Que no soy un tipo guay, cool, enrollado ni moderno lo demuestra el hecho de que me chiflan las fronteras, creo que existen naciones diferenciadas, civilizaciones superiores y culturas tan retrasadas que apenas hay modo de diferenciarlas de una familia de cocodrilos sumergidos en un pantano. También me molan las banderas, por lo menos algunas de ellas: la española me emociona y la americana me causa una profunda nostalgia. Dicho sea de paso, la bandera europea, con sus estrellitas dibujando un círculo sobre fondo azul, sería bastante útil como mantelillo en una fiesta de cumpleaños repleta de ese tipo de niños malcriados incapaces de meterse una cucharada de tarta en la boca sin arrojar la mitad sobre la mesa. Una bandera europea sucia es una bandera europea verosímil. La verdad es que de adolescente me consideraba un europeísta fervoroso, supongo que porque no sabía que ese compromiso comportaba una especie de adhesión a la masonería, al anticristianismo y al desprecio a las propias tradiciones, como todos sabemos a estas alturas. Por aquella época yo solía pensar que la Europa actual era la misma Europa de la Cruz, los caballeros, los cruzados y la avanzadilla cultural mundial de los siglos pasados, pero resulta obvio que estaba cometiendo un grave error. En el mejor de los casos, Europa no es nada; en el peor, se trata de una ciénaga de corrupción y decadencia.
Recuerdo cierta noche de hace varios años que pasé navegando por Internet. No sé muy bien de qué forma terminé con una página fascista mejicana cargada en mi navegador. La página en cuestión tenía uno de esos insufribles diseños oscuros tan difíciles de leer, con símbolos que parecían deformaciones fetales de la esvástica y mensajes pseudo–solemnes que causaban simultáneamente repulsión, vergüenza ajena y un intenso desprecio. El autor lanzaba una incendiaria y estúpida monserga sobre la superioridad de la civilización mejicana, teoría que en su momento me sonó tan risible como me lo suena ahora. No querría ofender a esa nación, desde luego, pero ¿superior? ¿Se refieren al Méjico de hoy, el país que depende de Estados Unidos para subsistir, o al territorio precolombino, antes de que los españoles nos apropiáramos de todo lo que encontramos a nuestro paso, a cambio de lo cual les legamos un idioma extraordinariamente hermoso y, lo que es más importante, el Evangelio de Cristo?
Sé muy bien que no conviene tomarse demasiado en serio a estos nazis de medio pelo, pero hace unos minutos me asaltó el recuerdo de aquella majadera página web mientras consultaba el archivo de columnas de Pat Buchanan en Human Events; el buen hombre siempre tiene cosas interesantes que decir, pero un texto en particular atrajo poderosamente mi atención. Se titula Buenas noches, América (en español en el original), y analiza la actitud arrogante de los mejicanos y la flácida autoindulgencia de algunos líderes estadounidenses respecto de los incendiarios mensajes de los primeros, quienes sostienen que la nación mejicana excede sus fronteras legales y se extiende allí donde hay mejicanos, cuya primera parada suele ser, como es evidente, Estados Unidos. Últimamente es fácil leer artículos que relatan cómo los mejicanos residentes legal o ilegalmente en tierras yanquis enarbolan las banderas de su país de origen en lugar de las useñas. Yo suelo reaccionar con indignación, como es lógico. Es de suponer que los mejicanos deben de seguir lamentándose del mordisco territorial que los USA le propinaron antes de la invención del árbol melocotonero, pretensión nacionalista que exalta mis propias pretensiones patriotas: tal vez nosotros deberíamos reconsiderar la independencia de todas las naciones que unos vez pertenecieron a la Corona española. A continuación los italianos reclamarán España, por supuesto, y a finales de siglo todos residiremos en una especie de flagelante magma multicultural muy del gusto de los progres. Ellos se sentirán satisfechos, desde luego, pero para ese momento ya no quedarán leyes que cumplir, ni códigos morales que respetar: el cerebro reptiliano se habrá impuesto sobre la personalidad humana, y todo serán guerras, fuegos y violaciones. Lo cual encaja a la perfección con el constructivo proyecto de los izquierdistas.
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Palabra de Norman Mailer, ex ateo- Diario El Día, La Plata: "El estadounidense Norman Mailer ('Los desnudos y los muertos') fue conocido durante mucho tiempo como marxista y ateo. A los 84 años y con problemas de salud, el enfant terrible de la literatura yanqui se encontró, sin embargo, con la fe.'Mi relación con la religión es interna y personal', dijo Mailer durante una entrevista en su residencia de Cape Cod.'Creo que Dios existe, no tengo dudas. En mi época de ateo me parecía muy difícil encontrar una explicación filosófica para el hecho de que el ser humano haya surgido de la nada. Pero hoy tiene sentido creer en un creador'. Este mes aparecerá un nuevo libro de Mailer en Estados Unidos bajo el título 'Sobre Dios', que abarca 'conversaciones extraordinarias', según el subtítulo, entre el escritor y su biógrafo Michael Lennon.
[...] El ganador de dos premios Pulitzer, sin embargo, no sólo se encontró con Dios a los 84, sino también con el diablo. "Sí, creo que existe el diablo. Como ex marxista, estoy convencido".
De hecho la fe de Mailer en Dios no es algo nuevo. Sin ir más lejos, yo mismo publiqué una entrada a este respecto (y sobre las relaciones de Mailer con la homosexualidad) en el blog Enfoque Gay. De todas formas, las conversiones religiosas de personas notables siguen causándome interés; lo que no sé es si Mailer ha recobrado la fe judía, o si por el contrario se ha encaramado al navío cristiano.
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Sobre Mientras escribo, de Stephen King:
Suele ocurrir que las vidas vividas por las celebridades resultan mucho más interesantes a ojos del público que las mismas vidas vividas por un don nadie. La fama reviste la existencia de quienes la disfrutan de un aura de sofisticación a la vez terrenal y espiritual (por poco sentido que esto tenga). Ocurre lo mismo con la belleza física: el rostro que en mitad de la calle apenas motiva una segunda mirada, se vuelve tan apuesto que le hace a uno sentirse irresistiblemente atraído cuando se proyecta en el televisor o encima de un escenario. De idéntica forma, un hecho aparentemente prosaico cobra una importancia inusitada cuando ha intervenido, aunque sea sólo de un modo circunstancial, en la vida de un escritor, por poner un ejemplo.
