Publicado el jueves 6 de septiembre de 2007 a las 12:47 || Permalink

Una disertación personal

Hace calor, la camisa se me adhiere al pecho y he pasado la mañana con la cabeza congestionada y un dolor sordo alojado en el ángulo formado por el cuello y el hombro. Soy una auténtica piltrafa humana, ¿no es cierto? Aunque la verdad es que eso es sólo una excusa; he escrito cuatro párrafos de Hollywood Conservador (que no se enteren), II antes de darme por vencido, cerrar la página y aguardar a un momento más propicio para proseguir disertando sobre las celebridades de derechas. Incluso tengo cantidad de pestañas abiertas en mi navegador con información referente a este asunto, ninguna muy sorprendente pero en general lo bastante interesante como para que disfrutara leyéndola y me sintiera motivado a incluirla en el post. Que, por cierto, aparco hasta mañana, si no os importa. (Lo bueno de contar con un público tan escaso es que resulta asequible: si deciden hacerme pagar mi holgazanería podría defenderme. O no. ¿Quién sabe?) En todo caso sospecho que este tema no le quita el sueño a nadie. Tan sólo lo menciono para no dejar pasar un día sin escribir ni publicar, debido, como he explicado antes en alguna ocasión, a que si abandonas el hábito durante un día al siguiente te ves obligado a invertir el doble de energía para poner manos a la obra. Y, por si se os ha pasado por alto, aquí estoy con cara de tonto y los párpados pesados, desplazando las manos sobre el teclado del ordenador y tratando de rellenar una página como si cumplimentara un formulario de la seguridad social. Qué horror. Hace un par de días leí una interesante comparación de la burocracia con el infierno, si no recuerdo mal --lo cual resulta bastante probable, dicho sea de paso--, algo escrito por C.S. Lewis, ese simpático converso al cristianismo. Debo reconocer que me siento muy feliz cada vez que tengo conocimiento de una de estas historias de almas añadidas a la Cristiandad, sobre todo cuando los renacidos en el Señor son gente moralmente capaz y susceptible de expresar sus motivaciones espirituales desde un punto de vista intelectualmente maduro. Lo cual me recuerda a Graham Greene, quien revelaba en su libro Viaje sin mapas que él nunca se convirtió al catolicismo, sino que lo convencieron de la existencia de Dios mediante la exposición de argumentos racionales; la conclusión de Greene fue que existían más probabilidades de que Dios existiera, de que ocurriera justo lo contrario.

Bien, de momento lo dejo aquí, y me pongo de rodillas para suplicar una dispensa por este peñazo. Buenos días.

Etiquetas: ,

Publicado el miércoles 5 de septiembre de 2007 a las 10:45 || Permalink

Hollywood Conservador (que no se enteren), I

Hace años que me lo pregunto, como si los signos de interrogación y las letras que hay en medio estuviesen impresos en el interior de mi cráneo y un poco de luz los sacase a relucir de vez en cuando: ¿por qué los cineastas españoles odian a España, por qué son tan perversos, cínicos e hipócritas, por qué no utilizan su arte, en las contadas ocasiones en que lo tienen, para sublimar y liberarse de sus rencores? En suma, ¿por qué los cineastas españoles sucumben tan a menudo a sus tendencias rastreras? Trato de comportarme como un hombre caritativo, y en consecuencia puedo perdonarles el esnobismo de nuevo rico, sus adicciones a los estupefacientes y a los muchachitos de quince años e incluso su incapacidad de rodar una película o una serie de televisión en la que todas las mujeres no sean unas zorras, todos los hombres unos chulos y la escena central sea siempre una relación sexual. Sin embargo, cuando apartamos a un lado todos estos asuntos y ponemos sobre la mesa los valores espirituales y cívicos, me viene a la cabeza la eterna pregunta: ¿por qué son tan bastardos?

Dudo sinceramente que ningún aspirante a actor tenga la menor posibilidad de conseguir un papel en la industria cinematográfica española sin avenirse primero a fornicar con el productor y a memorizar las proclamas «anti–imperialistas», antiamericanas, anticonservadoras y demás que han hecho célebres a los enanos mentales de la kultura nacional; quiero decir que si no eres lo bastante hijo de perra, en la caverna del cine español te dan las instrucciones y la oportunidad de degradarte hasta que causes verdadero asco a cualquier ciudadano más o menos decente.

