Publicado el jueves 18 de octubre de 2007 a las 9:09 || Permalink

Opresión estatalista y los tres terrores

Alguien me dijo en cierta ocasión que el riesgo de educar a un niño residía en el hecho de que estos son como adultos pequeñitos, lo cual constituye una contradicción en los términos. Los niños son eso, niños, y no deberíamos esperar de ellos más de lo que nos dicta el sentido común; si optamos por pasarnos por el forro la evidencia y empezamos a tratarlos según nuestras teorías psicológicas, es probable que obtengamos resultados muy poco alentadores. Recuerdo cierta escena sucedida en la puerta de un conocido bar del ambiente sevillano. Ocupábamos una de las mesas desplegadas sobre la acera una pareja de lesbianas con las que yo tenía una relación más o menos correcta, una amiga suya, madre de un crío de unos siete años, y yo. En cierto momento nos quedamos solos la madre y este servidor, y ella, a quien la embriaguez le había soltado la lengua, empezó a explicarme el método que empleaba para educar a su hijo, un niño rubito y delgaducho que no dejaba de alborotar y correr de un lado para otro. La mujer me habló en tono monocorde de la escuela de Summerhill, cuya doctrina consiste más o menos en educar a los muchachos con suma liberalidad, y de cómo ella trataba de que su hijo exteriorizara lo que llevaba dentro, en cierto modo que se educara a sí mismo. Sin reparar en la pobre imagen que proyectaba, pedante, borracha y aburrida, la mujer cayó en los mismos comprensibles errores que cometen todas las madres: que si su hijo era especial, que sí, que esto lo decimos todas, pero que en mi caso es verdad, etc. Yo hice de tripas corazón y me limité a escuchar su perorata mientras me esforzaba en no bostezar y en no consultar la hora más de lo que el buen gusto aconsejaba. Entretanto la señora, de aspecto bastante triste, como una de esas deprimentes profesoras de sociología que de vez en cuando entran en nuestra vida y que siempre se lamentan de lo mal que va el mundo, me retenía, su hijo corría hacia aquí y hacia allá hasta que él y el coche que estuvo a punto de atropellarlo se detuvieron en seco y todos los presentes, con excepción de su madre, dimos un respingo con el corazón desbocado.

Debe de ser bastante sencillo convertir a un niño pequeño en un desgraciado y en el tipo de adulto disfuncional con el que nadie querría compartir la oficina y menos aún la vida. He pensado en este asunto hace un rato mientras leía la noticia de que, en la opresiva Noruega, algunos profesionales desean que los pequeños puedan manifestar abiertamente su sexualidad, masturbarse en el jardín de infancia y demás. Es el tipo de falaz teoría liberal con la que los profesionales más necios se sienten revolucionarios y que los políticos apoyan con la idea de hacer mella en la historia. ¿Quién sabe? Puede que lo próximo sea que los adultos ayuden a los menores a conocer y disfrutar de su cuerpo. Eso lo explicaría todo.

A propósito, he pasado un buen rato buscando cierto artículo sobre la vida cotidiana en Noruega que leí hace varios meses. El autor enumeraba muy juiciosamente los motivos por los que a Noruega puede considerársele cualquier cosa menos un estado de ciudadanos libres, pues apenas si existe parcela de la vida en la que Madre Burocracia no meta las narices. Sin embargo, me temo que no he dado con el texto.

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Mientras realizaba el último esfuerzo de encontrar el mencionado artículo fui a parar al sitio web de un periódico alemán que publica sus noticias en múltiples idiomas. He leído algunas cosas curiosas sobre las que ya tenía noticia, claro, pero está bien refrescarse la memoria. Por ejemplo, me divirtió echarle el ojo a una especie de ranking desorganizado de los monarcas europeos con mayores fortunas --a Don Juan Carlos se le atribuyen mil setecientos millones de euros--, y también fue interesante votar en una encuesta sobre la utilidad de la monarquía española, que en conjunto sale bastante bien parada.

Con todo, mi texto favorito fue el siguiente: La caída de la muy rubia y obstinada Eva Herman, una locutora que quiso salvar los “valores morales”, en el que el autor, en un tono situado entre la arrogancia y el sarcasmo, describe la caída en desgracia de una célebre periodista alemana que ha cometido el error de mencionar que incluso los nazis hicieron cosas buenas. Estaría bien conocer todos los detalles antes de sacar conclusiones que luego podrían revelarse equivocadas, pero la cosa es que en Alemania la infamia de Hitler sigue pesando lo suyo. No me malinterpretéis, se trata de una reacción histórica comprensible. Hace días pasé un rato leyendo entradas de la Wikipedia sobre diferentes autoridades del nazismo, y muchas de las historias me hicieron pensar que el Demonio asistió en persona a los campos de concentración, a los quirófanos donde se practicaban los terribles experimentos y a todo demás. Me heló la sangre. Dicho sea de paso, la autora norteamericana Donna Leon hizo alusión a este asunto, el de la «memoria histórica» alemana ,en su libro Muerte en la Fenice, novela que lamentablemente aprovechó para desarrollar la tesis de que el conservadurismo y la hipocresía son dos caras de una misma moneda.

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También los españoles tenemos nuestros propios conflictos con la historia, aunque al menos en Alemania han identificado al enemigo, lo cual es una verdadera suerte y ciertamente les evita muchísimos problemas. Me temo que aquí las cosas no están tan claras, pese a lo que los perdedores de la Guerra Civil, maestros de la propaganda, nos hicieron creer durante décadas. Pero no es de eso sobre lo que quería escribir para terminar este post, sino del programa de Televisión Española Tengo una pregunta para usted. Las únicas imágenes del mismo que he visto han sido los clips que pasaron ayer a mediodía en el debate de Concha Socialista Campoy en la CUATRO, y en las que se observaba a un José Luis Carod–Rovira terriblemente enfurruñado porque dos ciudadanos se habían dirigido a él por su nombre en español, José Luis, en lugar de por su versión catalana, Josep–Lluís. Carod enfatizó que su nombre era el mismo aquí y en la China popular (República Popular China, se entiende). Pero claro, China no es España, a diferencia de Cataluña, que sí lo es.

José Luis Carod Rovira.

Yo no tendría inconveniente en satisfacer sus preferencias y llamarlo Josep–Lluís si no fuera porque no tiene ningún derecho a exigírmelo. Él no respeta el español en la región catalana. Él no respeta a España. Él no respeta nuestras instituciones, no respeta que eso de tomarse cafés con terroristas es un gesto terriblemente sucio. Así que, justamente él, José Luis Carod Rovira, no tiene legitimidad para impartir lecciones ni de respeto ni de historia --300 años de imposición del español, decía teatralmente--. Así que vamos a dejarlo así, José Luis.

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Publicado el miércoles 17 de octubre de 2007 a las 13:34 || Permalink

Las fronteras

Que no soy un tipo guay, cool, enrollado ni moderno lo demuestra el hecho de que me chiflan las fronteras, creo que existen naciones diferenciadas, civilizaciones superiores y culturas tan retrasadas que apenas hay modo de diferenciarlas de una familia de cocodrilos sumergidos en un pantano. También me molan las banderas, por lo menos algunas de ellas: la española me emociona y la americana me causa una profunda nostalgia. Dicho sea de paso, la bandera europea, con sus estrellitas dibujando un círculo sobre fondo azul, sería bastante útil como mantelillo en una fiesta de cumpleaños repleta de ese tipo de niños malcriados incapaces de meterse una cucharada de tarta en la boca sin arrojar la mitad sobre la mesa. Una bandera europea sucia es una bandera europea verosímil. La verdad es que de adolescente me consideraba un europeísta fervoroso, supongo que porque no sabía que ese compromiso comportaba una especie de adhesión a la masonería, al anticristianismo y al desprecio a las propias tradiciones, como todos sabemos a estas alturas. Por aquella época yo solía pensar que la Europa actual era la misma Europa de la Cruz, los caballeros, los cruzados y la avanzadilla cultural mundial de los siglos pasados, pero resulta obvio que estaba cometiendo un grave error. En el mejor de los casos, Europa no es nada; en el peor, se trata de una ciénaga de corrupción y decadencia.