Mientras escribo, el libro de Stephen King que tengo encima de la mesa en este momento, es una magnífica biografía trufada de buenos consejos sobre el difícil oficio de escribir. [Sigue aquí.]
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Sobre El periodismo canalla y otros artículos:
Leyendo los artículos de Tom Wolfe recopilados y publicados en varios volúmenes a lo largo de los últimos tiempos, uno tiene la impresión de que se encuentra a bordo de una cápsula del tiempo que le permite transportarse en cuestión de segundos desde la década de 1960 hasta los primeros años del siglo XXI. Y es que el escritor de blanco ha sido siempre el gran cronista de América, uno de esos raros ejemplares de escritores equipados con todos los instrumentos necesarios tanto para observar la sociedad --la presente, la pasada y la que se aproxima --, como para analizarla con lucidez y a continuación dejar constancia de ella por escrito. También en esta última fase Wolfe es un maestro, un astuto demiurgo de la recreación sociológica, como demuestran sus legendarios reportajes --El coqueto aerodinámico color caramelo de ron , por ejemplo-- y sus tres novelas editadas hasta el momento: La hoguera de las vanidades, Todo un hombre y Soy Charlotte Simmons. [Sigue aquí.]
Sobre La casa infernal:
El prócer de la industria editorial Rolf Rudolph Deutsch está postrado en cama a la espera de que la Descarnada venga a cobrarse su vida. Tiene cáncer y sus expectativas de vida se reducen a días. Sin embargo, antes de exhalar el último aliento desea conocer la respuesta definitiva a una vieja pregunta: ¿existe vida después de la muerte? Para recibir contestación a esa inquietud inmortal contrata los servicios de uno de los más reputados especialistas estadounidenses en fenómenos paranormales, el escéptico Lionel Barrett. Deutsch lo reclama en su aposento y le ofrece una gran suma de dinero a cambio de que resuelva el enigma sobrenatural, tanto si la respuesta es afirmativa, como si concluye que la muerte marca el final de la existencia humana. Cuando Barrett acepta la oferta de trabajo, que deberá realizarse en la Mansión Belasco, la única casa encantada que se ha resistido a todos los intentos por desacreditarla practicados hasta el momento, Deutsch le informa de que otras dos personas lo acompañarán durante su estancia en el terrible edificio: Benjamín Franklin Fischer, ex celebridad del mundo de la parapsicología y superviviente de un dramático experimento previo en la Mansión Belasco; y Florence Tanner, médium. Además, la esposa del doctor se incorpora finalmente a la expedición. [Sigue aquí.]
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WorldNetDaily: Kathy Griffin: 'Suck it, Jesus!':
Kathy Griffin, the star of the Bravo show 'My Life on the D-List,' used her appearance on the Emmy awards program to tell Jesus to 'suck it' and to claim full credit for the honor for herself. Griffin, at the 59th annual Creative Arts Emmy Awards held recently, was honored for having the Outstanding Reality Program, overtaking ABC's 'Extreme Makeover: Home Edition' after several attempts.
WorldNetDaily: 'Jesus' deflowers virgin sexpot in new comedy:
A new comedy spoof on the Ten Commandments portrays Jesus Christ deflowering a sexy virgin, and is raising some eyebrows in the Christian community.
Libertad Digital: El actor Joel Joan hace suyas las palabras de Xirinacs y se declara "amigo" de ETA:
El actor catalán, Joan Joel –más conocido por su papel de 'Willy' en la serie de Periodistas–ha hecho este martes suyas unas declaraciones de 2001 del ex senador independentista recientemente fallecido, Lluís Maria Xirinacs, en las que éste, en un acto por la Diada en el Fossar de les Moreres de Barcelona, se declaró 'amigo de ETA y de Herri Batasuna'.
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Terrance Aeriel, Dashon Harvey y Iofemi Hightower, 18, 20, 20, acuden a las proximidades de un centro académico para conversar y hacer unas risas. Unos desconocidos se les acercan, los capturan, los obligan a arrodillarse, los acribillan a balazos, los tres mueren. A Natasha Aeriel le descerrajan un tiro, la acuchillan, sobrevive, identifica a al menos uno de los asaltantes. Ocurrió a principios de agosto en Nueva Jersey, paraíso de los inmigrantes. El estado del bienestar.
Los verdugos eran inmigrantes ilegales. El estado del bienestar.
Cuando leí la columna de Steven Malanga en City Journal pensé que el crimen me resultaba familiar, aunque no estoy seguro de dónde procedía la primera noticia que me llegó. Quizá se tratara de una mención de Michelle Malkin en unos de sus artículos publicados por Libertad Digital. Sea como fuere, este caso verdaderamente dramático me trae a la mente, por enésima vez, la santurronería fanfarrona y básicamente disfuncional que medio Occidente ha adoptado para garantizar que sus nietos no cuenten con una democracia en la que caerse muertos, que es lo que desearán cuando se den cuenta de que la antigua gloria se ha esfumado tan rápido que todavía puede verse, como un espejismo. En los tiempos antiguos los padres sentían afecto por sus hijos; hoy les pagan el porno y pudren la sociedad en la que estos deberán desenvolverse durante las décadas venideras. Todo encaja.