Debe de haber alguna excepción, por supuesto, como Garci, pero la minoría derechista, de existir, mantiene la boca bien cerrada, no sea que los arrojen del tren del dinero, pues bastante esfuerzo les costó subir.

La verdad es que no debería preocuparme demasiado por la miseria ética enquistada en los corazones y en los cerebros de mermelada amarga de todos esos esnobs intelectualoides, dado que el cine patrio --nunca patriota-- es lo bastante burdo como para que jamás experimente la menor tentación de echarle un vistazo, pero... bueno, entonces descubres que los cineastas de Hollywood son casi igual de bobos, y tu gozo en un pozo. Y no es que se trate de algo nuevo, pues esos infatigables consumidores de cocaína --¿qué sería de la economía boliviana sin las narices abrasadas de estos eternos aspirantes?-- han sido siempre un poco rojos, y a lo largo del siglo XX, cuando el mundo libre ponía todo su empeño en sobrevivir a la terca amenaza comunista, los guionistas y directores de cine de Hollywood se mostraban de lo más serviciales con los soviéticos. Así, entre orgía y orgía y esnifada y esnifada, cantaban sus alabanzas al glorioso imperio rojo. Sin embargo, la URSS se fue al infierno, hecho éste que nunca dejará de causarme violentas explosiones de júbilo, y los dulces marranos de la industria del cine se empeñaron en localizar a un nuevo aliado que los ayudase a autodestruirse --y con ellos, a destruir la civilización más avanzada, en los sentidos material y espiritual, que han conocido los Tiempos: Occidente--. En esa sórdida segunda película de ficciones esquizofrénicas el papel del Enemigo seguía siendo magníficamente interpretado por Estados Unidos; el aliado, por ese sofocante magma en el que flota el terrorismo islamista.

Recuerdo muy bien una significativa escena en la que la actriz Jessica Lange afirmaba, frente a una nutrida audiencia de periodistas, que se avergonzaba de ser americana debido al Gobierno de su país. Los periodistas rompieron en una salva de aplausos y silbidos, la mayor parte de ellos presumiblemente porque estaban de acuerdo con la chica en que la administración Bush era «deficiente», y supongo que la minoría confiando, como confiamos todos los machos tontos, en que un gesto tan pueril les serviría para estar un poco más cerca de la actriz. Según se dice, las chicas de la industria del entretenimiento son bastante ligeras de cascos, así que quién sabe. En todo caso lo interesante de ese episodio no era su evidente valor antropológico, sino la actitud de la cincuentona. Me avergüenzo de. Parecido a Pilar Bardem, pero sin el punto escatológico que la Bardemanifestante le imprime a todo.

El caso es que Jessica Comprometida Políticamente Lange no es ni siquiera el mejor ejemplo de estrella de Hollywood rojeras, pero me ha servido para ilustrar la camaradería de los periodistas y para mostrar la verdadera jeta de estos.

El rostro del activismo esnob en la industria del cine sita en California sigue correspondiendo a Sean Penn, y el verdadero símbolo del espíritu comprometido de semejante casta de santos impíos, aquella grotesca estampa de Penn en las calles inundadas de Nueva Orleáns con una lancha que no sabía manejar. Cuidado con la perilla, muchacho, que el agua moja; ¿y qué será entonces de la laca? Estos pollos resultarían divertidos si no constituyesen una amenaza grave y objetiva para la supervivencia del mundo occidental, pues si bien es cierto que por ellos mismos son insignificantes --¿quién se tomaría en serio a todos esos millonarios viciosos?--, en conjunto con los periodistas que les confieren un tono solemne, y gracias al acceso a nuestras casas mediante el cine y la televisión, se encuentran en posición de ejercer cierta influencia. No es el momento de entrar a discutir cómo todos esos corruptos se esfuerzan en transmitir una imagen decadente de los valores tradicionales, con la familia en cabeza, pero querría abordar el asunto en el futuro.