Recuerdo cierta noche de hace varios años que pasé navegando por Internet. No sé muy bien de qué forma terminé con una página fascista mejicana cargada en mi navegador. La página en cuestión tenía uno de esos insufribles diseños oscuros tan difíciles de leer, con símbolos que parecían deformaciones fetales de la esvástica y mensajes pseudo–solemnes que causaban simultáneamente repulsión, vergüenza ajena y un intenso desprecio. El autor lanzaba una incendiaria y estúpida monserga sobre la superioridad de la civilización mejicana, teoría que en su momento me sonó tan risible como me lo suena ahora. No querría ofender a esa nación, desde luego, pero ¿superior? ¿Se refieren al Méjico de hoy, el país que depende de Estados Unidos para subsistir, o al territorio precolombino, antes de que los españoles nos apropiáramos de todo lo que encontramos a nuestro paso, a cambio de lo cual les legamos un idioma extraordinariamente hermoso y, lo que es más importante, el Evangelio de Cristo?

Sé muy bien que no conviene tomarse demasiado en serio a estos nazis de medio pelo, pero hace unos minutos me asaltó el recuerdo de aquella majadera página web mientras consultaba el archivo de columnas de Pat Buchanan en Human Events; el buen hombre siempre tiene cosas interesantes que decir, pero un texto en particular atrajo poderosamente mi atención. Se titula Buenas noches, América (en español en el original), y analiza la actitud arrogante de los mejicanos y la flácida autoindulgencia de algunos líderes estadounidenses respecto de los incendiarios mensajes de los primeros, quienes sostienen que la nación mejicana excede sus fronteras legales y se extiende allí donde hay mejicanos, cuya primera parada suele ser, como es evidente, Estados Unidos. Últimamente es fácil leer artículos que relatan cómo los mejicanos residentes legal o ilegalmente en tierras yanquis enarbolan las banderas de su país de origen en lugar de las useñas. Yo suelo reaccionar con indignación, como es lógico. Es de suponer que los mejicanos deben de seguir lamentándose del mordisco territorial que los USA le propinaron antes de la invención del árbol melocotonero, pretensión nacionalista que exalta mis propias pretensiones patriotas: tal vez nosotros deberíamos reconsiderar la independencia de todas las naciones que unos vez pertenecieron a la Corona española. A continuación los italianos reclamarán España, por supuesto, y a finales de siglo todos residiremos en una especie de flagelante magma multicultural muy del gusto de los progres. Ellos se sentirán satisfechos, desde luego, pero para ese momento ya no quedarán leyes que cumplir, ni códigos morales que respetar: el cerebro reptiliano se habrá impuesto sobre la personalidad humana, y todo serán guerras, fuegos y violaciones. Lo cual encaja a la perfección con el constructivo proyecto de los izquierdistas.

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Publicado el miércoles 10 de octubre de 2007 a las 13:18 || Permalink

Televisivos (y nada más)

Esta mañana hice un poco de zapping mientras desayunaba tardíamente un vaso de cacao y un bocadillo caliente con jamón y aceite de oliva, y aunque no puede decirse que lo que vi en la caja tonta–tonta–tonta me provocara una indigestión, tengo que reconocer que tampoco podría calificarlo de motivador. Como siempre, fue verdaderamente interesante echarle un vistazo a La mirada crítica de Telecinco: con los ojos puestos en el simpático Vicente Vallés, nadie diría que ese tipo es uno de los máximos responsables informativos de una cadena de televisión célebre por su demagogia y su escaso interés por los hechos.

Los tertulianos de esta mañana, sentados en semicírculo frente a un griposo presentador, eran Margarita Sáenz de Heredia, Ángela Vallvey y un tipo al que no identifiqué. De la Heredia uno puede esperar cualquier cosa, aunque solo evitará llevarse una fuerte decepción si aguarda estrictamente lo peor. Sus credenciales: redactora jefe o algo así de El Periódico de Cataluña, invitada habitual de 59” y, lo más importante --lo único relevante, de hecho--, esposa del hosco Enric Sopena. Dos personas tan parecidas deben de conformar un matrimonio muy bien avenido, aunque no sería yo un hombre justo si no reconociera que posee ella más encanto que su canoso marido. Situada en el extremo opuesto del semicírculo se hallaba la exitosa escritora Ángela Vallvey, quien en sus apariciones televisivas defiende algo que podría describirse como «derechismo testimonial»; no le falta convicción, creo yo, pero sí fuerza expresiva. El problema de esta chica, por quien por lo demás siento una gran simpatía, es que no se diferencia gran cosa de una dulce muñeca de porcelana, y uno teme que si se excita demasiado en el furor del debate, estallará hecha trizas. Pero el frenesí no es lo suyo, así que uno debe contentarse con asistir a una defensa no siempre astuta, pero generalmente sensata, de las posiciones conservadoras. (Utilizo el adjetivo «conservador» de manera tan genérica que en este momento podría significar cualquier cosa.) Vallvey colabora también en el debate socialista de Concha Socialista --o sea, la Campoy--, donde su aspecto desvalido e inofensivo parece correr un serio riesgo frente a los histéricos Arturo Canoso (el ex colaborador de Mari Tere Campos) y María Antonia Iglesias.

Más o menos al mismo tiempo que en Telecinco Vallvey sostenía la tesis de que la cosa de la Memez Memoria Histórica carece de sentido a estas alturas de la historia y tal y como se encuentra la escena política nacional, y al mismo tiempo también que el Colaborador no–Identificado se lamentaba de que los católicos españoles puedan desviar parte de sus impuestos a la Iglesia de Roma a través de la polémica casilla de la declaración de la renta, en Antena 3 Susie Griso hacía las veces de anfitriona con otros tres periodistas que disertaban sobre el último atentado etarra. Me quedé con una alusión cobarde de José María Calleja a una radio–sin–nombre a la que él no concedía, según manifestó enfáticamente, ningún crédito. Es de suponer que se refería a la COPE, y me asaltó la cabeza el cargo que ocupa el niño Calleja: redactor jefe de... CNN Plus. Uff, por un momento me había asustado; ahora sé que Calleja tiene más cosas que callar que cosas que decir. Poco a poco los jerifaltes del periodismo español van tomando posiciones. Y casi todos son rojeras.

En La Primera de TVE, mientras tanto, Pepa Buena jugaba a las casitas e interpretaba el papel de moderadora de un debate tan escorado a la izquierda que uno teme que de un momento a otro los pobres pierdan definitivamente el equilibrio y se machaquen hasta el último diente. ¿Y que sería Pepa sin dientes? Josefina la Desdentada suena demasiado a personaje francés como para aplicárselo sin ponerme a templar como un flan. Y un flan es justamente lo que necesito en este momento para liberarme del amargo sabor de boca que esta galería de opinadotes profesionales me ha instalado ahí dentro. Feliz día.

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Publicado el lunes 8 de octubre de 2007 a las 8:25 || Permalink

De la estirpe de María Antonia Iglesias

Durante la semana pasada hice un par de referencias al programa matinal que Concha García Socialista Campoy presenta en la prisaica CUATRO, aunque en cada una de las ocasiones añadí los comentarios a modo de coletilla e impulsado por un enfado repentino del que deseaba liberarme tan pronto y limpiamente como fuera posible. Digamos para situarnos que el show de la Campoy es lo de siempre pero presentado por una de las heroínas del falso progresismo español, la Campoy misma, rodeada, al igual que María Teresa Campos y Ana Rosa Quintana, por un famosete, algún homosexual especializado en asuntos del corazón y una caterva de colaboradores que no reconocerían la dignidad aunque la vida les fuese en ello.

Supongo que es la propia Ana Rosa la única diva televisiva que ha adoptado lo más parecido a una posición neutral en lo concerniente a la política. La Campos apostó por unas tertulias fuertemente escoradas a la izquierda que, según sospecho, contribuyeron en parte a que su audiencia, leal durante décadas y despabilada por fin, le diera la espalda. Gran día aquél en el que María Teresa Campos se despidió de Antena 3 para no volver a afearnos la mañana siguiente. Aunque me figuro que su bolsillo no debió de resentirse demasiado --como buena progre, está forrada--, el pozo sin fondo de su ego, despojado de repente de la nubecilla fétida de colaboradores que le reían las gracias, seguramente se las hizo pasar canutas. Para colmo, sin su madre en antena, la no menos progre ex–de–Pipi–Estrada se convirtió en un objeto de caza tan bueno como cualquier otro. Como suele decirse, donde las dan las toman. Se trató de un acto de justicia poética que deberíamos agradecer encendiéndole velas y palillos de incienso al cosmos. (Yo lo haría si no resultara tan pagano, tan progre y tan del gusto de aquellos a quienes critico.)