Las puertas abiertas y las dádivas gratuitas con que la generosidad progre agasaja a los inmigrantes ilegales no es un fenómeno único. Uff, ojalá. En realidad responde a ese comportamiento impostado, supongo, pues duele pensar que la naturaleza sea lo bastante cruel como para hacerlos nacer así, ese comportamiento impostado, decía, que es una suerte de imitación estilística pero sin principios del Cristianismo. Se trata del paganismo espiritual volcado en caliente sobre las estructuras políticas, mediáticas y sociales, como demuestran las depravadas referencias morales de María Antonia Iglesias cuando, interrumpiendo con insolencia a algún derechista pusilánime, nos ofrece una visión maravillosa de los efectos salutíferos que la presencia de subsaharianos nos va a proporcionar. En ese momento el público rompe el mutismo y se echa a reír, pues es cosa sana. El paganismo, que en buena medida ha sustituido a la religión por la vía de la new age... la adoración de la madre tierra con banda sonora de sintetizadores tocados por algún fumeta colocado hasta las trancas... no nos ofrece nada nuevo, ni siquiera una vuelta a los orígenes; en tal caso nos quedaría el consuelo de una oportunidad renovada. Los paganos tienen su gracia, claro, pero sólo cuando residen en casas compartidas en las colinas de San Francisco. Entretanto llega el momento de que un terremoto los devore, a ellos, a sus camisas de flores y a sus gafas tintadas, trabajan como programadores informáticos, asisten a las manifestaciones anti Bush y nos responden con una sonrisa cuando enviamos un email al departamento de soporte de Google. La verdad es que me dan incluso un poco de envidia. El clima apacible, niebla, dinero a espuertas y la obscenidad transformada en lema: Paz, hermano; haz el amor y no la guerra, ya me entendéis. Sin embargo, una vez cruzan las fronteras de la ciudad se vuelven un auténtico coñazo.
Algunos paganos han sido elevados a la presidencia del gobierno por una desafortunada conjunción del caos, la constelación del triángulo invertido y, permitidme abandonar la chanza, ataques terroristas. Estoy pensando en Zapatero, en su papeles para todos.
Al empezar a escribir el post me asaltó la imagen de uno de esos simpáticos pedófilos que toquetean a nuestros hijos, a nuestros diminutos hermanos, a nuestros primitos y minúsculos sobrinos. También existen los violadores, que ofrecen satisfacción sexual a mujeres que difícilmente habrían empezado el día con esa perspectiva en mente. Los etarras son otro ejemplo magnífico de cómo las almas caritativas son demonizadas por la rigidez cívica. Fin de sarcasmo, al grano: en España, debido a la malsana beatería inoculada en nuestros corazones, la dignidad de las víctimas nos es tan grave como los mocos que los párvulos pegan en las patas de las sillas.
Falta de justicia. Entre otras cosas, eso es lo que diferencia a los falsos beatos de un cristiano con un sentido íntegro de la fe: la salvación después del arrepentimiento. Si no existe conciencia de culpa, si no existe conciencia de moral ni de las determinantes abstracciones del Bien y del Mal, ¿a qué demonios se supone que podemos aspirar? Empezaron colgándose pins del símbolo del Ying y del Yang, y aunque nadie lo preguntó, ellos respondieron que se trataba de, ya sabes, hombre, hay algo benéfico en lo malvado, y algo malvado en lo benéfico. Pero esa moda duró tan sólo un fin de semana. Llegados al lunes, ya ni siquiera eran capaces de distinguir el blanco del negro, no había matices, de hecho no había nada en absoluto. La vacuidad se los había tragado y había defecado lo que tenemos hoy: una patulea de desgraciados dispuestos a llevar a pique el maldito trasatlántico de Occidente. No sólo ocupan la mitad de los camarotes, sino que además acaparan el cincuenta por ciento de la tripulación. De momento el capitán parece un hombre capaz, pero quizá mañana hayamos perdido la primacía. Es la impresión que da. La impresión que tengo.
En fin, lo dejo aquí. Acabo de escribir la misma entrada por segunda vez esta semana.
SmackDown!
CUATRO tuvo ayer a mediodía la gentileza de emitir en abierto algunos combates espectaculares que habían sido retransmitidos previamente por Digital Plus. Guay.
Espectacular combate celebrado por los pesos pesados Batista y Undertaker.
Undertaker y El Animal Batista se enfrentaron en un duelo inusualmente largo que dejó a ambos hechos unos zorros. Venció Undertaker, pero lo pagó caro. El Enterrador desplegó la elegancia que lo ha convertido en un clásico, y Batista, cada día mejor, explotó su enorme carisma sobre el cuadrilátero. El salto final de Under fue glorioso, y los tributos a la violencia y el exceso sobre las mesas de los comentaristas, un ejemplo de lo mejor de las luchas WWE.
El combate final corrió a cargo de John Cena, vencedor, y el Gran Khali, demoledor. Cena se cobró la victoria por la penuria sufrida, y se vio forzado a arrojar al gigante hindú desde el lomo de una grúa para apoderarse de la gloria. Los escarceos fuera del ring, en los pasillos del estadio, fueron de lo más impactante que he visto en mucho tiempo.
A propósito, es posible que a Batista le expidan la baja debido a sus presuntos escarceos con los esteroides. Formaría parte de un club de 10. Ya veremos.
Atención, ¿qué dos luchadores WWE votan republicano? The Rock (el actor de cine) y Ric Flair (una especie de dandi decadente). Otro ex, Jesse Ventura, fue gobernador de Minnesota.