La cosa es que Penn y la Jessi no son los únicos progres de Hollywood, y es que las malas hierbas brotan siempre en familias de mil miembros. ¿Cómo olvidar a Tim Robbins, el gracioso gigantón con un sentido de la dignidad y del buen juicio inversamente proporcional a su tamaño? La última vez que anduvo por España se lamentó de que Gallardón aprovechara la ocasión para sacarse unas fotos con él, argumentando que el político «de derechas» había rechazado acudir a la manifestación a favor de la negociación con ETA que las cañerías del PSOE habían organizado por aquellas fechas. Lo interesante de todo este asunto es que Tim, marido de la beatísima Susan Sarandon, realizó una interpretación obscena de la política española. Gallardón no quería estar con las víctimas, a favor de la paz, afirmó Tim Robbins. Y justamente ahí radica el problema: en que todos esos místicos de purpurina se limitan a moverse por el mundo como altas autoridades morales, pero raramente se detienen a investigar en profundidad aquellos asuntos sobre los que pontifican siempre que se les presenta la ocasión. ¿Fue Kid Rock quien advirtió que ellos, las estrellas, jamás abren un periódico? Claro que si lo hacen existe un ciento por ciento de posibilidades de que se trate del New York Times, lo que en realidad empeora el problema.

Luego están todos casi todos los demás, como el elitista George Antipetrolífero Clooney, Ben Affleck y su indomable íntimo amigo, como quiera que se llame, Charlize Theron y su leyenda urbana de la falta de libertad de expresión en Estados Unidos, y la pizpireta Gwyneth Los americanos son bárbaros Paltrow, Barbra No me toques el césped Streisand, Jane Apoya al enemigo vietnamita Fonda, Whoopi Goldberg, etc.

Sobra decir que en el etcétera previo va incluida la ex familia Baldwin Bassinger, quienes afirmaron en su momento que abandonarían Estados Unidos si Bush volvía a ganar las elecciones. Y de hecho no venció, sino que se impuso tan claramente en número de votos que la mañana en que tuve conocimiento de los datos me eché a bailar frente al televisor como un auténtico chiflado. No obstante, la disquisición más reciente del especialista en moral y política internacional Alec Baldwin ha sido el apoyo prestado a Larry Craig a través de una breve columna publicada por el panfleto Huffington Post. No voy a detenerme en este asunto, bastante cansado me siento, pero permitidme añadir un par de enlaces en los que dos autores distintos responden a Baldwin, Robert Stacy McCain [recomendado] desde The American Spectator y Roger Simon desde su blog [sintético].

En fin, por hoy es todo. Mañana publicaré la segunda parte de este post, en la que discurriré un poco sobre «el otro» Hollywood. Pasad un buen día.

------

En julio pasado dediqué una entrada a cierto talento del cine español. Quizá os interese: A Flahn lo ponen verde.

Etiquetas: , , , ,

Publicado el lunes 3 de septiembre de 2007 a las 11:31 || Permalink

Un par de asuntos, a modo de interludio

Conozco muy bien esta sensación de desgana y falta de interés. Dejas de escribir para tu blog un solo día y al siguiente empezar un post requiere más energía de la que hay acumulada en todo tu cuerpo. En fin, anuncié una entrada sobre la precaria situación de los conservadores en la industria del cine de Hollywood e incumplí mi palabra con un descaro del que debería avergonzarme. Bueno, supongo que algo de eso hay. Si consigo terminar el post que tengo entre manos, abordaré el segundo de la jornada: dos por el precio de uno. No es quejéis, muchachos.

El caso es varios días atrás me embarqué en una especie de pequeña travesía circular en la azotea de mi casa, a la que en ocasiones salgo de noche para disfrutar del clima apacible y para reflexionar sobre los asuntos que se resisten a dejarme en paz. A veces me pregunto cuán feliz debe ser un hombre incapaz de sumirse en el tipo de reflexiones en el que yo me sumerjo, aunque nunca saque nada en claro y de las que con frecuencia salgo más confundido de lo que entré. El post que escribí el pasado miércoles, ¡Cierra el pico, hipócrita!, fue el resultado de uno estos ensimismamientos de zorro enjaulado. En relación con aquel post, creo sinceramente que la hipocresía es un problema mucho más sutil de lo que tendemos a considerarlo, y de ahí que titulara la entrada con una exclamación tan áspera. Las acusaciones de hipocresía son como las de homofobia y machismo, es decir, recursos burdos pero efectivos que algunas personas emplean para sacar partido de los miedos sociales. Y todo a cuenta del esnobismo. Basta con que algo se ponga de moda en el ámbito cultural e ideológica, con independencia de su fatuidad e infantilismo, para que todos nos volvamos locos y nos pongamos a sacudir arriba y abajo la cabeza como búfalos espantando moscas.

