No sería descabellado pensar que este fin de semana la poderosa cola de un terrible dragón ha derribado un tercio de las estrellas del cielo, y que profundas convulsiones subterráneas han sacudido la superficie terrestre. Ya se trate del Apocalipsis desencadenado por la decadencia de Occidente, ya se trate de los gruñidos estomacales del siempre hambriento de poder presidente Rodríguez Zetanada, resulta difícil resistir la tentación de dedicarle al menos un breve post al asunto que estos días le ha helado la sangre a más de uno. Supongo que a estas alturas todo el mundo está ya al corriente de la supuesta conversación que el Rey y Esperanza Aguirre habrían mantenido durante el almuerzo–celebración del día de la Hispanidad. Según publicó El País en su edición del domingo, la charla de las altas dignidades derivó en una áspera discusión sobre Federico Jiménez Losantos, quien hace pocas semanas sugirió al Rey la conveniencia de abdicar a favor de su hijo y cuestionó el compromiso del Monarca con la Unidad de España.
Yo me sentí muy estimulado por la posibilidad de que esa conversación hubiera tenido lugar realmente en el modo en que fue transcrita por El País --especializado últimamente en desvelar conversaciones privadas, Aznar y Bush lo atestiguan--, y la expectativa por la respuesta de Losantos estaba a punto de volverme loco. En fin, he escuchado lo que Losantos tenía que decir esta mañana en la COPE, y debo reconocer que ha reaccionado con enorme buen juicio. Las cosas se han puesto muy feas, incluso para él, y posiblemente ha llegado a la conclusión de que de momento conviene reducir la marcha. Losantos adoptó hace tiempo una actitud extremadamente dura --y en algunos sentidos temeraria e irresponsable-- con respecto a la Corona, pero aflojó la presión pocos días atrás cuando se retractó, quizá innecesariamente, de su petición de abdicación real. La postura de la Iglesia, propietaria de la COPE, había sido manifestada con rotundidad en favor del Monarca. Fue un movimiento oportuno de parte de la jerarquía eclesiástica, y Losantos comprendió tanto este mensaje como todos los demás mensajes que pasaban silbando junto a sus oídos.
La estrella de la COPE ha realizado algunas objeciones sobre supuesta exclusiva de El País, poniendo en duda que la conversación se hubiera producido tal y como la entrecomilló el lánguido Ernesto Ekaizer, y ha desviado ostensiblemente la atención de la Zarzuela para situar el foco sobre el palacio presidencial. La tesis del turolense con más carácter que han conocido los tiempos consiste en que todo este asunto no es más que un intento del círculo del presidente de desviar la atención de lo que realmente importa, la amenaza de disgregación nacional, y en cierto sentido lleva razón, en la medida en que Losantos es parte interesada en el negocio de España.
Al parecer la presidenta de la comunidad de Madrid expresó a Su Majestad el deseo de que las cosas se recondujeran en la dirección más adecuada para todos, y añadió que el arrebatar el micrófono a un periodista sería lo peor que podía suceder. Se trata de una idea bastante convencional, así que no la discutiré desde el punto de vista moral. Lo que me interesa es que Federico Jiménez Losantos no es periodista: ni estudio la carrera, cosa irrelevante, ni la ejerce.
El filólogo y escritor no se limita a transmitir noticias, y tampoco interpreta el papel de vocero de las convicciones políticas de parte de la sociedad española: él se ha convertido en un auténtico pivote, una referencia que crea opinión, empuja las conciencias y alienta movimientos sociales tan sorprendentes e inesperados como las profusas manifestaciones conservadoras que han tenido lugar durante la presente legislatura.
Creo de veras que acallar a Jiménez Losantos constituye una prioridad estratégica para los izquierdistas españoles, aunque en términos objetivos Losantos no constituye un obstáculo insalvable, como demuestra la evidencia. Sin embargo, no es menos cierto que él ha organizado parte del movimiento de derechas y ha animado un nuevo y hasta el momento desconocido orgullo por los valores tradicionales: unidad nacional, libertades individuales, comercio libre y un cierto conservadurismo católico.
Pero discutir todas estas cuestiones no tiene demasiado sentido en este momento, no mientras no sepamos si la escena del almuerzo sucedió tal y como fue descrita por El País. Por otro lado, resulta sumamente interesante la cuestión de quién filtró la conversación: había suficientes comensales sentados a la mesa como para que podamos divertirnos especulando. Su Majestad el Rey haría bien en sacar conclusiones de este desagradable episodio y de otros episodios acontecidos durantes los tiempos pasados, y sería magnífico si comprendiera de una vez que el compromiso de la derecha con la Monarquía no es tan inquebrantable como muchos sostienen. Incluso para los que estamos persuadidos de que si la Corona cae, cae España, entraña una enorme dificultad practicar juegos malabares para compatibilizar la lealtad a la Monarquía con la lealtad a la Nación. La trampa reside en que no habría de existir ninguna diferencia entre esos dos elementos, y si en este momento hemos de enfrentarnos a ella, se debe a que Alguien no ha hecho Sus deberes. Por una vez, las mayúsculas no están reservadas a Dios.