Nota
Antinoo me concede una generosidad que no merezco. Gracias :)
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Mientras ayer por la mañana escribía un post dedicado a lo maravillosamente hipócritas que los izquierdistas se vuelven no bien se les presenta la oportunidad de pontificar frente a un público, pues de alguna forma en ellos convergen la beatería más infumable y un sectarismo de manual soviético, me asaltó la memoria la carta que una oyente del programa de radio de Iñaki Gabilondo en la Cadena SER UN BUEN PROGRE había enviado al suplemento dominical de El País. El problema reside en que el director, el editor o quien quiera que tome estas decisiones en la prensa, tuvo la estúpida ocurrencia de publicar la misiva en la sección de cartas al manipulador. Yo creo en la democracia y en las libertades que ésta comporta, como la de conciencia y expresión, faltaría más, y siempre me acojo a mi derecho a formarme mi propia opinión, a realizar juicios honestos. para contribuir a mejorar la sociedad. Así que no me irrita que el gnomo de la granja de Polanco insertara el contenido de la carta, sino la viscosa textura de su contenido. Aquella redactora de último minuto había adoptado un tono sentimental tan pringoso que el polvo se adhería a las páginas de la revista. Bastante desagradable. Que si sus padres despertaban cada día con la voz de Gabito brotando de la radio... así como el agua brota de la cisterna, por emplear una comparación respetuosa... que si ahora ella había heredado la costumbre de sus progenitores, que si el crepúsculo era más dorado y esperanzador cuando la voz del locutor reciclado la acompañaba... en fin, me pregunté: ¿por qué estos pánfilos izquierdistas lo reducen todo a una cuestión romántica, casi lacrimosa? Basta con echar un vistazo a las expresiones que les afloran cuando ven por televisión a uno de esos héroes que han introducido en sus vidas para disimular la sensación de vacío: Al Gore, Michael Moore, Noam Chomsky. Estos tres naipes les proporcionan la oportunidad de: a) satisfacer sus necesidades espirituales mediante el compromiso ecológico, aunque eso resulte tan hipócrita que las letras se niegan a combinarse en el ordenador; b) satisfacer sus prejuicios contra el poderoso, si bien las zafias mentiras de Michael Moore con respecto a Estados Unidos han estallado en pedazos cada vez que se las ha sometido a examen; y c) satisfacer sus necesidades intelectuales, aunque se trate tan solo de ese salvaje juego de manos al que Chomsky se aficionó hace ya tiempo, y que tantos beneficios ha reportado tanto a su Ego Sin Fronteras como a su cuenta corriente.
Hace unas semanas escuché a una familiar quejarse de que un caso verdaderamente patético de violencia policial hubiese ocurrido bajo el gobierno de un Ayuntamiento de izquierdas. Aquello hizo que una carcajada resonara como un aldabonzazo en mi cabeza. Encanto, de hecho eso es lo único que suena lógico: que la autoridad, envuelta en la mezquina premisa de la superioridad moral de la izquierda, tienda a corromperse y darle mamporros a un pijo disfrazado de hippie. (O a un hippie puesto hasta las trancas de marihuana, estos tipos no respetan nada, ni siquiera la decadencia de sus compañeros de correrías.)
Lo interesante de los izquierdistas vestidos de monjes tibetanos es que, después de apoderarse de la primacía de la bondad humana, nos señalan con el dedo, ponen cara de bestias hambrientas y nos acusan de malvados, de movernos tan sólo por el dinero y, en fin, de haber sido paridos por el demonio capitalista. Pero oye, todos tenemos derecho a un padre y una madre, ¿no?
Posdata
No sabía que a Al Gore III lo habían detenido conduciendo por encima del límite de velocidad en un coche híbrido y en posesión de maría. Todo muy verde, claro: como le gusta a su padre. Sólo faltaba un ejemplar de Playboy.
A propósito, ¿qué demonios le está pasando a la pobre Nueva York? Desde que el descarado Bloomberg abandonara el Partido Republicano, la ciudad se ha desmadrado bajo su mando: se les mueren santa Brooke Astor, multimillonaria y filántropa reconocida, y la beata Leona reina del Mal Hemsley, bañada en oro al igual que Astor pero menos inclinada a compartir sus privilegios. En cierta ocasión despidió a un trabajador debido a su orientación homosexual, y luego se vio obligada a recompensarlo con casi un millón de dólares. Si hago la broma tonta de rigor (¡que me vejen, que me vejen!), alguna susceptibilidad se caerá hecha pedazos.
Por último, leo en IBLNews, periódico digital que solía emplear el lema «las noticias desde una óptica cristiana» hasta que comprendieron que eso era ir demasiado lejos, que abre sus puertas en Nueva York la primera escuela pública bilingüe árabe. Mi opinión a este respecto quedó clara en una entrada previa, de modo que no tiene sentido repetirla. Pero, ay, caballeros. Ay.
Rosa Regás se carcajea. Nosotros la acompañamos. (Imagen cortesía de LDTV.)
¡Umm, lo olvidaba! La Regás ha visto la luz y se da el piro de la Biblioteca Nacional, esa fuente inagotable de dinero tanto para sus caprichos como para mantener satisfechas a sus amistades de izquierdas, aficionadas como son al buen comer.
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A menudo hago referencia al compañero de instituto con el que solía discutir de política durante las largas horas de clase, bisbiseando, escribiendo anotaciones obscenas en nuestras libretas y tratando de perforar el cráneo del adversario: con un poco de suerte, su cerebro reaccionaría favorablemente al contacto con el exterior --pues obviamente en la cavidad craneal todo debía de estar bastante húmedo y viscoso--. Nuestras controversias terminaban generalmente cuando el profesor daba por concluida la sesión, y cada uno de nosotros se marchaba en busca de su propio grupo. En cierta ocasión me invitó a que lo acompañara, pero yo albergaba recelos sobre la posibilidad de que mi cadáver no fuera encontrado jamás.
El caso es que en cierta ocasión tres o cuatro gays y lesbianas militantes visitaron la sala de conferencias, por llamar de algún modo a aquella estancia fría y sin sustancia, para persuadirnos de que la homosexualidad no es siempre la entrada a una de esas saunas concurridas por depredadores hambrientos. Algunos compañeros de clase y yo habíamos salido del edificio por no recuerdo qué motivo, y a nuestro regreso el coloquio había comenzado ya. Parte de mis colegas no se cortaron y entraron en la sala, pero yo, siendo homosexual, temí que al abrir la puerta todas las miradas se clavasen en mí y descubrieran por inspiración satánica que yo era gay. Pues bien, la pequeña conferencia sentó bastante bien a la mayoría de mis compañeros, que más bien daban la impresión de haber celebrado la fiesta anual de la golosina. No exagero si digo que estaban eufóricos, y a menos que me equivoque, aproveché la ocasión para mencionar... así, de pasada... a una coleguita que a este pavo le iban los tíos. Todo fue perfecto. Sin embargo, durante aquella deliciosa jornada sucedieron un par de cosas que me llamaron la atención. La primera fue que X., un chico alto, desgarbado, de ojos azules y relativamente apuesto, por lo menos si a uno le va el rollo hippie alternativo me he fumado un peta, me confesó que los gays le habían causado una mala impresión. Aquella revelación me dejó pasmado, de modo que le pregunté a qué se debía su reacción. Él me respondió que ahora sabía cómo se lo montaban los homosexuales, y que la idea le disgustaba. (Cosa curiosa, pues según una célebre e inverosímil leyenda urbana local él formaba parte de un grupo de alumnos y profesores que se reunían para practicar orgías.) En cualquier caso, lo que más atrajo mi atención fue... ¿qué diablos pensaba él que hacían los gays para demostrarse el profundo amor que comparten? El chico me ofreció una contestación de lo más circunspecta --ni siquiera la entendí--, y ahí quedó la cosa. Ridícula anécdota ésta que me trae a la memoria la confesión que le hice a una especie de presunto amigo, un modernillo, de que yo era gay: no le sentó nada bien. ¡Y eso que representaba la élite del socialismo en el instituto! Claro que luego estaban los radicales, ex fervientes católicos, pero ésa es otra historia.