Sin embargo, cuando escribí el post acerca de por qué la hipocresía como herramienta de acoso social no es más que una superchería, lo mismo que las cabezas de ajo, no me detuve a profundizar en las implicaciones típicamente cristianas del concepto de culpa y en la recurrencia del pecador en el pecado. Ya no tiene mucho sentido que siga dándole vueltas al asunto, pues con economía de lenguaje y buen juicio Pat Buchanan le ha dedicado una columna al mismo tema, y se pregunta astutamente si no deberíamos ser más comprensivos con las personas que, aun en posesión de una firme conciencia moral, sucumben una y otra vez al vicio. Supongo que puedo decir que es mi caso; hago cosas que luego he de lamentar, pues sé perfectamente que son vulgares, disolutas y, en ocasiones, destructivas. En lo referente al caso específico que Buchanan analiza, y que ya he comentado durante los últimos días en el blog, la cuestión es si Larry Craig posee verdaderamente un sentido ético sólido, o si por el contrario se trata tan sólo de otro de esos cínicos cuya filosofía se reduce a «París bien vale una misa». Sea como fuere, Craig cometió un error repulsivo y de consecuencias irreversibles, y tanto la vergüenza pública como el abandono de la política son un pago cabal por sus «deslices»: siendo un adulto, ha de responsabilizarse de sus actos. Por cierto que este desagradable asunto me trae a la cabeza a ese otro vicioso impenitente, Bill Puros Clinton, y a su impúdica matización de que el sexo oral no es sexo. James Ellroy lo considera el mejor símbolo de la decadencia moral de América; quizá lo sea. Las potestades de las altas esferas...

Por otro lado, el caso del pastor evangelista Ted Haggard constituye un desafío moral de pequeña magnitud. Se drogó y practicó sexo con un hombre durante años; yo podría comprender algún escarceo, pero lo suyo parecía ser más bien un hábito muy firmemente establecido.

Dejadme cambiar de asunto. El sábado me pregunté si cabía la posibilidad de que la caída en desgracia de Larry Craig no fuera más que una demostración, innecesaria por lo demás, de la virtualización de la realidad. Creo que la variedad de creencias religiosas, posiciones políticas y excentricidades conspiratorias a las que nos hemos acostumbrado los ciudadanos del mundo libre son una constatación de la capacidad humana de autoengaño. No digo que sea el caso de Craig, como insistí en su momento, no pasa de ser un planteamiento teórico... Es sólo que durante los últimos días, o semanas, o más bien meses, he leído una cierta cantidad de artículos relacionados con los procesos políticos mundiales que me hacen cuestionarme, de un modo práctico, si la realidad no estará siendo fraccionada, fracturada y frustrada de tal modo que los grandes problemas del planeta, y las salvajes amenazas a la que éste debe hacer frente, pasan por nuestras vidas lo bastante discretamente como para que no le confiramos la importancia que verdaderamente tienen. No hablo de malvados masones obsesionados con sus sórdidos rituales iniciáticos, ni de millonarios que deciden la importancia de cada cosa en Occidente durante sus reuniones de fin de semana, sino de la dificultad que tenemos para discutir abiertamente determinados temas. La homosexualidad es uno de ellos, como mencioné líneas atrás; el cambio climático se ha subido recientemente al carro de las Cuestiones Intocables; y hay otros, el más urgente, el Islamismo.