Podemos decir que la Campoy es el súmmum de la feminidad progre, y era providencial que tarde o temprano trepara a la televisión --en este caso, a un canal sin audiencia-- y desplegara sus encantos socialistas con asuntos del corazón, de chicas monas que quieren convertirse en modelos y, por supuesto, con la política. Echándole un vistazo al carnaval–tertulia con que finaliza su programa, y contando con el supuesto equilibrio de fuerzas entre la izquierda y la derecha, uno podría llegar a la conclusión de que hay algo decente en esa barraca diaria. Pero no nos engañemos; una vez que han identificado al frenético Federico Jiménez Losantos como el enemigo, se han identificado a ellos mismos como fascistillas de izquierdas. Usemos por un momento, incluso aunque se trate a todas luces de una falacia, la premisa de que en efecto Losantos es el ejemplo a evitar, la muestra de la toxicidad de la derecha, el demonio episcopal, el talibán de sacristía --Luis del Olmo clamando al vacío--, todo eso. Extraigamos a continuación un par de ejemplos significativos de la mesa política de la Campoy: María Antonia Iglesias, el furor rojo al servicio del PSOE; Arturo No–sé–qué, el tipo canoso, apeado de la descalabrada Campos, que ha adoptado esa intrigante expresión... «derecha extrema», no «extrema derecha»... y se sume a menudo en trances histéricos que hace que las canas se le vuelvan moradas. Escuchemos sus discursos por un instante, analicemos el substrato de sus mensajes, el resentimiento, la tensión, el ostensible desprecio que manifiestan impúdicamente a un palmo de narices de la Campoy. El maniqueísmo, la demagogia, la vaciedad. Pues bien, es en esa tertulia en la que tratan de desacreditar a Federico Jiménez Losantos y a toda la COPE (a la que ellos denominan obstinadamente «la radio de los obispos»).

Cabría esperar que, frente al fervor progre de Mari Toni Iglesias, la Campoy tuviese la deferencia de invitar a su programa a algún derechista verdaderamente «motivado», por así decir, a fin de compensar las diferentes potencias de ataque, establecer un combate justo y ofrecer un imagen de decoro moral, pero eso sería demasiado, claro. Lo más parecido a eso que uno ve en el show de CUATRO es un derechista pusilánime y poco inclinado a arriesgar su puesto de trabajo por mor de sus ideas. A fin de cuentas, ¿quién renunciaría a trabajar con la Campoy, una mujer actual?

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Publicado el martes 2 de octubre de 2007 a las 14:35 || Permalink

Dibujos animados y vanguardia izquierdista

El domingo por la mañana vi algo bastante divertido* cuando puse el televisor para hacer tiempo antes de salir a comprar churros. Fue un uno de esos programas de zapping que reproducen clips de una variedad de shows televisivos, desde documentales hasta reality shows, aunque en esta ocasión se trataba de la edición de Telecinco y no hicieron mención ni a la Guerra de Irak ni al desastre del Prestige, lo que me causó una profunda tristeza: soy un hombre de costumbres y este tipo de cambios de conducta me minan la moral. En fin, lo que vi fue una imitación bastante vulgar de Micky Mouse instruyendo a los niños palestinos en el odio a Israel y en cómo a Alá le complace la muerte de los judíos, tragedia a la que los cándidos muchachitos posiblemente contribuirán algún día. Pero en realidad no es una técnica de lavado de cerebro que a nosotros los españoles nos sea ajena: en diferentes comunidades se educa a los críos en el desprecio a los maquetos y, en algún caso, en el fervor etarra. Salvando las distancias, educación para la ciudadanía es otro método estatalizado de corrupción de menores; puede que no se forme en las bondades del asesinato suicida, pero priva de conciencia a los niños, y un hombre sin conciencia no es nada, como advirtió [parafraseo un poco] el Santo Padre Juan Pablo II.

Sin embargo, lo primero que pensé al ver aquellos abominables dibujos animados, con los pobres enanos reducidos a carnaza, como si los estuviesen sodomizando frente a las cámaras, no fue en la asignatura fascista que el PSOE pretende instaurar en el sistema educativo nacional, ni siquiera en lo que ocurre en el País Vasco o en Cataluña. Mi primer pensamiento sacó del trastero de mi memoria La bola de cristal, aquella serie infantil que el transcurso de los años ha vuelto mítica porque su verdadera naturaleza, la pornografía moral contra los menores, ha pasado casi completamente desapercibida.

Apenas recuerdo aquella porquería, si bien tengo muy presente la terrible figura de la bruja de plástico con la mandíbula articulada y una mata de cables a guisa de cabello. Qué cosa tan terrible. El caso es que La bola de cristal fue un perfecto campo de batalla empleado por una caterva de izquierdistas para adoctrinar a los enanos; tanto si consiguieron su objetivo como si no, el mismo empeño resulta repugnante.

Uno de los guionistas de La bola fue Carlos Frabetti, quien colea todavía hoy por el submundo izquierdista español. No contento con amenazar más o menos veladamente a César Vidal, a quien advirtió que no tenía ni idea de lo que le esperaba si se granjeaba su enemistad, fundó la grotesca, inútil y tristemente célebre Alianza de Intelectuales Antiimperialistas, nombre del que tan sólo la primera palabra parece correcta; mientras me permito cuestionar la inteligencia de sus miembros, me preguntó contra qué imperio se resisten. Es una pregunta retórica, por supuesto: el imperio es el de siempre, Estados Unidos, la superpotencia a la que debemos la libertad y la prosperidad de las que disfrutamos hoy día, después de que liquidara al monstruo comunista y se meara sobre el cadáver aún caliente. Lamentablemente, el comunismo no murió, sino que mudó la piel y a estas alturas de la historia se manifiesta de maneras más arteras, aunque igualmente terribles y deshonestas. Hoy el comunismo es el soporte moral de los terroristas.

Tengo que reconocer, volviendo al italiano Frabetti, que su retórica suena bastante persuasiva (al menos, si uno siente algún aprecio por el desfasado lenguaje revolucionario). No le faltan dotes de encantador de serpientes; y claro, unas pocas víboras bailan al son de su música. Frabetti, que escribe en Gara. Frabetti, que remitió una misiva de corte siciliano al conservador César Vidal. Frabetti, quien junto con Nodo Nosecuantos denunció a Libertad Digital, aunque la cosa quedó en agua de borrajas. Frabetti, para quien las víctimas del 11 de Junio en Londres no fueron necesariamente inocentes (no, si habían votado a Blair).

Recuerdo que, siendo niño, tenía costumbre de abandonar mi cama y subirme a la de mis padres los sábados por la mañana. Ponía el televisor y me embelesaba con lo que quiera que emitiesen. Fue por aquel entonces cuando vi mi primera orgía. No sé si formaba parte de La bola de cristal y, francamente, poco me importa. El caso es que, en mitad de un bosque, con bengalas gigantes a modo de falos, unos tipos se sodomizaban y copulaban en un furor que a mí, en mi candidez, me causó un temor y desconcierto que tan sólo años después comprendí como plenamente justificados. Aquellos hijos de p*ta trataban de prostituir la mente de un niño, obviamente contra la voluntad de mis padres. Cada vez que escucho hablar de educación de la ciudadanía, pienso que ese asunto me resulta sumamente familiar.

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Posdata: A vueltas con Concha García Socialista Campoy. Hoy cargaron contra Losantos con lo que ellos debían de considerar artillería pesada, a cuenta del Rey. Lo curioso del programa de la Campoy es que el flanco progre es socialista, y el de derechas, del PSOE. Curioso. // La Iglesia también se llevó lo suyo, por eso de no infringir las normas del manual.

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*Obviamente no fue divertido en absoluto.

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Publicado el sábado 29 de septiembre de 2007 a las 15:10 || Permalink

Los comentarios del Barón Sábado

Mis clases de ética durante el último año de instituto dieron mucho de sí, aunque para llegar a esa conclusión deba olvidar por completo todas los conocimientos que no–adquirí y concentrarme en los diversos episodios grotescos que se escenificaron en el aula. Por ejemplo, tenía un compañero de clase, célebre por su envidiable gusto para el vestir, que solía sufrir ataques de furia cuando le parecía que las cosas se le ponían feas o que el profesor le faltaba al respeto. Durante buena parte del curso yo mantuve una magnífica relación con el pollo... algo muy desconcertante, visto con perspectiva... pero tengo que reconocer que un poco de madurez y estabilidad mental no le habrían venido mal. El caso es que era afecto a abandonar las clasesa media jornada  para acudir a unas peleas concertadas que alguna vez lo devolvieron a nuestros brazos con el cuello enrojecido a causa de un intento de asesinato por asfixia, si no lo entendí mal. Creo que su contrincante, y el de otro de mis compañeros de clase, era el novio de una chica rubia, elegante y malencarada de la que uno de ellos estaba enamorado. (Por cierto que el primero pensaba que yo flirteaba con la muchacha; ella, por el contrario, intuía la verdad.) Y por cierto también que esta chica tuvo algún que otro encontronazo con el profesor de ética, pues afirmaba estar dispuesta a cometer un asesinato si a cambio le ofrecían una justa compensación económica. El profesor la acusaba de enferma mental y la amenazaba con hablar con sus padres. Pero estoy absolutamente convencido de que la muchacha se limitaba a fardar, que era su estilo, y jamás se habría prestado al más sucio de los negocios: el homicidio por dinero.