La segunda sorpresa que la jornada me deparó fue que mi compañero comunista, quien combinaba en su personalidad un fuerte aunque disimilado sentimentalismo con una previsible inclinación a la violencia teórica, me confió que yo había estado a punto de convencerle de la existencia de Dios en alguna ocasión. Supongo que lo mencionó en un descuido, a la vez que otra comunista afirmaba que nuestro Señor Jesucristo había sido homosexual, y que por eso nunca conoció mujer. Bueno, al menos admitió que el Salvador no conoció hembra; algo hemos avanzado.
Lo interesante del camarada es que el concepto del bien público, una bondad abstracta e inexplicable, era su argumento principal para defender tanto el comunismo como todas sus sangrientas manifestaciones prácticas, Cuba y todo eso. ¡Incluso llegó a decir que Castro me haría callar en veinte segundos! Se refería a lo que ocurriría en una confrontación dialéctica, por así decir, pero no le faltaba razón: Castro podría ordenar que me volaran la cabeza en cualquier momento. (Claro que estos días Castro se encuentra a la expectativa de que el Pez Gordo le expida el pasaje al infierno, y será el cerebro del tirano el que quede esparcido como harina mojada por los mil confines del Universo.)
Siempre me ha suscitado un gran interés ese hábito típicamente comunista de reducirlo todo a una cuestión de buenos contra malos (opresores, oprimidos, bla, bla, bla). Desde luego no se trata de algo nuevo, pero la actitud sectaria de la que pecan se reproduce como un patrón genético, y una bondad material, práctica, carente de profundidad moral, absolutamente perversa y repulsiva en su vacuidad, sale por sus bocas como suspendida sobre las infinitesimales gotas de saliva. Quiero decir que entre su suprema hipocresía y su primera fantasía no hay ninguna diferencia, de modo que todo se vuelve bastante obvio. Los comunistas que he conocido suelen ser gente tan agresiva que me sorprende que sigan siendo capaces de cautivar mentes en un mundo libre. Cuanto mayor es la intimidad que uno comparte con ellos, mayor es la conciencia de su mezquindad: malas personas que discuten sobre las buenas obras que realizarían si el poder recayese en sus manos. ¡El poder en sus manos! ¡Cielos, si eso ha costado tantos millones de vidas que la cifra baila la conga sobre la superficie de mi cerebro y me causa nauseas! ¡El nombre del comunismo es el mismísimo demonio, y el número de víctimas resuena con la misma fuerza terrible que el número de la Bestia! ¡Buenos! ¡¡¡ELLOS!!! ¡¡¡Creo que esto me va a hacer perder el juicio!!!
En fin, esto seguirá mañana.
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Dejadme haceros un par de recomendaciones a modo de posdata. Por un lado, os aconsejo leer la entrevista que «el sheriff más duro con los indocumentados» de América concede a un periódico hispano en Estados Unidos. Las respuestas del septuagenario agente de la autoridad son rápidas y más o menos prácticas, pero lo interesante son las preguntas del periodista, así como la descripción editorializante que del sheriff realiza.
En segundo lugar: este fin de semana he estado buscando un poco de información sobre grupos de música pop rock cristiana que se prodigan al otro lado del Atlántico. En mi búsqueda he encontrado Relient K, un ejemplo de lo más juguetón; su música suena como la banda sonora de una teleserie o película de adolescentes... o sea que me mola. Para escuchar tres piezas --la primera, Must have done something right; está muy guapa--, visitad su página web aquí y haced clic sobre la esquina, donde pone Audio Player. A ver qué tal. (Dicho sea de paso, me encanta la página web.)
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Javier me pidió la viñeta que yo mencionaba en la sección de comentarios de la entrada Precario equilibrio moral (hoy). Aquí está:
Por cierto que la sección Funnies de Townhall cuenta con un delicioso archivo de humor conservador. Recomendado.
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The truth is that Mozart, Pascal, Boolean algebra, Shakespeare, parliamentary government, baroque churches, Newton, the emancipation of women, Kant, Marx, and Balanchine ballets don’t redeem what this particular civilization has wrought upon the world. The white race is the cancer of human history.
Susan Sontag justificando el racismo. Tom Wolfe le respondió.
Se trata de "una oda a la lucha de la mujer por la vida". Es Caótica Ana, la nueva película con la que el director vasco Julio Medem pretende homenajear a su hermana, que falleció en un accidente de tráfico en el año 2000, y a todas las mujeres que se rebelan "contra la tiranía del hombre blanco".
En ABC. Julio Medem, delimitando.
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Los tiempos modernos nos han conferido la libertad de manifestar nuestras opiniones sin temor a que nos apliquen el tipo de represalias que aparecen en la sección de sucesos de los periódicos. Sin embargo, contar con la oportunidad no era suficiente, pues los principales canales de comunicación seguían estando en manos de La Élite, gente elegantemente vestida --cuando iba vestida-- que, según mis sospechas, no tenía un interés especial en que las personas hablasen demasiado.