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Parafraseando: que la Iglesia rece menos por mí y se encargue de Losantos. Un argumento bastante sobado últimamente en boca de los periodistas progres, pero desafortunado en labios del Rey. Irónicamente, la Iglesia conforma otra de las tradiciones estructurales de España; Su Majestad tendría que esforzarse en conservar una buena relación con ella. Tienen mucho en común, pero a diferencia de la Madre de Occidente, el monarca no cuenta con un Aliado capaz de destruir ciudades y crear universos.
Etiquetas: COPE, Corona, España, Losantos, Zapatero
Llevo varios días sin escribir una sola palabra para este blog, así que me siento en la obligación de presentar mis disculpas. Pero ya sabéis cómo funciona el negocio, unas veces las cosas marchan bien y las neuronas edifican magníficos palacios a base de prosaicos bastoncillos para los oídos, y otras las células nerviosas se limitan a identificar formas improbables en la geometría de las nubes y a limarse las uñas. Debo decir que tanto las uñas de mis neuronas como las de mis propias manos se encuentran perfectamente recortadas y limadas, subiendo y bajando como bailarinas de danza moderna sobre las negras piezas del teclado. Y aunque el lado oscuro de mi cerebro experimenta en este preciso instante el impulso de recrear escenas verdaderamente trágicas... mis dedos apretados contra los músculos del cuello de algún réprobo... un pequeño esfuerzo basta para liberarme de tan fantasiosa impiedad. (Nota: no me siento de muy buen humor, como podéis figuraros; a fin de cuentas, en condiciones normales yo nunca optaría por una forma de asesinato que requiriese ese tipo de contacto íntimo.)
Supongo que con el párrafo previo he roto el hielo, y en lo sucesivo podré flirtear sin pudor con los obscenos asuntos que tanto los políticos como la necedad generalizada en España han impuesto en nuestras vidas. Pensándolo bien, se pronuncia tanto la frase «esto sólo pasa aquí», casi siempre en referencia al país de la piel de toro, que la engañosa frasecilla ha perdido todo su significado. Suena casi tan flácida e irrelevante como el «buenos días» que le dedicamos cada mañana a la vecina cascarrabias y lesbiana del piso de abajo. (De hecho ya no; la mujer de piel tostada y cabello corto al estilo concejal etarra quedó atrás hace años, como mis compañeros de apartamento, las vacías frustraciones que festonearon mi vida durante aquella época y todo lo demás.) Sin embargo, a pesar de la tendencia española a degradar la patria al nivel de una cucaracha particularmente repulsiva, quizás haya algo de cierto en ella, pues ¿acaso existe algo parecido a Zapatero en alguna otra nación del planeta? ¿La misma vaciedad revestida de buenismo, la misma egoísta terquedad con traje y corbata, la misma capacidad de superar una y otra vez los excesos de la propia insensatez? Zapatero, como todo lo peor, no tiene parangón; ni siquiera un Pepe Blanco plantado, regado y recolectado como una hortaliza rechoncha y fea, y finalmente colocado en la casa presidencial de alguna republica bananera caribeña, lograría las mismas proezas de inversión moral y mezquindad que Zapo se cuelga de la solapa de la americana como condecoraciones de guerra. De una guerra secreta, por supuesto, nada que sus pacíficos votantes puedan echarle en cara.
El caso es que han transcurrido dos o tres semanas desde que me lamenté por primera vez de la inoperancia de los políticos respecto de los símbolos nacionales. Por supuesto, me refiero tan solo a los representantes públicos del PSOE en la arena interregional, pues Regina Otaola ofreció a sus pares un finísimo ejemplo de la valentía y, consecuentemente, la elegancia con que puede uno ejercer sus responsabilidades. Tampoco estaba pensando en los líderes separatistas, sanguijuelas amantísimas de los escudos, escudos inflamados por las fantasías tribales de sus portadores, que siempre se muestran de lo más dispuestos a enarbolar sus banderas muy por encima de las nubes, como si el escenario terrestre no fuera suficiente: y es que el necio siempre se muestra orgulloso de sus carencias. Que no suelen ser pocas, precisamente. Es fácil imaginarse una expedición extraterrestre sobrevolando las alturas siderales en sus cápsulas lenticulares y contemplando con civilizada diversión a los más tontos de entre los tontos, los ejemplares más exóticos del género tóxico español: esos alienígenas de cuerpos menudos y cabezas hinchadas --todo lo contrario que nuestros gnomos de la discordia independentista, que suelen tener más panza que cabeza--, esos alienígenas superiores, decía, podrían observar las banderas de todas las regiones con ínfulas soberanistas, y ninguna nacional.