Pongamos por caso los grandes medios de difusión de noticias. Y digamos que Google News es uno de ellos, un entorno imprevisible y ajeno a la intervención humana que, en función de complejos sistemas matemáticos, determina cuáles son los temas candentes del día. Sin embargo, los portales de noticias han de cumplir determinados requisitos para que los motores de rastreo de Google los indexen. Estos requisitos suelen ser muy poco escrupulosos, hasta donde yo sé, pero ayer leí un interesante artículo --Is Google purging conservative news sites?-- en el que el autor enumeraba varios casos de discriminación informativa. Google había censurado algunos portales de noticias porque estos vinculaban el islamismo con el terrorismo. Todos sabemos que esa relación no es más que una fantasía reaccionaria propiciada por los fascistas. Claro que hace años, cuando yo presenté una queja ante Google News tras leer alguna falsedad objetiva publicada por uno de esos periódicos digitales de corta vida, recibí una amable pero insatisfactoria respuesta en la que se me explicaba que todo el proceso era automático, como si eso resolviese algo.

También Mark Steyn ponía el dedo en la llaga en su artículo Un secuestro más grave que el de El Jueves, sobre los inconvenientes que puede causarle a una empresa distribuir información «insensible» con los musulmanes:

Para dar respuesta [a la pregunta de cómo perderemos la guerra contra el Islam radical], recurramos a un fascinante libro llamado Limosna para la yihad: caridad y terrorismo en el mundo islámico, de J. Millard Burr, un antiguo coordinador de la ayuda humanitaria de USAID, y el académico Robert O. Collins. ¿No lo puede encontrar en su librería local? [...] La semana pasada, Cambridge University Press accedió a retirar todos los ejemplares no vendidos de Limosna para la yihad y triturarlos. Además, ha solicitado a miles de bibliotecas de todo el mundo que retiren de sus estantes el volumen. Esta acción tan inusual fue acompañada de una carta al jeque Jalid bin Mahfouz, a la atención de sus abogados ingleses. [Sigue aquí.]

Interesante, ¿verdad? Lo cual me hace pensar por enésima vez en la profunda fractura abierta entre los ciudadanos y los medios de comunicación que les transmiten la información. En España la COPE es básicamente el único medio tradicional abierto a la discusión política; frente a ella, todos los demás mass media, incluyendo los verdaderos gigantes, es decir, los canales de televisión, marchan marcialmente en la misma dirección. En fin, Internet se ha revelado una herramienta magnífica para difundir todas las noticias, incluso las incómodas y políticamente incorrectas, y para hacerlas llegar a los confines del mundo; la cuestión es si hay modo de sabotear este último bastión, aunque sea mediante subterfugios y sutilezas.

Etiquetas: , , , ,

buscar en neoconservador.com

buscar en google

entradas previas

Rajoy tiene el control

Flexionando los dedos

El Rey, Zetanada y Jiménez Losantos

PornoZeta

Opresión estatalista y los tres terrores

Las fronteras

Triángulos equiláteros y otros asuntos

Palabra de Norman Mailer, ex ateo

Robo de votos

Chaparrón anti-Zapatero

ofertas interesante

Casa del Libro

PhotoShop Elements y Adobe GoLive gratis con tu plan de hosting Strato

Contrata aquí tu hosting: todo el espacio y ancho de banda que necesitas para tu web

archivos

15 julio 2007

22 julio 2007

29 julio 2007

05 agosto 2007

12 agosto 2007

19 agosto 2007

26 agosto 2007

02 septiembre 2007

09 septiembre 2007

16 septiembre 2007

23 septiembre 2007

30 septiembre 2007

07 octubre 2007

14 octubre 2007

21 octubre 2007

28 octubre 2007

09 marzo 2008

enlaces recomendados

Pajamas Media

The Daily Dish

NewsMax

The Weekly Standard

Townhall

City Journal

FindArticles

nube de etiquetas

humor

Creators.com

Momma (¡Hilarante!)

Cox & Forkum

Viñetas en Townhall

José María Marco

Michelle Malkin

Larry Elder

Mark Steyn

Enlaces promocionales

Enlaces promocionales

oh, el Neocón se ha comido al perro

Treintañero

El camino de la Felicidad

Un vasco en Nashville

Diseño web

Spanish Pundit

Enlaces promocionales

I Power Blogger

Suscríbete al feed

Suscríbete al feed Conservador al habla por Email