Pero la llegada de Internet nos proporcionó las herramientas necesarias para expresarnos en plena grandeza: ahora incluso sabemos que el porno es lo único importante en esta vida. Todos somos lo bastante desvergonzados como para despreocuparnos de las limitaciones de nuestra gramática, de nuestra inclinación a la pedantería y de las normas de cortesía más elementales, y equipados con un ordenador y un módem, damos el salto a la piscina de lo que podríamos denominar «el parque acuático de las opiniones libres», un centro público maravilloso, lleno de toboganes y lagos artificiales y fuentes y piñas coladas en donde... bueno, en donde podemos mover la sin hueso como si la supervivencia dependiese de ello.
No obstante, los problemas de siempre no han pasado a mejor vida; de hecho, siguen tan presentes en nuestra vida cotidiana como los envases de leche y los teléfonos móviles.
Estoy pensando en lo sencillo que resulta ofender a las personas que se mueven a nuestro alrededor, y lo mejor de todo es que estas personas se sienten agraviadas incluso cuando carecen de motivos para hacerlo. Hoy día, la ofensa flota en el aire lo mismo que las partículas contaminantes y el griterío de los niños que juegan al fútbol.
En este sentido Internet es como los coches: cuando nos subimos en uno y aferramos el volante, ¡nos convertimos en auténticos súper hombres! ¡Abrid paso, puedo arrollaros! ¡Tengo conexión de banda ancha y muy malas pulgas, apartaos!
Así que para evitar meternos en charcos demasiado profundos debemos movernos como en un campo de minas. Cuando menos te lo esperas, un explosivo con rostro de homosexual te grita «homófobo» sin dejar de blandir la revista Zero frente a tu cara, o una chica con problemas de obesidad te acusa de machista recalcitrante porque se te ha ocurrido decir alguna inconveniencia. Para evitar este tipo de conflictos conviene renunciar a expresar las propias convicciones con demasiada fuerza, pues en caso contrario te arriesgas a que algún sectario te cuelgue del cuello el sambenito de fascista. Esto me recuerda cierta ocasión en un blog homosexual. El autor del post que los visitantes estábamos comentando mencionó que, en su opinión, todas las religiones eran fruto de una fantasía, una especie de indulgencia a la que los débiles recurríamos para abordar la mortalidad. Puede decirse que soy un hombre religioso, y ciertamente mi cristianismo es mucho más que una adscripción sociológica, de modo que me propuse responderle conciliadoramente. Le dijo que, ey, tío, en eso casi estamos de acuerdo: todas las religiones son una milonga, desviaciones de la verdadera Realidad Trascendente, pues ésta se materializa exclusivamente en el cristianismo. De modo que el autor del post salió de su caseta y se puso a ladrar como si yo hubiese tratado de robarle el hueso del almuerzo. Digamos que no me dejó en buen lugar, aunque desde luego la respuesta que yo le di a continuación no le dejó en buen lugar a él, pero a lo que voy: el muchacho había constituido su derecho a despreciar todas las formas de la fe, pero mi propia reflexión, la de que una religión era cierta entre todas las demás, lo sacó de sus casillas y me convirtió en una especie de exaltado.
Esta noche me vino a la memoria cierta polémica suscitada por una entrada que publiqué en el mes de febrero pasado. En dicha entrada yo ofrecía una opinión muy poco favorable sobre los cuartos oscuros, ya me entendéis, ese tipo de salas sin luz donde algunos varones gays acuden para practicar sexo con desconocidos. No me malinterpretéis: yo respeto eso. No es que sienta deseos de prohibirlo: francamente, no me interesa. Si esos centros tienen clientes, pues bien, que se reúnan y copulen como les venga en gana. Incluso pueden hacerlo sin tomar precauciones. No es mi negocio. Mas en ningún momento he renunciado a tener una opinión moral sobre ese hábito, y no tengo intención de hacerlo ahora.
Ni que decir tiene que un lector abandonó por un momento lo que quiera que estuviese haciendo y me acusó de ofensivo e irrespetuoso: adoptó una cómoda posición equidistante y, tras tildar de memos mis argumentos, explicó que todos seríamos un poco más felices si dejásemos de juzgar a los demás. Reflexión que me hace preguntarme si la felicidad no será una discoteca situada más allá de la ética. Lo interesante es que otro lector del blog se dejó ver también y dio toda la razón al primero, sugiriéndome que mi opinión podía resultar insultante. ¡Me estaba pidiendo que cerrase el pico... o por lo menos que moderase mi lenguaje... para que los usuarios de cuartos oscuros no se sintiesen disgustados! Reduciéndolo a su esencia más pura, lo que se me pedía era no sólo que aceptase pasivamente esa conducta, sino que renunciase a mis convicciones morales con respecta a ellas. Harvey Mansfield lo decía así en un artículo publicado por The Weekly Standard:
But today the tolerant are expected not merely to tolerate evil but also to stop thinking of it as evil.
Y ésa es la clave: no se trata de aceptar comportamientos desviados, sino sencillamente que debemos dejar de considerarlos desviados. ¿El riesgo de resistirte a hacerlo? Bueno, no sé: claro que yo soy tan sólo un homófobo machista y fanático religioso. ¡Cuidado, que voy!
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El siempre macabro Stephen King demostró su habilidad para actualizar y barnizar de un matiz cotidiano los relatos de horror clásicos con El misterio de Salem’s Lot, novela con la que aprovechó la magnífica oportunidad que se le brindaba de extirpar al conde Drácula de los escenarios victorianos en los que Bram Stoker lo había situado, y suturarlo en un pequeño pueblo de los Estados Unidos. El resultado fue, según recuerdo --presté mi ejemplar y jamás me lo devolvieron, de modo que nunca lo he releído--, espectacular.
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Etiquetas: literatura, outer-space
J. K. Rowling Condones Euthanasia in Latest Book: "When Snape raises the question of possible damage to his own soul from killing Dumbledore, he replies; 'You alone know whether it will harm your soul to help an old man avoid pain and humiliation.... I ask this one great favor of you, Severus, because death is coming for me' with great inevitability (Deathly Hallows, p. 683, emphasis added). These, of course, are standard arguments for euthanasia. "
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Editado: Correction: J. K. Rowling Advocates Physician-Assisted Suicide.