Si sus herramientas telescópicas se encuentran lo bastante desarrolladas, y no imagino por qué no podría ser así, los aliens verían también las fotos de los Reyes de España ardiendo del revés mientras un corro de perros de presa roñosos ladraba a voz en cuello. ¡Guau, guau! Lástima que el servicio municipal de atención a los animales se mostrase tan reacio a atar a los ejemplares y encerrarlos en jaulas. Quién sabe lo que podría suceder a esos pobres animales, enfermos de rabia, tras el periodo estipulado de espera de adopción, cuando han de dejar espacio libre para los cánidos recién llegados.
Resulta muy curioso que en Estados Unidos, y a pequeña escala, sucedan cosas parecidas a las que ocurren en los rincones privilegiados de España. Es difícil figurarse a un Secretario de Justicia norteamericano mostrándose tan condescendiente con el crimen como ocurre aquí en España, pero si se escarba un poco también allí puede uno localizar algunas anécdotas tragicómicas, como ese episodio ocurrido en un instituto de Carolina del Norte donde todas las banderas han sido proscritas. Incluida la nacional. Sostienen que resultaría demasiado complicado filtrarlas una a una, es decir, determinar cuáles son bienvenidas y cuáles no. A eso lo llamo yo multiculturalismo, que es la comunión de todas las estupideces en un mismo tiempo y en un mismo espacio. (Hasta que una de ellas, con plena seguridad el islamismo, degluta a todas las demás y el planeta Tierra queda reducido finalmente a un enorme minarete desde el que cantarle alabanzas a ese tipo al que ni siquiera se puede caricaturizar. Qué hartazgo, señores: qué grima, qué hastío, qué frustración, qué repugnancia sin limites.)
SAMPSON COUNTY, N.C. – On the sixth anniversary of the Sept. 11 attacks, students at one high school were not allowed to wear clothes with an American flag.
Under a new school rule, students at Hobbton High School are not allowed to wear items with flags, from any country, including the United States.
Es una verdadera pena leer que algo así ha ocurrido en Estados Unidos. Me hago un paisaje mental, como es de suponer, del tipo de profesores que componen el claustro que ha adoptado esa estúpida decisión. Feministas radicales, a quienes podríamos definir como el bando de Las Vaginistas; multiculturalistas, fanáticos de Chomsky y nostálgicos de la revolución sexual del 69, esposos de las Vaginistas heterosexuales; profesoras feas, conservadoras en el fondo de sus seres pero incapaces de hacerse valer; iconoclastas de la enseñanza, promotores de la educación para la ciudadanía, fascistas retóricos, comunistas culturales, teóricos del porno duro, fumadores de peyote, mascahierbas... y así hasta que te echas a llorar. O puede que se trate tan sólo de una colección de esnobs cobardes, fenómeno éste que --y he albergado la siguiente sospecha desde mi adolescencia--, constituye la más grave amenaza para la integridad de Occidente. Es decir, de la Civilización más refinada y admirable que, bajo la Cruz, han conocido los tiempos.
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Ha amanecido un día con nubes naranjas. De hecho, acabo de darme cuenta de que tengo naranja el flanco del brazo derecho, pues la puerta abierta da a Naciente: si me inclino un poco hacia atrás puedo contemplar directamente el sol, que todavía no brilla lo suficiente, como una burbuja de líquido flamígero, rodeado de algodones. Supongo que será un día cálido, y de repente echo de menos el invierno.