Nuestro profesor de ética era un tipo amable y pacífico que sin embargo encerraba en su interior un temible furor antiamericano: yo lo advertí cuando ya era demasiado tarde y nuestros gritos se escuchaban desde todos los rincones del edificio.

Aquel día una chavala pálida y de pelo corto, una comunista hija de comunistas que experimentaba una fuerte pasión intelectual por Adolf Hitler, se lamentó de que en España ningún político tenía la dignidad suficiente para renunciar a su cargo cuando el decoro lo exigía. Llevaba razón, por supuesto, y lo ilustró afirmando que en otros países, como por ejemplo Bélgica, las cosas funcionaban de otro modo. No sé muy bien por qué yo expresé que para convencerme más valía utilizar como modelo a Estados Unidos, pues Europa me la rapam...

En realidad la discusión con el profesor comenzó en ese preciso instante, cuando me preguntó en tono hostil qué le importaba que yo admirara a los Estados Unidos. Aquella grosería me sorprendió en un primer momento, y enseguida nos enzarzamos en una discusión que recuerdo muy bien por ser completamente absurda y extremadamente ruidosa. Terminamos riñendo a voz en cuello sobre las repúblicas, sobre que él, como votante de Izquierda Unida --¡ah, amigo!--, se sentía ofendido por un comentario muy poco favorable sobre los comunistas que yo había realizado, y sobre el cielo sabe qué más. La verdad es que no era un mal tipo: le iba el rollo ovni, la tabla ouija como medio de comunicación con civilizaciones alienígenas, las sabidurías orientales y su confluencia con los últimos avances en la física cuántica y cosas así.

El caso es que las clases de ética nunca sirvieron para instruirnos sobre Aristóteles, Platón o Sócrates, aunque sus nombres se dejaron caer en alguna ocasión como a guisa de compromiso.

De hecho, nuestro filósofo de elección era Fernando Savater, el barbas que ha fundado el partido pro y a quien España «se la suda», «se la sopla» y se la &xsa^s$. Con unos genitales tan sufridos, no me extraña que haya optado por ese progresismo escatológico que les resulta tan seductor a los izquierdistas de nuestro país.

Hace unos minutos leí en Libertad Digital que varios alumnos andaluces han sufrido las consecuencias de resistirse al fascismo educacional pergeñado por el PSOE. No puedo decir que me sorprenda: a cada persona y objeto le es propia unas serie de características, y el Partido Zerolista tiene como propiedad una inquebrantable propensión al absolutismo político. Reconozco una cualidad heroica en las familias que se han abstenido de enterrar a sus vástagos en el fango moral que el Monclovita Iluminado ha ideado para privar a los ciudadanos de su conciencia. Pero la verdad es que el alineamiento ya fue previsto por no pocos profesores a lo largo de los años. Leer a Fernando Savater en lugar de a Platón es sólo un botón de muestra. Me congratulo de habérmelas visto con aquel educador para la ciudadanía antiamericano cuando tuve ocasión de hacerlo.

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Publicado el jueves 27 de septiembre de 2007 a las 14:24 || Permalink

COPE: Radio trueno y radio María

Quien hace la ley, hace la trampa, y la mayoría mediática de izquierdas confeccionó la ley para ajustársela como un traje cortado a la medida. A nadie debería sorprender a estas alturas que las orugas rojas del marxismo que controlan los medios de comunicación se muestren indignadas, incluso agraviadas en un nivel más personal, cuando la COPE ofrece su propia visión de la sociedad, la política, la economía, la religión y todo lo demás. De hecho suelen preguntarse qué necesidad tiene la Iglesia de contar con su propia radio: ¿es que no le bastan los púlpitos para hacer ostentación pública de sus incorregibles desequilibrios mentales? Procediendo como procede de la izquierda, era inevitable que la interpelación estuviese preñada de mentiras.

La respuesta más sencilla consiste en que la única oportunidad de la Iglesia de expresar sus posiciones políticas sin arriesgarse a que sean impúdicamente manipuladas por los transmisores de la información reside en controlar ella misma el medio de difusión. Basta echar un vistazo a las hemerotecas de los periódicos y las televisiones para apercibirse de hasta qué punto la mezquindad mediática se ha ensañado a lo largo de los años con las predicaciones de la Iglesia. Asuntos tan espinosos como el aborto y la eutanasia, o incluso la posición de la Madre de Occidente con respecto a los derechos de los homosexuales, han sido tergiversados, recortados, deformados y reinterpretados tan a menudo y con tanto descaro, que resulta estúpido preguntarse por qué la iglesia ha prescindido de unos intermediarios de los que no se fiarían ni sus abuelas y ha apostado por comunicarse directamente con la sociedad.

Ni que decir tiene que los izquierdistas y los anticlericales menosprecian a la Iglesia tan sólo cuando las posiciones morales de ésta les son desfavorables. (Lo cual ocurre casi siempre, dicho sea de paso.) Sin embargo, es difícil escucharlos quejarse en las ocasiones en que el Vaticano se opone a una guerra en ciernes, como por ejemplo la de Irak en su momento, y, por supuesto, al capitalismo salvaje. Cuando el Papa habla, El País y sus pares sacan los utensilios de corta, pega y deforma y se aplican concienzudamente a retorcer los argumentos del Sumo Pontífice hasta que el mensaje se vuelve tan hostil y extravagante que incluso no pocos católicos caen víctimas de la confusión.

Por otro lado, los izquierdistas anticatólicos siempre han apostado fuerte por reducir la imagen de la Iglesia a la de una institución anacrónica e insensata que mejor haría en recluirse en los templos para celebrar sus arcaicos rituales. Pero, ¿acaso la responsabilidad de la Iglesia no es también terrenal, no hunde sus raíces en el subsuelo de toda la sociedad, no contribuye generosamente a ayudar a los más desfavorecidos? ¿Habría de renunciar también a eso? ¿Y no es cierto que la Iglesia está formada por hombres de carne y hueso, ciudadanos con los mismos derechos civiles que los directores de los periódicos, los redactores y los reporteros que visitan los burdeles de Roma y desde ahí remiten sus artículos sobre los manejos vaticanos? Si la Iglesia se aparta de la sociedad, es acusada de distante e incapaz de comprender las tribulaciones de la vida moderna; pero si trata de formar parte de la vida cotidiana de los ciudadanos, ¡entonces se entromete, interfiere, abandona su oscura función y se comporta como una onerosa vecina cotilla! ¡Iglesia, reconstrúyete! ¡Santidad, actualícese a los tiempos: promocione el aborto, la eutanasia, las conversiones masivas al islamismo! Con todo respeto, Santidad, ¡esfúmese! Tal y como están las cosas, es un verdadero regalo del cielo que la infinitamente oprobiada Madre de Occidente siga preocupándose por su rebaño. Incluyendo a las ovejas descarriadas.

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Posdata: Ernesto Ekaiser: Las soflamas de la COPE son mil veces más peligrosas e incendiarias que las escenas de quema de banderas. Hoy en el debate de la Campoy.

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Publicado el miércoles 26 de septiembre de 2007 a las 14:20 || Permalink

Post de relleno: La fiesta de El Público

Mi madre me acusa de comer como un «desesperado», y aunque debo reconocer que tengo una faceta bestia que ahora me hace inclinar la cabeza con las mejillas arreboladas a causa de la vergüenza, he de decir también, en mi descargo, que la situación política española va a volverme solo. ¿Qué puedo hacer, si soy un hombre sensible?

