso nunca conoció mujer. Bueno, al menos admitió que el Salvador no conoció hembra; algo hemos avanzado.

Lo interesante del camarada es que el concepto del bien público, una bondad abstracta e inexplicable, era su argumento principal para defender tanto el comunismo como todas sus sangrientas manifestaciones prácticas, Cuba y todo eso. ¡Incluso llegó a decir que Castro me haría callar en veinte segundos! Se refería a lo que ocurriría en una confrontación dialéctica, por así decir, pero no le faltaba razón: Castro podría ordenar que me volaran la cabeza en cualquier momento. (Claro que estos días Castro se encuentra a la expectativa de que el Pez Gordo le expida el pasaje al infierno, y será el cerebro del tirano el que quede esparcido como harina mojada por los mil confines del Universo.)

Siempre me ha suscitado un gran interés ese hábito típicamente comunista de reducirlo todo a una cuestión de buenos contra malos (opresores, oprimidos, bla, bla, bla). Desde luego no se trata de algo nuevo, pero la actitud sectaria de la que pecan se reproduce como un patrón genético, y una bondad material, práctica, carente de profundidad moral, absolutamente perversa y repulsiva en su vacuidad, sale por sus bocas como suspendida sobre las infinitesimales gotas de saliva. Quiero decir que entre su suprema hipocresía y su primera fantasía no hay ninguna diferencia, de modo que todo se vuelve bastante obvio. Los comunistas que he conocido suelen ser gente tan agresiva que me sorprende que sigan siendo capaces de cautivar mentes en un mundo libre. Cuanto mayor es la intimidad que uno comparte con ellos, mayor es la conciencia de su mezquindad: malas personas que discuten sobre las buenas obras que realizarían si el poder recayese en sus manos. ¡El poder en sus manos! ¡Cielos, si eso ha costado tantos millones de vidas que la cifra baila la conga sobre la superficie de mi cerebro y me causa nauseas! ¡El nombre del comunismo es el mismísimo demonio, y el número de víctimas resuena con la misma fuerza terrible que el número de la Bestia! ¡Buenos! ¡¡¡ELLOS!!! ¡¡¡Creo que esto me va a hacer perder el juicio!!!

En fin, esto seguirá mañana.

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Dejadme haceros un par de recomendaciones a modo de posdata. Por un lado, os aconsejo leer la entrevista que «el sheriff más duro con los indocumentados» de América concede a un periódico hispano en Estados Unidos. Las respuestas del septuagenario agente de la autoridad son rápidas y más o menos prácticas, pero lo interesante son las preguntas del periodista, así como la descripción editorializante que del sheriff realiza.

En segundo lugar: este fin de semana he estado buscando un poco de información sobre grupos de música pop rock cristiana que se prodigan al otro lado del Atlántico. En mi búsqueda he encontrado Relient K, un ejemplo de lo más juguetón; su música suena como la banda sonora de una teleserie o película de adolescentes... o sea que me mola. Para escuchar tres piezas --la primera, Must have done something right; está muy guapa--, visitad su página web aquí y haced clic sobre la esquina, donde pone Audio Player. A ver qué tal. (Dicho sea de paso, me encanta la página web.)

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Publicado el domingo 26 de agosto de 2007 a las 12:26 || Permalink

En glorioso ascenso (quiero decir, ¡glorio$o, verdaderamente glorio$o!)

[Nota: publiqué esta entrada por primera vez hace aproximadamente un año. Aquel blog ya no existe, de modo que me permito la libertad de reutilizar los contenidos. Dicho sea de paso, no los he actualizado, de modo que quizá suenen un poco desfasados. ¡Lo siento!]

De jovencillo solía pensar que presentar un telediario era el súmmum de la credibilidad periodística, la cima del Olimpo de los comunicadores. Eso fue mucho antes de llegar a la conclusión de que el periodismo es en realidad un estado alterado de conciencia, una gran impostura animada por el falso decoro, una fuerza sobrehumana con millones de euros a modo de carburante, un trasbordador espacial con destino la luna, una puerta al paraíso de los injustos, un remanso de paz y erotismo para los políticos. Pero por aquella época todavía creía que esos tipos serios que daban la cara en la televisión y proferían las noticias eran gente fiable, nobles miembros de una sociedad que premiaba su probidad con un trabajo importante. Sin embargo hoy sé que los tipos que presentan los noticiarios no se diferencian gran cosas del resto de rostros que se ven en los programas amarillos, deportivos, cómicos, sociales, etc.

Pues bien, si alguna vez necesité pruebas de que los bustos parlantes de los informativos son gente común --y por otro lado, reflejo moral de los canales televisivos para los que trabajan --, pronto las recibí.

Recuerdo la sorpresa que me causó ver a Mª Carmen García Vela, ex de Informe semanal, presentar un publirreportaje del detergente Ariel fuerza. No sé si eso le costó el puesto de trabajo a aquella señora de aspecto austero y voz ríspida, pero le hizo mucho bien a mi toma de conciencia de que la televisión es a la información lo que El código Da Vinci a la teología cristiana. Mucho tiempo después, una presentadora de Antena 3 Noticias se convirtió en cabeza visible de los mini–adelantos diarios de El bus, uno de esos roñosos reality shows para horteras, adictos a lo kitsch y retrasados mentales. Mercedes Milá dio un largo salto de Informe semanal a Gran Hermano, el experimento sociológico que demostró que algunos lodazales no tienen fondo. Pedro Piqueras fue durante un tiempo el hombre feliz y circunspecto de Espejo Público, donde se demostró que la cura contra el cáncer y las llamadas «enfermedades raras» puede compartir espacio con las locas fiestas ibicencas: hoy Piqueras dirige RNE. Matías Prats nos recomienda una tal «cuenta naranja» en sus ratos libres, aunque su faceta publicitaria resulta más seria que la profesional. Manu Carreño fue maestro de ceremonias de un programa relacionado con todos los récordes absurdos imaginables, casi todos ellos carentes de mérito, antes de teletransportarse a los informativos de la cadena de Planeta (de donde saltó a Lo más +, la cuota esnob de Canal +). Juan Ramón Lucas comenzó manifestando sus opiniones personales en el informativo progre de Telecinco, justo antes de iniciar (y finalizar) todo tipo de programas insustanciales y de promocionar determinada marca de gafas en un anuncio que me convenció de que existen compañías ópticas de las que conviene mantenerse apartado. Y últimamente Maxim Huerta ha sustituido las pizpiretas madrugadas de Informativos Telecinco por la digamos que femenina y vistosa... hmm... mañana de Ana Rosa Quintana; todo sea para suscitar inquietud, teorías y diversos testimonios sobre su orientación sexual en los foros de usuarios gays.

En fin, no están todos los que son, pero sí son todos los que están. ¡Feliz domingo!

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