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Hace un par de días mencioné la larga barbacoa que mi familia celebró durante el pasado fin de semana, desde el sábado noche hasta el domingo tarde, e hice alusión a lo feliz que me sentí al asistir a tantas muestras de desprecio al presidente Zapatero. Recuerdo también una breve conversación que mantuve con uno de mis primos, él sentado en una silla y yo acomodado en una mecedora junto a la chimenea. Mi primo se quejaba de lo mal que andaban las cosas, e indirectamente de la inoperancia de los políticos. Bueno, supongo que lamentarse de los políticos es el recurso que todos empleamos para justificar nuestros males y el mal de la sociedad, y aunque no cabe duda de que se trata de una simplificación muy satisfactoria pero poco funcional, no está exenta de buen juicio. A fin de cuentas, ¿no cuentan ellos, en primer lugar y por encima de cualquier otro, con el poder inmediato para cambiar las cosas? Aznar utilizó sus facultades para apoyar la Guerra de Irak, algo que, al menos en apariencia, fue muy poco popular, y Felipe González nos metió con el trasero por delante en la OTAN, incluso aunque aquello le valió un par de críticas de sus sectarios compañeros de cama. Lo que quiero decir es que en las manos de los políticos reside la posibilidad de llevar a la práctica las iniciativas que ellos consideran más apropiadas para la nación. Claro que, en el caso de Zapo, no existe el más remoto interés en contribuir al bien nacional, una abstracción de la que él desconfía plenamente --debe de ser la única: ese tipo engulle mitologías climáticas y pacifistas con una voracidad sorprendente--.
Cuando mi primo expuso su preocupación sobre los problemas derivados de la inmigración ilegal, y muy especialmente del riesgo que asumimos al acoger en nuestro territorio a inmigrantes islamistas, y sobre cómo desconfiaba del futuro de este país tanto para su hijo pequeño como para el que viene en camino, yo respondí que existían ciertas esperanzas teóricas, pero que difícilmente podríamos sacar provecho de ellas. En resumidas cuentas, le dije que estamos sometidos a los designios de un santo bobo, un farsante, un beato de la new age, y que dado que cuenta con el apoyo de millones de personas que admiran «su calidad humana», los hombres de bien, los ciudadanos preocupados por las libertades, el bienestar y la estabilidad estructural del país, teníamos las manos atadas. Lo cual no es del todo exacto, pero se aproxima. En democracia, bendita sea, nos vemos forzados a respetar incluso a nuestro peor enemigo. (Un adversario dispuesto a condenarnos al vacío político.) Supongo que el problema de Zapo es su limitada capacidad de ver la realidad tal cual es, y gobernados como estamos por un ciego tonto y malvado, nosotros pagaremos las terribles consecuencias.
En fin, he terminado por divagar y he pasado casi completamente por alto aquello que tenía intención de decir.
Si aludí antes a la potestad de los políticos para ejecutar todo tipo de iniciativas enojosas fue como reacción a la noticia que he escuchado esta mañana en la radio: y es que el alcalde de Bilbao ha ordenado retirar del balcón del Ayuntamiento la bandera nacional tras sólo un día ondeando en el mástil. Y eso me hizo pensar en la obtusa displicencia de tantos políticos, en su abominable desidia, en cómo se desentienden de los compromisos más básicos de cualquier estado decente y respetable. Siento una profunda repugnancia, un odio que hace sacudirse mis entrañas, por todos esos politicastros lerdos e impotentes como viejas madames de burdeles de lujo... cerdos bien vestidos y aficionados a los canapés que rezongan, se rascan las espaldas y ríen como chiflados... mientras los exaltados del nacionalismo hacen de las suyas una y otra vez, impulsados por el resorte de su propia mezquindad, y libres como gorriones porque conocen el estilo español: no hacer nada.
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Durante los últimos años, cuando una especie de paz nacional se impuso en nuestro país en lo concerniente al terrorismo... cuando todos reconocimos la dignidad de las víctimas y la vacuidad moral de ETA... cuando el PSOE interpretaba todavía el papel de combatiente por las libertades... a mí solía sorprenderme que en el pasado las cosas hubieran sido de otro modo. Por aquella época las familias de los muertos y los heridos sumaban a su dolor la vergüenza social de llevar en sus venas la misma sangre que un condenado por ETA, lo cual me hace suponer que, a juicio de toda esa gente, la banda terrorista vasca poseía alguna cualidad benéfica. Algo habrá hecho: polis, políticos, transeúntes. Ése es un buen motivo para sentirnos avergonzados los españoles, pensaba yo, estupefacto por la iniquidad que se había instalado en España durante tanto tiempo.
Cuando me hice consciente de que existía algo llamado política, las cosas ya habían comenzado a mejorar, de modo que tuvieron que recordarme que el pasado no fue igual de justo.
El secuestro de Miguel Ángel Blanco suscitó una fuerte reacción entre los españoles, quienes nos echamos a las calles para exigir su liberación y el fin de aquel chantaje. Una compañera de instituto me escribió una carta en la que decía que había sido aquélla una de las escasas ocasiones en que se había sentido verdaderamente orgullosa de ser española. Yo respondí que estaba de acuerdo, que la fervorosa explosión de la voluntad popular había sido lo bastante conmovedora para hacerme saltar las lágrimas.