Por si no fuera suficiente el estado de confusión generalizada que se ha impuesto en España --en realidad, en todo el Occidente cristiano--, sale hoy a la calle un nuevo periódico de extrema izquierda. Lo dirige Ignacio Escolar, de la estirpe de Escolar, sí, ése, el bloguero al que linkan todos los blogoprogres necesitados de un falso mesías al que rendir culto, y apostó por la polémica y la zafiedad desde el primer momento. Y es que una mujer de edad madura vestida con una camiseta que rezaba Fuck Bush --«invita a Bush a un helado», de fuck, invitar a comer helado-- estaba llamada a reclamar toda nuestra atención. Está bien saber desde el principio lo que podemos esperar de ese periódico: recetas coleccionables para elaborar en casa nuestros propios helados.

Los propietarios del asunto celebraron anoche una súper fiesta a la que asistió lo más granado de la política española, desde la vicepresidenta del gobierno, quien acudió sin su marido y vestida con un traje de Ágata Ruiz de la Prada en forma de cucurucho de chocolate, hasta Pedro Z. Glamour, incansable combatiente por los derechos de los homosexuales con tangas de cuero durante las manifas del orgullo gay. También se dejaron ver por aquel macro cuarto oscuro, por eso de que había poca luz y menos dignidad, el ministro de justicia, la chica de educación, el muchachote del tema cultural y el chaval de los recados de la comunicación, Moraleda. El bando conservador tuvo el rostro de Zaplana, tostado y vacilón, como es él.

Adjunto foto de Pedro Z. Glamour con una miniatura de una fiesta agrícola previa. Creo que celebraban la cosecha anual del pepino.

Pedro Glamour, del Partido Zerolista Obrero Español (PZOE), causó sensación en la fiesta de inauguración de El Público celebrada anoche.

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Publicado el martes 25 de septiembre de 2007 a las 14:50 || Permalink

Diversidad de opiniones

Tenía intención de darme un respiro después de escribir tres reseñas literarias para mi otro blog, CabezaBorradora.info, y dejar Neoconservador al habla sin actualizar por un día, pero hace unos veinticinco minutos cometí la imprudencia de encender el televisor y poner el canal CUATRO, y claro, se han soliviantado mis nervios. El debate socialista de Concha Socialista Campoy contaba hoy con la presencia de Ernesto Ekaiser, ese tipo barbudo de dulzona voz hispana habituado a impartir lecciones de insensatez con una desvergüenza que solo podía ser importada. Lo siento, lo siento, era broma; ni siquiera sé si Ekaiser es en efecto oriundo de ultramar, o si fuimos nosotros, los propios españoles, quienes tuvimos el acierto de traerlo al mundo y la falta de lucidez de permitirle quedarse. A su derecha, vistos desde el frente con las mandíbulas apretadas y expresión de zozobra, crecía, así como tuberculosamente [de tubérculo], María Antonia Iglesias, quien unos días atrás entrevistaba a Pujol y le interpelaba: «Usted, que es todavía joven para...». Que a Pujol habrían de ponerle un baberito es cosa cierta, pero por distintos motivos a los que sostenía la Iglesias. Hoy la moza, quien resulta demasiado grotesca como para burlarme de ella sin sentirme culpable --aunque su servilismo socialista lo merece--, se ha limitado a reproducir el discurso anticonservador con una precisión que demuestra a las claras hasta qué punto ha perdido el sentido de la realidad y la decencia, y ha comenzado a existir exclusivamente en la burbuja virtual del socialismo prisaico, para el que ejerce el cargo de sacerdotisa pretoriana: entre la lucha de campo y la especulación ideológica más obscena.

Al otro lado, a izquierda de Concha García Socialista Campoy, permanecía elegantemente trajeado Fernando Ónega, el tipo de la moralina de Saber vivir, quien asentía como un perrito de plástico a todas las reflexiones de peluquería progre proferidas por el prosaico Ekaiser. Por último, Carlos Rodríguez Braun se mostraba, como siempre, demasiado distante, y su defensa de la derecha, si es que a aquello podía llamársele defensa de la derecha, era tan flácida que parecía gotear sobre la mesa. En fin, más de lo mismo; como las tertulias de la Campos pero moderadas por la más joven, hermosa e igualmente progre Concha García Campoy. Socialista ella.

Por cierto que hoy he visto por primera vez el anuncio televisivo del nuevo diario cómic El Público, aquél llamado a adueñarse de una porción de la audiencia de El País. Con homosexuales (como yo) dándose besitos bastante secos y una mujer de edad avanzada vestida con una camiseta que rezaba, según me pareció leer, Fuck Bush, resulta evidente que los progres de la patria tienen un nuevo césped en el que pacer. Feliz martes.

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CabezaBorradora.info

Al calor del verano, de John Katzenbach.

Mentiría si dijera que apruebo la propensión de John Katzenbach a retratar la religión como una manifestación del fanatismo humano o como una manera de apropiarse perversamente de influencia social, pero sus novelas resultan tan absorbentes mientras uno pasa las páginas que casi es posible percibir el efecto de succión.

John Katzenbach publicó su primer libro a principios de la década de 1980, época en la que trabajaba como reportero de The Miami Herald en la misma sala que el también escritor de éxito Carl Hiaasen. Se trataba de Al calor del verano, y sabiendo como sé que realizaron una adaptación cinematográfica protagonizada por Kurt Russell y que recibió una nominación a los premios Edgar, me permito suponer que la novela fue todo un éxito.

El faro, de P.D. James.

No es fácil dedicar unos pocos modestos comentarios a una novela de la británica P.D. James debido sobre todo a que prácticamente todos sus libros son perfectos ejemplos de buena literatura, de entretenimiento inquebrantable y de una solidez argumental a prueba de bombas. Ya mencioné en una entrada anterior, en relación con James, que una vez que has leído uno de sus libros puedes anticiparte con cierta facilidad a la estructura de todos los demás, pues son muchos los elementos de estilo que se repiten. Sin embargo, el grado de profundidad de todos y cada uno de sus personajes los convierte en piezas únicas, imposibles de reproducir, y por tanto cada nuevo relato es una travesía exclusiva y sorprendente. No puede decirse lo mismo de muchos autores.

Un saco de huesos, de Stephen King.

Siento un especial afecto por Un saco de huesos debido a un par de motivos: por un lado, conseguí mi ejemplar en tapa dura gracias a un concurso literario celebrado en mi instituto; supongo que el jurado, formado por el claustro de profesoras del ramo humanista, cometió un error de apreciación que a mí me benefició y me provocó el consabido subidón del triunfador y a otros debió de dejarlos sumidos en un estado de frustración que, por otro lado, yo conozco bastante bien. Por otro lado, Un saco de huesos posee uno de los crescendos dramáticos más intensos que Stephen King ha legado a la literatura de terror, lo cual no es decir poco.

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Publicado el martes 18 de septiembre de 2007 a las 13:00 || Permalink

Banderas y vida extraterrestre: una síntesis

Llevo varios días sin escribir una sola palabra para este blog, así que me siento en la obligación de presentar mis disculpas. Pero ya sabéis cómo funciona el negocio, unas veces las cosas marchan bien y las neuronas edifican magníficos palacios a base de prosaicos bastoncillos para los oídos, y otras las células nerviosas se limitan a identificar formas improbables en la geometría de las nubes y a limarse las uñas. Debo decir que tanto las uñas de mis neuronas como las de mis propias manos se encuentran perfectamente recortadas y limadas, subiendo y bajando como bailarinas de danza moderna sobre las negras piezas del teclado. Y aunque el lado oscuro de mi cerebro experimenta en este preciso instante el impulso de recrear escenas verdaderamente trágicas... mis dedos apretados contra los músculos del cuello de algún réprobo... un pequeño esfuerzo basta para liberarme de tan fantasiosa impiedad. (Nota: no me siento de muy buen humor, como podéis figuraros; a fin de cuentas, en condiciones normales yo nunca optaría por una forma de asesinato que requiriese ese tipo de contacto íntimo.)