Etiquetas: literatura, outer-space
La novela Clase nocturna de Tom Piccirilli me hizo pensar tres cosas mientras la aferraba entre las manos, las siguientes: que este escritor literalmente descomunal, robusto como un toro, posee nociones avanzadas sobre el tipo de escenas insólitas e insinuantes que hacen que se te hiele la sangre bajo la piel; que la prosa poética puede ser muy útil para reforzar la sensación de inquietud si uno es capaz de dominar las sutilezas del idioma; y que el lenguaje poético puede volverse lo bastante pesado para aplastar una trama como a una mosca de verano si no se emplea con moderación.
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Etiquetas: literatura, outer-space
Supongo que los motivos que le hacen a uno disfrutar de una novela son tan diversos como la propia variedad humana, y, aunque ciertamente esta premisa es utilizada a menudo para justificar la existencia incluso de los libros más inmundos, no tengo intención de transitar en este momento por ese camino. Hay novelas buenas y novelas malas, novelas buenas aburridas y novelas malas absorbentes. No siempre es fácil optar por la primera opción, pues, ¿no debe ser gozo, incluso en sus manifestaciones más melancólicas y tristes, lo que debe proporcionar un autor de ficción a su lector? Sin duda que ésa es precisamente mi opinión, y ha resultado oportuno que, a lo largo de mi vida como devorador de libros, los escritores que más profundamente han cavado en mi carácter hayan compartido esta teoría: lo primero, el entretenimiento.
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Etiquetas: literatura, outer-space
Tom Wolfe alcanzó la celebridad hace varias décadas gracias a su habilidad para emplear todo tipo de recursos originales en sus descripciones del mundo que lo rodeaba. Incluso lo encumbraron como padre del llamado --y no siempre bien definido-- «nuevo periodismo», aunque se vio obligado a compartir ese honor con Norman Mailer, con Truman Capote y con el bonzo Hunter S. Thompson, quien, por cierto, se descerrajó un tiro en la boca hace algún tiempo, suicidio que motivó un delicioso y sentido obituario de Wolfe.
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Etiquetas: outer-space, Tom Wolfe
¿Qué hay de un libro cuya primera lectura, desde la que han transcurrido varios años, fue una masoquista combinación de la dureza del whisky ardiendo contra las paredes de la garganta y un chorro de suavísima crema de nata? Estoy hablando de la novela Casa de arena y niebla, que hace un par de semanas leí por segunda vez. (Aunque mis afición a la relectura sorprende a menudo a mis conocidos, tengo mi récord en unos diez barridos de Cementerio de animales, ficción zombífica de Stephen King que incluso a día de hoy, cuando el adorable gigantón de Maine se ha desplomado del Olimpo de mis escritores súper ultra mega favoritos --o sea, Tom Wolfe y P.D. James--, me sigue suscitando un placer tan pacífico como la sonrisa de un niño.)
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Tom Wolfe y el ocaso de las vanidades: "Una vez le preguntaron a Wolfe si todo el dinero que le pagaban por los derechos de sus obras — por ejemplo la editora Farrar, Strauss & Giroux le dio un adelanto de 7,5 millones por Todo un hombre— no era malo para un escritor. 'Sí, pero yo no voy a regalar nada —respondió—. Creo que el dinero afecta más a otra gente de lo que me afecta a mí. Sinceramente, no creo que mi enfoque de la escritura haya cambiado en lo más mínimo. Además, yo siempre he deseado ser un escritor popular'. Y es cierto: su afición por el éxito nunca significó un pasaporte a la buena vida, porque siempre la ha tenido."
Teniendo como tengo una triste opinión del gremio periodístico, nunca me siento demasiado sorprendido cuando leo alguna de las boberías que los profesionales de la información manipulada escriben. Sin embargo, mientras consultaba este artículo publicado por el diario Clarín reparé en la cantidad de ásperas alusiones al dinero y al éxito comercial logrados por el reportero y novelista norteamericano Tom Wolfe, y terminé preguntándome si el autor del texto no sufrirá una fuerte frustración que le hace arder las entrañas. Albergo serias dudas de que un hombre con un sentido maduro de los asuntos monetarios se sienta lo bastante animado e impúdico como para convertir una reseña más social que literaria de un escritor en una columna de chismorreos de sección económica.
Es bien conocida la aspiración de no pocos periodistas a ejecutar un triple salto mortal que los encumbre en la industria editorial. Tom Wolfe lo consiguió, y con nota: escribió la maravillosa La hoguera de las vanidades primero, la magistral Todo un hombre a continuación y la difícil aunque golosa Soy Charlotte Simmons para terminar, al menos de momento. Personalmente, me muerdo las uñas a la espera de que publique la prevista novela sobre la inmigración en Estados Unidos.
Tom Wolfe, que además de brillante y sagaz es todo un experto en controvertir cualquier situación para analizarla con ese capacidad de penetración que Dios le ha dado y que lo ha hecho célebre, resulta bastante más polémico por cuanto afirma cosas como que Estados Unidos es la mayor nación que el mundo ha conocido, que él votó a Bush y que acudiría al aeropuerto para despedir a todos aquellos amigos suyos que sostenían que abandonarían el país si Bush era reelegido.
No creo que eso le hiciera mucho bien a la popularidad de Wolfe entre los demás periodistas, raza tendente a la izquierda-más-maniquea donde las haya, ni entre los críticos literarios situados también en el extremo político de la hipocresía y la vaciedad intelectual. Por otro lado, cuando Wolfe mantiene que la Universidad americana es un fracaso, uno infiere que se trata de un auténtico fracaso de izquierdas, pues, junto con los medios de comunicación de masas, los claustros académicos son el bastión más hostil de los izquierdistas. Y así aparece en cierto pasaje clarividente verdaderamente inolvidable de Soy Charlotte Simmons.
Así pues, Tom Wolfe se había ganado tantos enemigos que resultaba providencial que, cuando tuvieron oportunidad, se lanzaran contra su cuello con un voraz apetito de carne conservadora. (Por otro lado, el propio Wolfe no se considera un conservador, aunque ése es otro asunto.)