Terrible engaño.
Tiempo después, otra compañera de instituto afirmó en clase que la sociedad había sido manipulada durante el secuestro, tortura y asesinato del concejal popular. No precisó los detalles de la presunta manipulación. La chica era una comunista hija de comunistas. Un segundo compañero, también fieramente rojo, defensor de Castro y de las dictaduras soviéticas, solía mostrarse bastante indulgente con respecto a los etarras. ¿Escribí «indulgente»? Lo suyo era puro activismo proterrorista. Luego estaban aquellos otros comunistas, a quienes yo conocía muy de cerca, funcionarios del Ayuntamiento municipal en algún caso, que compartían siseantes llamadas telefónicas cada vez que ETA cometía algún crimen: los asesinatos motivaban las mejores sonrisas.
No sugiero que todos los comunistas piensen así, pero sí que, según sé, no pocos sufren esas inclinaciones sanguinarias. Castro, Stalin, sus fusileros os observan.
Con el paso de los años las cosas se fueron aclarando. El engaño que mencioné líneas atrás, quiero decir... el baile de máscaras llegó a su fin y las caretas se fueron retirando... así, muy bien. Bajo los rostros de caimán, ojos de sapo. Pensé que la monstruosidad había empezado a manifestarse en obscena procesión. Tras las masacre del 11M, un golpe de viento hizo darse la vuelta a los naipes desplegados sobre la mesa, y las primeras justificaciones indirectas del terrorismo empezaron a sonar. La culpa es del PP, sostenían, ellos nos han puesto en el punto de mira: ¿cobardía o pretexto? El PP les había dado una razón. Ergo el terrorismo tiene sus razones. Y muchísimos españoles las comprenden.
Luego llegó Zapatero, cuya sonrisa de payaso cautivó a millones de personas. Es tan guapo, aseguraban. Tiene tanta calidad humana. Tanta grandeza. Es bueno. Todo eso mantienen.
No me siento nada cómodo admitiendo que se puede negociar con los terroristas, pero ofrecerlo todo a cambio, permitir a las bestias llevar la iniciativa, hace que me tiemble el pecho. Y Zapatero contó con múltiples apoyos. Todos los ojos de sapo se confabularon graciosamente para alentar al beato presidente.
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Este fin de semana he asistido a una reunión familiar que celebramos anualmente: los tíos y los primos nos congregamos para beber cerveza, comer carne, reír, cruzar conversaciones, saborear un whisky que hace arder cuerpo y alma y comprobar que todos seguimos vivos, algo maravilloso.
De alguna forma salió a colación Zapatero. Entre los hombres, apiñados en torno a la barbacoa de hierro, ninguno lo apoyaba. Me sorprendió y me alegró; me gustaron todas aquellas muestras de desprecio.
Etiquetas: España, terrorismo, Zapatero
Conoce a tu enemigo:
Libertad Digital: Irán ejecuta a 16 personas acusadas en su mayoría de homosexualidad, violación y adulterio: "Irán ejecuta a 16 personas acusadas en su mayoría de homosexualidad, violación y adulterio".
Tal vez debamos considerar la posibilidad de compartir con ellos mesa y mantel en una especie de Confederación Tribal Planetaria. Tribal, pensamiento primitivo, Juventudes Socialistas (nuevos rojos, viejos tontos mediada la veintena, cuando se abandona toda esperanza y la cosa no tiene arreglo), zafio Gobierno, Zapatero, quien asegura que la Educación [Adoctrinamiento, nota de autor] para la Ciudadanía [Tribu, nota de autor] es la mejor forma de patriotismo. En su teoría malsana, a la Nación se la ama volándola por los aires, pero ése es sólo uno de los métodos posibles de significar el pensamiento disfuncional: hay otras. Afirma Zapatero que a España se la ama conociendo la Constitución. Dos acotaciones: sería apropiado respetarla, además de amarla, que es una emoción demasiado abstracta y puede terminar en asesinato, con el interesado bañado en el charco de su propia sangre; convendría decir asimismo que España es bastante más antigua que la Constitución, y que esa compuerta improvisada no es más que un tránsito entre estadios.
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Elecciones en Turquía. El AKP, partido islamista moderado, gana las elecciones con más del 75% escrutado.
Islamista moderado, que puede significar literalmente cualquier cosa.
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Hallan en casa del imán detenido en Italia 60 tipos de sustancias para fabricar bombas. [Aquí.]
Siento el impulso de rezongar como un anciano escéptico que ha visto de todo, y la mayor parte resultaba decepcionante. No es que me sorprenda.
Etiquetas: España, Zapatero