Supongo que con el párrafo previo he roto el hielo, y en lo sucesivo podré flirtear sin pudor con los obscenos asuntos que tanto los políticos como la necedad generalizada en España han impuesto en nuestras vidas. Pensándolo bien, se pronuncia tanto la frase «esto sólo pasa aquí», casi siempre en referencia al país de la piel de toro, que la engañosa frasecilla ha perdido todo su significado. Suena casi tan flácida e irrelevante como el «buenos días» que le dedicamos cada mañana a la vecina cascarrabias y lesbiana del piso de abajo. (De hecho ya no; la mujer de piel tostada y cabello corto al estilo concejal etarra quedó atrás hace años, como mis compañeros de apartamento, las vacías frustraciones que festonearon mi vida durante aquella época y todo lo demás.) Sin embargo, a pesar de la tendencia española a degradar la patria al nivel de una cucaracha particularmente repulsiva, quizás haya algo de cierto en ella, pues ¿acaso existe algo parecido a Zapatero en alguna otra nación del planeta? ¿La misma vaciedad revestida de buenismo, la misma egoísta terquedad con traje y corbata, la misma capacidad de superar una y otra vez los excesos de la propia insensatez? Zapatero, como todo lo peor, no tiene parangón; ni siquiera un Pepe Blanco plantado, regado y recolectado como una hortaliza rechoncha y fea, y finalmente colocado en la casa presidencial de alguna republica bananera caribeña, lograría las mismas proezas de inversión moral y mezquindad que Zapo se cuelga de la solapa de la americana como condecoraciones de guerra. De una guerra secreta, por supuesto, nada que sus pacíficos votantes puedan echarle en cara.

El caso es que han transcurrido dos o tres semanas desde que me lamenté por primera vez de la inoperancia de los políticos respecto de los símbolos nacionales. Por supuesto, me refiero tan solo a los representantes públicos del PSOE en la arena interregional, pues Regina Otaola ofreció a sus pares un finísimo ejemplo de la valentía y, consecuentemente, la elegancia con que puede uno ejercer sus responsabilidades. Tampoco estaba pensando en los líderes separatistas, sanguijuelas amantísimas de los escudos, escudos inflamados por las fantasías tribales de sus portadores, que siempre se muestran de lo más dispuestos a enarbolar sus banderas muy por encima de las nubes, como si el escenario terrestre no fuera suficiente: y es que el necio siempre se muestra orgulloso de sus carencias. Que no suelen ser pocas, precisamente. Es fácil imaginarse una expedición extraterrestre sobrevolando las alturas siderales en sus cápsulas lenticulares y contemplando con civilizada diversión a los más tontos de entre los tontos, los ejemplares más exóticos del género tóxico español: esos alienígenas de cuerpos menudos y cabezas hinchadas --todo lo contrario que nuestros gnomos de la discordia independentista, que suelen tener más panza que cabeza--, esos alienígenas superiores, decía, podrían observar las banderas de todas las regiones con ínfulas soberanistas, y ninguna nacional.

Si sus herramientas telescópicas se encuentran lo bastante desarrolladas, y no imagino por qué no podría ser así, los aliens verían también las fotos de los Reyes de España ardiendo del revés mientras un corro de perros de presa roñosos ladraba a voz en cuello. ¡Guau, guau! Lástima que el servicio municipal de atención a los animales se mostrase tan reacio a atar a los ejemplares y encerrarlos en jaulas. Quién sabe lo que podría suceder a esos pobres animales, enfermos de rabia, tras el periodo estipulado de espera de adopción, cuando han de dejar espacio libre para los cánidos recién llegados.

Resulta muy curioso que en Estados Unidos, y a pequeña escala, sucedan cosas parecidas a las que ocurren en los rincones privilegiados de España. Es difícil figurarse a un Secretario de Justicia norteamericano mostrándose tan condescendiente con el crimen como ocurre aquí en España, pero si se escarba un poco también allí puede uno localizar algunas anécdotas tragicómicas, como ese episodio ocurrido en un instituto de Carolina del Norte donde todas las banderas han sido proscritas. Incluida la nacional. Sostienen que resultaría demasiado complicado filtrarlas una a una, es decir, determinar cuáles son bienvenidas y cuáles no. A eso lo llamo yo multiculturalismo, que es la comunión de todas las estupideces en un mismo tiempo y en un mismo espacio. (Hasta que una de ellas, con plena seguridad el islamismo, degluta a todas las demás y el planeta Tierra queda reducido finalmente a un enorme minarete desde el que cantarle alabanzas a ese tipo al que ni siquiera se puede caricaturizar. Qué hartazgo, señores: qué grima, qué hastío, qué frustración, qué repugnancia sin limites.)

SAMPSON COUNTY, N.C. – On the sixth anniversary of the Sept. 11 attacks, students at one high school were not allowed to wear clothes with an American flag.

Under a new school rule, students at Hobbton High School are not allowed to wear items with flags, from any country, including the United States.

Es una verdadera pena leer que algo así ha ocurrido en Estados Unidos. Me hago un paisaje mental, como es de suponer, del tipo de profesores que componen el claustro que ha adoptado esa estúpida decisión. Feministas radicales, a quienes podríamos definir como el bando de Las Vaginistas; multiculturalistas, fanáticos de Chomsky y nostálgicos de la revolución sexual del 69, esposos de las Vaginistas heterosexuales; profesoras feas, conservadoras en el fondo de sus seres pero incapaces de hacerse valer; iconoclastas de la enseñanza, promotores de la educación para la ciudadanía, fascistas retóricos, comunistas culturales, teóricos del porno duro, fumadores de peyote, mascahierbas... y así hasta que te echas a llorar. O puede que se trate tan sólo de una colección de esnobs cobardes, fenómeno éste que --y he albergado la siguiente sospecha desde mi adolescencia--, constituye la más grave amenaza para la integridad de Occidente. Es decir, de la Civilización más refinada y admirable que, bajo la Cruz, han conocido los tiempos.

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Publicado el miércoles 12 de septiembre de 2007 a las 1:08 || Permalink

El concepto de autoridad moral

WorldNetDaily: Kathy Griffin: 'Suck it, Jesus!':

Kathy Griffin, the star of the Bravo show 'My Life on the D-List,' used her appearance on the Emmy awards program to tell Jesus to 'suck it' and to claim full credit for the honor for herself. Griffin, at the 59th annual Creative Arts Emmy Awards held recently, was honored for having the Outstanding Reality Program, overtaking ABC's 'Extreme Makeover: Home Edition' after several attempts.

WorldNetDaily: 'Jesus' deflowers virgin sexpot in new comedy:

A new comedy spoof on the Ten Commandments portrays Jesus Christ deflowering a sexy virgin, and is raising some eyebrows in the Christian community.

Libertad Digital: El actor Joel Joan hace suyas las palabras de Xirinacs y se declara "amigo" de ETA:

El actor catalán, Joan Joel –más conocido por su papel de 'Willy' en la serie de Periodistas–ha hecho este martes suyas unas declaraciones de 2001 del ex senador independentista recientemente fallecido, Lluís Maria Xirinacs, en las que éste, en un acto por la Diada en el Fossar de les Moreres de Barcelona, se declaró 'amigo de ETA y de Herri Batasuna'.

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Publicado el lunes 10 de septiembre de 2007 a las 12:56 || Permalink

Hollywood conservador (que no se enteren), II (a)

Sigo en las mismas, incapaz de escribir esta entrada.

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No es cosa fácil mantener la calma cuando te ves rodeado por el enemigo, aun si se da la circunstancia de que dicho enemigo se encuentra a miles de kilómetros de distancia, cómodamente aposentado en su lujosa mansión de estilo mediterráneo, y las posibilidades de un encuentro entre las partes se reducen a cero. Al terminar de escribir la entrada de ayer me sentí tan cansado como un chimpancé antisistema después de una cumbre del G8, y es que todos esos representantes de la moderna izquierda exquisita, los enanos mentales del Hollywood progre, hicieron que mi cabeza oscilara como una peonza. Sin embargo, es un hecho incontrovertible que incluso en el contexto más áspero y menos propicio se desatan las leyes de la sociología, la desviación social, todo eso, y cuando los rojeras vienen a darse cuenta los conservadores han empezado a abandonar el interior de las piedras y a reclamar la posición de dignidad que en rigor les corresponde.

Por otro lado, es fácil llevarse la impresión equivocada de que todos los profesionales de la principal fábrica de sueños, decadencia y vicios del planeta son unos bésale–el–culo–a–Castro, pero como iba diciendo existen excepciones suficientes para renovar el ánimo y albergar un poco de esperanza.

No obstante, antes de continuar convendría aclarar de qué diablos estoy hablando cuando me refiero a los «conservadores». Utilizo esa nomenclatura de manera bastante flexible, pues incluyo tanto a los tradicionalistas --Mel Gibson, por ejemplo-- como a los social liberales -- Kelsey Frasier Grammer, Vg.--. No negaré que los segundos me dejan un poco tibio, mas sé muy bien que no pueden pedírsele peras al olmo, y mientras conseguimos causar mella en las inclinaciones pseudo progresistas de los cocainómanos profesionales de la meca del cine (¡qué expresión tan apropiada!), más nos vale hacer de tripas corazón y enrolarnos en un ejército formado por los soldados más variopintos.

