El domingo por la mañana vi algo bastante divertido* cuando puse el televisor para hacer tiempo antes de salir a comprar churros. Fue un uno de esos programas de zapping que reproducen clips de una variedad de shows televisivos, desde documentales hasta reality shows, aunque en esta ocasión se trataba de la edición de Telecinco y no hicieron mención ni a la Guerra de Irak ni al desastre del Prestige, lo que me causó una profunda tristeza: soy un hombre de costumbres y este tipo de cambios de conducta me minan la moral. En fin, lo que vi fue una imitación bastante vulgar de Micky Mouse instruyendo a los niños palestinos en el odio a Israel y en cómo a Alá le complace la muerte de los judíos, tragedia a la que los cándidos muchachitos posiblemente contribuirán algún día. Pero en realidad no es una técnica de lavado de cerebro que a nosotros los españoles nos sea ajena: en diferentes comunidades se educa a los críos en el desprecio a los maquetos y, en algún caso, en el fervor etarra. Salvando las distancias, educación para la ciudadanía es otro método estatalizado de corrupción de menores; puede que no se forme en las bondades del asesinato suicida, pero priva de conciencia a los niños, y un hombre sin conciencia no es nada, como advirtió [parafraseo un poco] el Santo Padre Juan Pablo II.
Sin embargo, lo primero que pensé al ver aquellos abominables dibujos animados, con los pobres enanos reducidos a carnaza, como si los estuviesen sodomizando frente a las cámaras, no fue en la asignatura fascista que el PSOE pretende instaurar en el sistema educativo nacional, ni siquiera en lo que ocurre en el País Vasco o en Cataluña. Mi primer pensamiento sacó del trastero de mi memoria La bola de cristal, aquella serie infantil que el transcurso de los años ha vuelto mítica porque su verdadera naturaleza, la pornografía moral contra los menores, ha pasado casi completamente desapercibida.
Apenas recuerdo aquella porquería, si bien tengo muy presente la terrible figura de la bruja de plástico con la mandíbula articulada y una mata de cables a guisa de cabello. Qué cosa tan terrible. El caso es que La bola de cristal fue un perfecto campo de batalla empleado por una caterva de izquierdistas para adoctrinar a los enanos; tanto si consiguieron su objetivo como si no, el mismo empeño resulta repugnante.
Uno de los guionistas de La bola fue Carlos Frabetti, quien colea todavía hoy por el submundo izquierdista español. No contento con amenazar más o menos veladamente a César Vidal, a quien advirtió que no tenía ni idea de lo que le esperaba si se granjeaba su enemistad, fundó la grotesca, inútil y tristemente célebre Alianza de Intelectuales Antiimperialistas, nombre del que tan sólo la primera palabra parece correcta; mientras me permito cuestionar la inteligencia de sus miembros, me preguntó contra qué imperio se resisten. Es una pregunta retórica, por supuesto: el imperio es el de siempre, Estados Unidos, la superpotencia a la que debemos la libertad y la prosperidad de las que disfrutamos hoy día, después de que liquidara al monstruo comunista y se meara sobre el cadáver aún caliente. Lamentablemente, el comunismo no murió, sino que mudó la piel y a estas alturas de la historia se manifiesta de maneras más arteras, aunque igualmente terribles y deshonestas. Hoy el comunismo es el soporte moral de los terroristas.
Tengo que reconocer, volviendo al italiano Frabetti, que su retórica suena bastante persuasiva (al menos, si uno siente algún aprecio por el desfasado lenguaje revolucionario). No le faltan dotes de encantador de serpientes; y claro, unas pocas víboras bailan al son de su música. Frabetti, que escribe en Gara. Frabetti, que remitió una misiva de corte siciliano al conservador César Vidal. Frabetti, quien junto con Nodo Nosecuantos denunció a Libertad Digital, aunque la cosa quedó en agua de borrajas. Frabetti, para quien las víctimas del 11 de Junio en Londres no fueron necesariamente inocentes (no, si habían votado a Blair).
Recuerdo que, siendo niño, tenía costumbre de abandonar mi cama y subirme a la de mis padres los sábados por la mañana. Ponía el televisor y me embelesaba con lo que quiera que emitiesen. Fue por aquel entonces cuando vi mi primera orgía. No sé si formaba parte de La bola de cristal y, francamente, poco me importa. El caso es que, en mitad de un bosque, con bengalas gigantes a modo de falos, unos tipos se sodomizaban y copulaban en un furor que a mí, en mi candidez, me causó un temor y desconcierto que tan sólo años después comprendí como plenamente justificados. Aquellos hijos de p*ta trataban de prostituir la mente de un niño, obviamente contra la voluntad de mis padres. Cada vez que escucho hablar de educación de la ciudadanía, pienso que ese asunto me resulta sumamente familiar.
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Posdata: A vueltas con Concha García Socialista Campoy. Hoy cargaron contra Losantos con lo que ellos debían de considerar artillería pesada, a cuenta del Rey. Lo curioso del programa de la Campoy es que el flanco progre es socialista, y el de derechas, del PSOE. Curioso. // La Iglesia también se llevó lo suyo, por eso de no infringir las normas del manual.
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*Obviamente no fue divertido en absoluto.
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