¿Estoy diciendo que Soy Charlotte Simmons es una obra maestra demonizada por los izquierdistas y esa feminista radical del New York Times, Michiko Kakutani? De hecho, no. La última obra de Wolfe es peor que sus dos novelas previas, aunque ciertamente mejor de lo que los roñosos de las letras tratan de hacernos creer. Muchas de las críticas destructivas vertidas sobre SCS pasan por alto la teoría novelística de Tom Wolfe, según la cual la novela debe ser un reflejo honesto de la sociedad y debe ser asimismo fruto de una profunda investigación previa. Por tanto, sus argumentos se encuentran con el muro de hormigón de los principios de Wolfe; a veces da la sensación de que Uno y otros hablan de cosas completamente distintas.
Soy Charlotte Simmons es una hipérbole clínica cuyo objeto consiste en hacer comprender la sociedad, o por lo menor una fracción específica y bien definida, mediante técnicas que van desde lo puramente periodístico, como las precisas descripciones arquitectónicas de los espacios universitarios, hasta lo sociológico y zoológico, como por ejemplo la cárnica narración de la iniciación sexual de Charlotte con un verdadero depredador de féminas. E incluso esto se ha pasado por alto, debido quizá a que Tom Wolfe es el Enemigo.
Posdata: releeré SCS y entonces escribiré mi propia crítica de la novela.
Etiquetas: izquierda, outer-space, Tom Wolfe, universidad, USA
Tom Wolfe desentraña las interioridades del mercado inmobiliario neoyorquino en esta columna
publicada originalmente por el New York Times el 26 de Noviembre de 2006; como casi cualquier texto fruto del penetrante ingenio de Wolfe, merece la pena leerlo:
La ciudad (desnuda) y los semidifuntos / EL MUNDO: "La barbilla levantada, el barrigón prominente, Aby Rosen, el promotor inmobiliario de origen alemán de 46 años, propietario del Seagram Building y de la Lever House, estaba posando para unas fotos delante del número 980 de la Avenida Madison hace apenas un mes cuando se envalentonó tanto que le dio por fanfarronear: «Tengo cero de miedo. Miedo es una cosa que no tengo». ¡Te resulta fácil decirlo, bravucón! Este ricachón que alardea de valor sabe perfectamente que en esta batalla por el 980 de la Avenida Madison de Nueva York, un edificio de cinco pisos de estilo modernista que abarca desde la calle 76 a la calle 77, el combate está ya completa y astutamente decidido a su favor."
Por otro lado, bastante a menudo me descubro irritado, frustrado y en ocasiones incluso divertido mientras leo determinados artículos escritos con un estilo inofensivamente hostil y petulante; lo emplean no pocos autores que pretenden marcar las distancias frente a la galería a fin de hacerse valer, aunque por lo general su único logro consisteen impresionar a los bobos y exhibir una imagen patética de niños enrabietados ante los lectores más avezados:
Nada es bastante. Hay que acallar a los cuatro críticos discordantes que cuestionan el valor literario de su obra. The New York Times, eso sí, se ha comportado como su siervo más fiel: «Contiene pasajes fuertes y bellos como jamás se han escrito en la novela americana». [Por Julio A. Parrado, aquí.]
Etiquetas: outer-space, Tom Wolfe
Oscar, el gato que prevé la muerte | elmundo.es salud: "'Oscar llega a la habitación 313. La puerta está abierta y entra. La señora K. descansa tranquilamente en la cama, con la respiración constante pero débil. (...) Oscar salta sobre la cama y de nuevo huele el aire. Se detiene a considerar la situación y entonces gira sobre sí mismo dos veces antes de enroscarse junto a la señora K. (...) Una enfermera entra en la habitación para examinar a la paciente. Se detiene al notar la presencia de Oscar. Preocupada, deja apresuradamente la habitación y vuelve a su mesa. Coge el historial médico y comienza a hacer llamadas', relata el artículo. A la media hora, empiezan a llegar los familiares y el cura alertados por la enfermera. Poco después, la señora K. fallece."
Mi hermano estaba convencido de que su perro, un pastor alemán mestizo, se anticipaba a la muerte de nuestros vecinos. La noche previa al infortunio, por así decir, el animal se echaba a aullar como alma en pena. A veces, antes de sumirme en el sueño, cruzo los brazos bajo mi cabeza y con los ojos anegados en lágrimas, me gusta pensar que Lobo era un asesino...
Se ha hecho oficial: Andreu Buenafuente será uno de los rostros con aspiraciones de sumar audiencia a laSexta la próxima temporada. De su fichaje informó elmundo.es el pasado 22 de junio, pero será hoy cuando la cadena presente en sociedad y con todos los honores (incluida la presencia del consejero delegado de LaSexta, José Miguel Contreras) su incorporación a la parrilla para realizar un 'latenight' tras las vacaciones de verano.
Cerrándose así el círculo maléfico. Por cierto que Buenafuente es, además de izquierdista, accionista de La Sexta. Es decir, un izquiercionista. Las piezas encajan con un chasquido de satisfacción.
Soledad, la madre de 'El Solitario', era una conocida maestra comunista de Majadahonda, les había comprado el chalé por nueve millones de pesetas.
Demostrándose de este modo, con justo rigor científico y más allá de toda duda razonable, que mis sospechas de que el comunismo causa desequilibrios mentales estaba fundada.
Se ha organizado una buena a cuenta del dibujo de El Jueves. Y la verdad es que todo ésto es de risa. La mitad de la mitad de lo que ocurre en Gran Bretaña y allí la Casa Real lo aguanta todo porque viven en un verdadero sistema democrático. No son intocables. Aquí si. Aquí se ríen de nosotros a cuenta de los derechos históricos y resulta que el derecho histórico de una pandilla de vagos, eso es intocable. Por eso lo que más me ha gustado ha sido eso de que el Príncipe Felipe diga que ese es su único trabajo.
Interesante hipócrita defensa de la democracia de manos de un peneuvista pelón, Anasagasti, en una pausa realizada durante el ejercicio de su principal ocupación: recoger nueces. ¡Agita, Patxi, agita!
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