Bien, el célebre director de cine Oliver Stone, quien a lo largo de su carrera ha transmitido a medio mundo mensajes trucados sobre asuntos tan dispares como el asesinato del lascivo presidente John Fitzgerald Kennedy y las Cruzadas, afirmó en cierta ocasión que el dictador Fidel Castro era el hombre más sabio del planeta. Mi primer pensamiento al leer aquel despropósito fue que el mencionado tirano era el mayor embaucador de la segunda mitad del siglo XX, y su doncella de cámara, Oliver Stone, una fulana con problemas de obesidad enamorada del peor de los villanos. ¡Y gracias al cielo que Stone es un pacífico budista! Tal vez haya llegado el momento de que la zorra del cubano barbudo haga las maletas y ponga rumbo al Tíbet, de donde con un poco de suerte no saldrá durante sus próximas catorce reencarnaciones. (Para un cristiano, eso significa jamás.)

Menciono este episodio porque me pareció importante subrayar que esas altas autoridades morales de Hollywood no se limitan a contar bromas obscenas, como Whoopi Goldberg, o a manifestar redundantemente su desaprobación a la Guerra de Irak, como la mayor parte de los amigos de la monja rocanrolera, sino que sumidos en un estado de profunda degradación moral, llegan a sostener necedades que causarían algo así como una leve irritación cívica de no resultar tan dramáticos.

Tal y como están las cosas, pensé que merecía la pena realizar el esfuerzo de revolver el vertedero de Hollywood en busca de alguna pieza de valor; y de este modo la luz del Sol comenzó a alumbrar a las pobres almas de los conservadores en la meca... en la meca... en la meca... en la me–me–meca del cine.

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Lo dicho, no he reunido fuerzas suficientes para continuar escribiendo. Quizás hoy tenga más suerte. Feliz semana.

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Publicado el miércoles 5 de septiembre de 2007 a las 10:45 || Permalink

Hollywood Conservador (que no se enteren), I

Hace años que me lo pregunto, como si los signos de interrogación y las letras que hay en medio estuviesen impresos en el interior de mi cráneo y un poco de luz los sacase a relucir de vez en cuando: ¿por qué los cineastas españoles odian a España, por qué son tan perversos, cínicos e hipócritas, por qué no utilizan su arte, en las contadas ocasiones en que lo tienen, para sublimar y liberarse de sus rencores? En suma, ¿por qué los cineastas españoles sucumben tan a menudo a sus tendencias rastreras? Trato de comportarme como un hombre caritativo, y en consecuencia puedo perdonarles el esnobismo de nuevo rico, sus adicciones a los estupefacientes y a los muchachitos de quince años e incluso su incapacidad de rodar una película o una serie de televisión en la que todas las mujeres no sean unas zorras, todos los hombres unos chulos y la escena central sea siempre una relación sexual. Sin embargo, cuando apartamos a un lado todos estos asuntos y ponemos sobre la mesa los valores espirituales y cívicos, me viene a la cabeza la eterna pregunta: ¿por qué son tan bastardos?

Dudo sinceramente que ningún aspirante a actor tenga la menor posibilidad de conseguir un papel en la industria cinematográfica española sin avenirse primero a fornicar con el productor y a memorizar las proclamas «anti–imperialistas», antiamericanas, anticonservadoras y demás que han hecho célebres a los enanos mentales de la kultura nacional; quiero decir que si no eres lo bastante hijo de perra, en la caverna del cine español te dan las instrucciones y la oportunidad de degradarte hasta que causes verdadero asco a cualquier ciudadano más o menos decente.

Debe de haber alguna excepción, por supuesto, como Garci, pero la minoría derechista, de existir, mantiene la boca bien cerrada, no sea que los arrojen del tren del dinero, pues bastante esfuerzo les costó subir.

La verdad es que no debería preocuparme demasiado por la miseria ética enquistada en los corazones y en los cerebros de mermelada amarga de todos esos esnobs intelectualoides, dado que el cine patrio --nunca patriota-- es lo bastante burdo como para que jamás experimente la menor tentación de echarle un vistazo, pero... bueno, entonces descubres que los cineastas de Hollywood son casi igual de bobos, y tu gozo en un pozo. Y no es que se trate de algo nuevo, pues esos infatigables consumidores de cocaína --¿qué sería de la economía boliviana sin las narices abrasadas de estos eternos aspirantes?-- han sido siempre un poco rojos, y a lo largo del siglo XX, cuando el mundo libre ponía todo su empeño en sobrevivir a la terca amenaza comunista, los guionistas y directores de cine de Hollywood se mostraban de lo más serviciales con los soviéticos. Así, entre orgía y orgía y esnifada y esnifada, cantaban sus alabanzas al glorioso imperio rojo. Sin embargo, la URSS se fue al infierno, hecho éste que nunca dejará de causarme violentas explosiones de júbilo, y los dulces marranos de la industria del cine se empeñaron en localizar a un nuevo aliado que los ayudase a autodestruirse --y con ellos, a destruir la civilización más avanzada, en los sentidos material y espiritual, que han conocido los Tiempos: Occidente--. En esa sórdida segunda película de ficciones esquizofrénicas el papel del Enemigo seguía siendo magníficamente interpretado por Estados Unidos; el aliado, por ese sofocante magma en el que flota el terrorismo islamista.

Recuerdo muy bien una significativa escena en la que la actriz Jessica Lange afirmaba, frente a una nutrida audiencia de periodistas, que se avergonzaba de ser americana debido al Gobierno de su país. Los periodistas rompieron en una salva de aplausos y silbidos, la mayor parte de ellos presumiblemente porque estaban de acuerdo con la chica en que la administración Bush era «deficiente», y supongo que la minoría confiando, como confiamos todos los machos tontos, en que un gesto tan pueril les serviría para estar un poco más cerca de la actriz. Según se dice, las chicas de la industria del entretenimiento son bastante ligeras de cascos, así que quién sabe. En todo caso lo interesante de ese episodio no era su evidente valor antropológico, sino la actitud de la cincuentona. Me avergüenzo de. Parecido a Pilar Bardem, pero sin el punto escatológico que la Bardemanifestante le imprime a todo.

El caso es que Jessica Comprometida Políticamente Lange no es ni siquiera el mejor ejemplo de estrella de Hollywood rojeras, pero me ha servido para ilustrar la camaradería de los periodistas y para mostrar la verdadera jeta de estos.

El rostro del activismo esnob en la industria del cine sita en California sigue correspondiendo a Sean Penn, y el verdadero símbolo del espíritu comprometido de semejante casta de santos impíos, aquella grotesca estampa de Penn en las calles inundadas de Nueva Orleáns con una lancha que no sabía manejar. Cuidado con la perilla, muchacho, que el agua moja; ¿y qué será entonces de la laca? Estos pollos resultarían divertidos si no constituyesen una amenaza grave y objetiva para la supervivencia del mundo occidental, pues si bien es cierto que por ellos mismos son insignificantes --¿quién se tomaría en serio a todos esos millonarios viciosos?--, en conjunto con los periodistas que les confieren un tono solemne, y gracias al acceso a nuestras casas mediante el cine y la televisión, se encuentran en posición de ejercer cierta influencia. No es el momento de entrar a discutir cómo todos esos corruptos se esfuerzan en transmitir una imagen decadente de los valores tradicionales, con la familia en cabeza, pero querría abordar el asunto en el futuro.

La cosa es que Penn y la Jessi no son los únicos progres de Hollywood, y es que las malas hierbas brotan siempre en familias de mil miembros. ¿Cómo olvidar a Tim Robbins, el gracioso gigantón con un sentido de la dignidad y del buen juicio inversamente proporcional a su tamaño? La última vez que anduvo por España se lamentó de que Gallardón aprovechara la ocasión para sacarse unas fotos con él, argumentando que el político «de derechas» había rechazado acudir a la manifestación a favor de la negociación con ETA que las cañerías del PSOE habían organizado por aquellas fechas. Lo interesante de todo este asunto es que Tim, marido de la beatísima Susan Sarandon, realizó una interpretación obscena de la política española. Gallardón no quería estar con las víctimas, a favor de la paz, afirmó Tim Robbins. Y justamente ahí radica el problema: en que todos esos místicos de purpurina se limitan a moverse por el mundo como altas autoridades morales, pero raramente se detienen a investigar en profundidad aquellos asuntos sobre los que pontifican siempre que se les presenta la ocasión. ¿Fue Kid Rock quien advirtió que ellos, las estrellas, jamás abren un periódico? Claro que si lo hacen existe un ciento por ciento de posibilidades de que se trate del New York Times, lo que en realidad empeora el problema.

Luego están todos casi todos los demás, como el elitista George Antipetrolífero Clooney, Ben Affleck y su indomable íntimo amigo, como quiera que se llame, Charlize Theron y su leyenda urbana de la falta de libertad de expresión en Estados Unidos, y la pizpireta Gwyneth Los americanos son bárbaros Paltrow, Barbra No me toques el césped Streisand, Jane Apoya al enemigo vietnamita Fonda, Whoopi Goldberg, etc.

Sobra decir que en el etcétera previo va incluida la ex familia Baldwin Bassinger, quienes afirmaron en su momento que abandonarían Estados Unidos si Bush volvía a ganar las elecciones. Y de hecho no venció, sino que se impuso tan claramente en número de votos que la mañana en que tuve conocimiento de los datos me eché a bailar frente al televisor como un auténtico chiflado. No obstante, la disquisición más reciente del especialista en moral y política internacional Alec Baldwin ha sido el apoyo prestado a Larry Craig a través de una breve columna publicada por el panfleto Huffington Post. No voy a detenerme en este asunto, bastante cansado me siento, pero permitidme añadir un par de enlaces en los que dos autores distintos responden a Baldwin, Robert Stacy McCain [recomendado] desde The American Spectator y Roger Simon desde su blog [sintético].

En fin, por hoy es todo. Mañana publicaré la segunda parte de este post, en la que discurriré un poco sobre «el otro» Hollywood. Pasad un buen día.

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En julio pasado dediqué una entrada a cierto talento del cine español. Quizá os interese: A Flahn lo ponen verde.

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Publicado el sábado 1 de septiembre de 2007 a las 9:36 || Permalink

La soledad de la Madre Teresa de Calcuta

They say people in hell suffer eternal pain because of the loss of God. ... In my soul I feel just this terrible pain of loss, of God not wanting me, of God not being God, of God not really existing. Jesus please forgive the blasphemy.

Las cartas que la Madre Teresa de Calcuta envió a lo largo de su vida a sus consejeros espirituales, y sobre las cuales impuso la condición de que fueran destruidas, han sido recopiladas y publicadas recientemente [en breve] en un polémico libro que en opinión de algunos ofrece una nueva perspectiva, maravillosa y sorprendente a un tiempo, de la intimidad más profunda de la Madre Teresa; según otros, como por ejemplo el marchante del mercado ateo Christopher Hitchens, quien imprimió su postura en las páginas de la progre Newsweek (basta leer la siguiente propaganda: «Making socialism work» sobre un favorecedor retrato de Zapatero, ¡en portada!), se preguntan cómo interpretar esto, aunque ninguna de las posibilidades que sugiere Hitchens suena demasiado benéfica: por un lado sostiene que la Iglesia ha querido sacar partido de la anciana transformándola en un objeto de consumo de masas; y por otro se inquiere si los romanos no estarán cometiendo el error de luchar contra la evidencia atea de la propia Madre Teresa de Calcuta. Bien, sería injusto omitir que Hitchens es, como mencioné líneas atrás, un beneficiario del creciente centro comercial en el que se ha convertido el ateísmo internacional, con Dawkins, Harris y demás ralea haciendo caja y carcajeándose insolentemente de la religión, a la que detestan en el mejor de los casos, y a la que consideran una bruja malévola en el peor. (Irónicamente, el hermano menor de CH, Peter, es un hombre religioso y socialconservador. Juguemos a identificar a la oveja negra de la familia.)

Las excentricidades de Ateo Hitchens han sido rebatidas elocuentemente en diversos ámbitos, aunque quizá una de las réplicas más persuasivas sea la que el teólogo Dr. Anthony Lilles ha publicado a través del blog del conservador Hugh Hewitt. Digamos que Lilles somete a Christopher Religion Sucks! Hitchens a un barrido de sopapos más bien psicológicos y sociológicos, y teológicos llegado el momento propicio. Utiliza Lilles uno de los argumentos que yo suelo emplear cuando me enfrento a los sin–Dios, y se trata de la incapacidad y la autoindulgente ofuscación manifestada por estos para comprender la fe en toda su magnitud. Por supuesto no puedo exigir a nadie que la experimente, pero sí que realice un esfuerzo para entender las dimensiones y hondura de mis motivos.

Sin embargo, no estoy seguro de que Hitchens posea la altura moral necesaria para percibir los pliegues ni las sutilezas de la fe, ni para comprender que la duda forma parte de la pasión religiosa del mismo modo que la inquietud se compromete con la búsqueda del conocimiento.

En realidad todo este asunto es irrelevante desde el punto de vista del conflicto convicción – ateísmo, y de hecho no es nada nuevo. A la Madre Teresa de Calcuta intentaron ya mancillarla con todo tipo de argucias hace tiempo: y es que su convencimiento de que el aborto es una aberración de proporciones cósmicas no es plato de buen gusto en nuestros días. Hace unos meses, tal vez un año, Baltasar Magro entrevistó a un famoso escritor que había conocido a la Madre Teresa, y se esforzó sin éxito en desatar una polémica con su invitado afirmando que, después de todo, la buena mujer cometió en su momento gravísimos errores que probablemente costaron infinidad de vidas. Afirmaba Magro que la Madre Teresa debió de aprovechar las ventajas que ofrecen los medios de comunicación de masas para hacer notar el hambre en la India. Claro que a Juan Pablo II lo tachaban de arrogante por utilizar los mass media para difundir la buena nueva de la Iglesia. Aclaraos de una vez, maldita sea.

Craig se larga.

A guisa de posdata: leo en Fox News online, vía PajamasMedia.com, y en elmundo.es que Larry Craig, el senador republicano por el Estado de Idaho al que multaron por conducta indecente en un aeropuerto de Minnesota, ha decidido darse el piro, como le exigían tanto sus compañeros de partido como sus votantes. No es oficial, pero supongo que a estas alturas su caída es inevitable. Sin embargo, hoy me he preguntado: ¿es posible que un caso de semejante magnitud pudiera ser fruto de una gran mentira a la que habríamos sucumbido incluso los conservadores? No lo afirmo, es sólo una inquietud absolutamente abstracta.

No hace mucho tiempo, Larry Craig sonreía.

Por cierto que tenía intención de escribir una entrada sobre los conservadores en la industria del cine --he pasado un rato recopilando información--, pero tal vez lo deje para mañana. Estoy un poco cansado para meter mano a un post de envergadura, y el peliagudo asunto de la Madre Teresa de Calcula se interpuso desde Christinity Today. ¡Feliz fin de semana!

Nota: ¿Norman Hsu? Generoso contribuyente de la campaña de la señora Clinton... con oscuro pasado. Mañana.

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Publicado el miércoles 29 de agosto de 2007 a las 11:00 || Permalink

¡Cierra el pico, hipócrita!

Al senador por el Estado de Idaho Larry Craig le han pillado con los pantalones bajados, o subidos, o a la altura de las rodillas, uno no puede saberlo con certeza, claro, no estaba allí, pero... amigo mío, al republicano le han condenado a pagar unos cuantos dólares por conducta indecente. Al parecer el tipo acudió a los aseos de un aeropuerto con la intención de practicar sexo casual con un desconocido, que es una expresión utilizada con frecuencia para enmascarar la promiscuidad. Bien, Craig siguió al pie de la letra el ritual de los «fornicadores causales», por así llamarlos, pero las cosas no salieron como él esperaba. Tal vez le diesen por la mismísima cueva del paraíso, si me permitís la zafiedad, pero no fue un plato de buen gusto. De eso no cabe la menoooor duda.

Cuando leí la noticia, que ha sentado a las mil maravillas a los cientos de miles de fariseos de izquierdas que pueblan la blogosfera estadounidense, me vinieron a la memoria las reuniones militantes gays a las que yo solía asistir cuando residía en la capital andaluza. Qué cosas, allí estaban todos aquellos gays balbuceando la palabra «hipocresía» en todas sus variantes cada dos o tres minutos. Lo hacían tan a menudo que llegué a preguntarme si se trataba de una apuesta secreta, o si sencillamente necesitaban pronunciar constantemente aquel sustantivo para mantener el corazón en movimiento. También es posible que trataran de convencernos a los demás de que tal institución o cual partido eran el enemigo, o puede que ellos